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domingo, 28 de marzo de 2021

La Radio de la Biblioteca

Estamos orgullosos de contar que finalmente está en el aire y con nueva web CSV Radio, la emisora on line de la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte. Todos los detalles para escucharla.


CSV Radio puede escucharse a través de www.csvradio.com.ar, la página de la Biblioteca www.carlossviamonte.com.ar y descargando la aplicación de Google Play en este enlace.

Redes sociales de la radio:

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¿Tenés ganas de hacer un programa de radio? Estamos abiertos a recibir nuevas propuestas. Si querés sumarte a nuestra programación envianos tu propuesta a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar y nos pondremos en contacto para contarte las opciones.

martes, 18 de diciembre de 2018

Resumen de la Temporada XII

Esto pasó en nuestra duodécima temporada, 2018.

  • 7 funciones
  • 7 largometrajes
  • 4 cortometrajes
  • 5 resúmenes en Súper 8
Ciclos
- Ciclo "Kazuo Kuroki: Réquiem de guerra"
- Ciclo "Konrad Wolf: la guerra y todo lo demás"
- Ciclo "Musicales en Súper 8"

Proyecciones en 16mm
Crin blanca, de Albert Lamorisse
Estrellas, de Konrad Wolf 
Yo tenía 19, de Konrad Wolf 
Mañana, de Kazuo Kuroki
El rostro de Jizo, de Kazuo Kuroki

Proyecciones en Súper 8
El globo Rojo, de Albert Lamorisse
Intermezzo lírico, de Charles Walters
El día que me quieras, de John Reinhardt
Lejana tierra mía (Tango Bar), de John Reinhardt
La bella durmiente, de Clyde Geronimi (Walt Disney) y Un americano en París, de Vincente Minnelli. 
Can-Can, de Walter Lang
Hasta que las nubes pasen, de Richard Whorf y Vincente Minnelli
Cantando bajo la lluvia, de Stanley Donen y Gene Kelly

Prensa
Musicales en el Diario del Diajero
Kazuo Kuroki en el Diario del Viajero.

Colaboraciones de otras organizaciones
Goethe-Institut: colaboró en los ciclos del Cineclub La Rosa.
DAC / ADF: "La imagen documental. Un encuentro para pensarla desde el rol del director de fotografía", seminario en el Centro de Extensión Profesional de Directores Argentinos Cinematográficos (DAC) organizado por la Asociación de Autores de Fotografía Cinematográfica Argentina (ADF), con la participación de Emiliano Penelas, programador del Cineclub La Rosa.
Embajada de Japón / Japan Foundation: colaboró con el ciclo dedicado a Kazuo Kuroki en el Cineclub La Rosa.
EPA Cine 2018: Emiliano Penelas, programador del Cineclub, fue jurado de la Competencia de Cortometrajes del 3° Festival Internacional de Cine Independiente de El Palomar. Además, proyectó Hermógenes Cayo y Chucalezna, de Jorge Prelorán, en 16mm. 

jueves, 16 de agosto de 2018

El Cineclube Viseu

Desde Portugal nos envían foto del hermoso Cineclube Viseu y acá recordamos la nota que nos hicieron en su revista "Argumento" hace unos años.

jueves, 5 de julio de 2018

"Mañana" en el Diario del Viajero

Como siempre, agradecemos al Diario del Viajero por la difusión de nuestras funciones, en este caso la que dará comienzo al ciclo dedicado a Kazuo Kuroki, Mañana.


miércoles, 23 de mayo de 2018

viernes, 5 de enero de 2018

Resumen de la Temporada XI

A continuación, un resumen de lo ocurrido en la undécima temporada del Cineclub La Rosa.

  • 12 funciones
  • 11 largometrajes
  • 7 cortometraje
Ciclos
- Ciclo "Berlín, ayer y hoy"
- Ciclo "Junio: Herzog"
- Ciclo "Alexander Kluge, arqueólogo y visionario"
- Ciclo "Caligari y Mabuse, doctores" 
 
Presentaciones especiales
- Estrellas, de Konrad Wolf.
- "Chaplin en fílmico"
- Céleste, de Percy Adlon. A 95 años de la muerte de Proust

Invitados
Geraldine Salles Kobilanski, presentó Aguirre, la ira de Dios, de Werner Herzog

Proyecciones en 16mm
Gente en domingo, de Robert Siodmak, Edgar G. Ulmer, Curt Siodmak y Fred Zinnemann.  
La vida en obras, de Wolfgang Becker.
Estrellas, de Konrad Wolf.
Fata Morgana, de Werner Herzog.  
Aguirre, la ira de Dios, de Werner Herzog.
Trabajo ocasional de una esclava, de Alexander Kluge.
El poder de los sentimientos, de Alexander Kluge. 
El ataque del presente al resto del tiempo, de Alexander Kluge.  
El gabinete del Dr. Caligari, de Robert Wiene.
El testamento del Dr. Mabuse, de Fritz Lang.
Céleste, de Percy Adlon.

Proyecciones en Súper 8
Cortometrajes de Chaplin

Prensa
Banco de experiencias CONABIP 
Cineclub La Rosa: Nota en Radio Untref
Cineclub La Rosa: Kluge en el Diario del Viajero.

Colaboraciones de otras organizaciones
Goethe-Institut: colaboró en los ciclos del Cineclub La Rosa.
Encuentro en EPA Cine: Emiliano Penelas, programador del Cineclub La Rosa, participó de la charla sobre "Pantallas Emergentes" organizada por el Festival EPA Cine, en La Paternal.
EPA Cine: El Cineclub La Rosa, representado por su programador, Emiliano Penelas, en el 2° Festival de Cine Independiente de El Palomar - EPA Cine, con una proyección de cortos en fílmico con música en vivo. Auditorio UNTREF, Caseros.
Festival de Mar del Plata: el Cineclub La Rosa colaboró con su proyector 16mm.

Resumen de la Temporada X

viernes, 11 de agosto de 2017

domingo, 16 de abril de 2017

Banco de experiencias - CONABIP

La CONABIP ha inaugurado una sección en su página llamada "Banco de Experiencias". La primera de ellas es un comentario sobre el Cineclub La Rosa, y desde allí también puede descargarse un PDF con la historia y fotos de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.

Foto: Javier González Toledo / CONABIP

Cineclub La Rosa
Biblioteca: BP4207
Fecha de la experiencia: Miércoles, 28 Diciembre, 2016

A tres cuadras de la biblioteca popular el crítico e investigador de cine Pablo de Vita se comunicaba con Emiliano Penelas, presidente de la Biblioteca Popular Sánchez Viamonte, para confirmar que ni bien bajara un poco la inundación iría a presentar la película programada.

Emiliano que además de documentalista y director de fotografía, es el programador del Cineclub La Rosa, también estaba a pocos metros de la biblioteca sin poder sortear el cauce. Pero en su interior sabía que no hay tormenta que pueda llevarse así nomás su pasión por el cine y no se imaginaba suspendiendo la proyección. Cuando pudo llegar, el patio entoldado donde funciona el cineclub estaba enchastrado: el torrente había ingresado con hojas y desechos urbanos. La película pautada, París Tombuctú de Luis García Berlanga, debía comenzar a las ocho, pero a esa hora los asistentes que fueron llegando tomaron los secadores para escurrir el piso de damero. Entre todos acondicionaron el lugar y una vez ordenado, Emiliano se dispuso a colocar el proyector. Finalmente Pablo de Vita presentó el film con solo 40 minutos de retraso. Bajo el repiqueteo de la lluvia y el rumor del proyector los rayos emergieron de la lente y cruzaron la sala a la velocidad de la luz: la magia del cine se actualizaba una vez más. Así funcionan las cosas en un cineclub y es el esfuerzo que hacen los que aman el cine lo que motoriza todo el engranaje: programar, conseguir películas, difundir, proyectar e intentar recaudar algo para volver a empezar con otra programación. Y así también funcionan las cosas en una biblioteca popular, como engranajes silenciosos movidos por la voluntad de hacer, de crecer.

Para ver la Biografía de esta Biblioteca Popular hacer clic aquí

jueves, 23 de marzo de 2017

El Cineclub en la radio Untref

Este jueves a las 11, Emiliano Penelas, programador del Cineclub La Rosa, estará el "Somos de acá", por , hablando sobre la programación y el recorrido de nuestro espacio. Para escucharlo: o a través de la aplicación de Tunein como Estación Untref.


martes, 27 de diciembre de 2016

Resumen de la Temporada X

A continuación, un resumen de lo ocurrido en la décima temporada del Cineclub La Rosa.


  • 11 funciones
  • 10 largometrajes
  • 3 cortometraje
Ciclos

- Ciclo "Agnès Varda, la espigadora"
- Ciclo "Ciudadano Wenders"
- Ciclo "Doris Dörrie"
- Ciclo "Wenders Japón"

Presentaciones especiales
- Homenaje a Abbas Kiarostami
- Buster Keaton con música en vivo

Invitados
Juan Ninotti, piano en Sherlock Jr.

Proyecciones en 16mm
Tokio-ga, de Win Wenders (dos funciones)
Apuntes sobre ciudades y vestimentas, de Win Wenders
Sabiduría garantizada, de Doris Dörrie
¿Soy linda?, de Doris Dörrie
Historia de Lisboa, de Win Wenders
Alicia en las ciudades, de Win Wenders
Slingshot 6 7/8, cortometraje de Walter Lantz, Don Patterson y Paul J. Smith.
La gran migración, cortometraje de Bohumil Šejda.

Proyecciones en 8mm
Sherlock Jr., de Buster Keaton

Prensa
Nota en ANCCOM: "Cine bueno y barato"
Nota en el Diario del Viajero.

Colaboraciones de otras organizaciones
Goethe-Institut: colaboró en los ciclos del Cineclub La Rosa.

jueves, 5 de mayo de 2016

Cine bueno y barato

La Ciudad de Buenos Aires aloja diversos cineclubes para ver películas por fuera del circuito habitual. ANCCOM recorrió los principales espacios y descubrió que existe el cine más allá del pochoclo.


El escenario se acomoda para la ocasión: bibliotecas, librerías, escuelas, museos e incluso viejas o modernas casonas se acondicionan con pocos recursos para recibir, de manera gratuita o a bajo costo, a los cinéfilos. Con el objetivo que la experiencia de ver películas en pantalla grande no se restrinja sólo a los tanques cinematográficos, existe un circuito de exhibición alternativo de ficciones y documentales que no se proyectan con frecuencia.

La cartelera que no se ve
“El cine comercial pasa la película que le ofrece un distribuidor con la que piensa que va a hacer dinero. Si la película cumple con las necesidades comerciales de la sala o del distribuidor, continúa; y si no cumple, se la baja y viene otra. El cineclubista quiere que vaya público porque está convencido de que es bueno lo que proyecta; partimos de un impulso individual que nos motiva a ver películas en pantalla grande y en determinado formato”, señala el cineclubista Emiliano Penelas.

Penelas reparte su tiempo entre la docencia y la organización de dos cineclubes. El primero de ellos funciona en el Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, ubicado en Austria 2154, donde antes se redactaba el diario socialista “La Vanguardia”. El Cineclub La Rosa, tal es su nombre, se apresta para inaugurar en abril su “décima temporada”, como la define su presidente fundador.

La Rosa se destaca por armar ciclos que están dedicados a autores consagrados a los que conviene revisitar. También difunde las obras de realizadores contemporáneos que no han tenido la recepción que se merecen. La belga Agnès Varda, el prolífico Werner Herzog y el documentalista Jorge Prelorán son algunos de los directores que integran los ciclos de La Rosa, cuyas funciones -proyecciones en 8 y 16 milímetros- son los miércoles a las 20.

La entrada es libre y se paga solo a voluntad, porque –para Penelas- una de las características del cineclubismo es la gratuidad. “Solo colocamos una urnita con la que invitamos a la gente a colaborar. Lo recaudado lo usamos para difundirnos y mejorar la experiencia de cada función: por ejemplo, ofrecemos programas con información de lo que se va a ver, con la ficha técnica de la película y el número de función. El programa también es parte de la historia de los cineclubes”, explica Penelas.

A él le corresponde también programar, hace nueve años, las películas que se presentan en la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA, por sus siglas en ingñés) los primeros y terceros miércoles de cada mes a las 20. Se trata de una iniciativa sin fines de lucro en su histórica sede de Reconquista 439.

Todos los años inician su programación con Alfred Hitchcock pero nunca faltan los ciclos de humor, con Buster Keaton a la cabeza. Como explica Penelas, su programación no se ciñe a ningún tipo de atadura institucional: “Hemos llegado a pasar películas de Luis Buñuel y Luis García Berlanga”, directores españoles cuya obra tiene un fuerte contenido anticlerical.

El Cineclub Dynamo también es parte de esta propuesta cultural distinta y se caracteriza por proyectar material exclusivamente en fílmico de 16 milímetros. Esta aventura nació en Mar del Plata hace doce años por iniciativa de su administrador, Carlos Müller. Realizaba funciones en distintas sedes para el público marplatense y para el de la ciudad de Buenos Aires hasta que en 2005 se afincó en San Telmo. Desde entonces, las proyecciones se efectúan en la Librería La Libre (Bolívar 646), con entrada gratuita y colaboración voluntaria, todos los miércoles a las 21, y en la residencia de arte Monte Estudios (Defensa 1008), a la que se accede por un costo de 40 pesos los viernes a las 21. El público es tan amplio como las cualidades de las obras que se proyectan. Asisten jóvenes y mayores, aficionados y estudiantes de cine, públicos casuales, vecinos del lugar e, incluso, personas que no viven cerca.

También para chicos
Una excepción la constituye la iniciativa Linterna Mágica, surgida en Suiza durante los noventa. Se trata de un cineclub para chicos de 6 a 12 años y se accede con una membresía de 650 pesos por las nueve funciones del año. A cada niño se le envía una revista con información que les servirá a los coordinadores para articular, junto a otras expresiones artísticas, conceptos centrales de películas de distintas épocas. Así, antes de la proyección, cada función incluye una presentación, un sketch cómico y una obra de teatro en las que se trabaja sobre una emoción en particular (risa, miedo, llanto y sueño).

Ilan Branderburg, su director, comenta que también existe el Plan de Membresías Solidarias para niños de Hogares de la Ciudad, al cual pudieron acceder unos 200 jóvenes desde su aparición en 2008. Estas becas han sido financiadas por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, por empresas privadas y por particulares que han apadrinado a un niño.

Los cineclubes no suelen recibir la visita de un público apático, que finalizada la película se retira sin pedir algo más. “Mucha gente encuentra en estos espacios no solo un lugar de esparcimiento sino también de encuentro; ese es su plus”, afirma Müller. “El cineclubismo se presta siempre para ese diálogo después de la película. Por eso no busco que esto sea un lugar para entendidos, sino prefiero que se entienda que toda opinión es bienvenida”, explica este cinéfilo que está realizando un largometraje sobre la historia de un corto recientemente hallado por él: “San Perón”.

En el mismo sentido apunta Penelas: “Entendemos el cineclubismo con la charla posterior, con la crítica, con el ensayo, tratamos de que se hagan asociaciones entre las películas, por eso hacemos ciclos”. Asimismo añade: “Incluso hemos tenido la participación de los realizadores para que charlen con el público, para que se rompa la barrera entre el realizador y la persona que ve su obra”.

En tanto, la difusión “de boca a oreja” suele ser la punta de lanza de la repercusión de estos proyectos. También los afiches, los volantes y, sobre todo, las redes sociales son fundamentales para que los vecinos de la ciudad conozcan un cine distinto al “pochoclero” que suelen ver en las salas de los shoppings.

“Íbamos a pasar Con ánimo de amar, de Wong Kar-Wai, y eso se difundió en un grupo de Facebook de solos y solas. Cuando llegué había más de cincuenta personas; tuvimos que traer con el bibliotecario las sillas de la sala de lectura; y para mí eso es una gran alegría porque estamos convencidos de que lo que pasamos es bueno y puede gustar”, cuenta Penelas.

Del comedor al Microcentro
Buenos Aires Mon Amour (BAMA) parece el sueño hecho realidad de muchos cinéfilos. Nació en diciembre de 2007 en el living comedor del departamento de su fundador y actual director Guillermo Cisterna Mansilla.

Cisterna Mansilla sabe de la importancia de los cineclubes: “Son necesarios para poder formar espectadores, debatir, intercambiar miradas y ver material que en las salas comerciales no tienen lugar”, afirma. Pero también destaca que las salas comerciales “son necesarias para que exista el sostén de una industria”.

Uno de los desafíos que se ha propuesto BAMA es “devolverle al cine-arte el público joven, y creo que lo estamos consiguiendo”, señala su director, y agrega: “Eso implica trabajar mucho buscando material, más allá de los estrenos semanales de los distribuidores locales, que salen en varias salas al mismo tiempo. Pretendo de BAMA esa sala de cine que había desaparecido y que Buenos Aires, hace más de 40 años, supo tener”.

BAMA funciona en Avenida Presidente Roque Sáenz Peña 1145 -en el ex Arteplex Centro-, posee una cartelera de cine alternativo y entradas a entre 50 y 65 pesos, precios por debajo de la mitad que los que maneja la mayoría de las salas comerciales. El proyecto se financia con sus propios recursos, “sin subsidios ni sponsors de nadie, al contrario de lo que muchos creen”, subraya Cisterna Mansilla.

Más allá de la tevé
Fernando Martín Peña es docente, coleccionista y presentador del programa de la TV Pública “Filmoteca”, el cual desde 2006 se dedica a la difusión de películas. Según comenta, este programa televisivo es fruto de “una larga experiencia en diversos cineclubes y nació con un criterio amplio”. Ocho años después, comienza “Filmoteca en Vivo” con la idea de “devolver el programa a su ámbito natural, que es la sala con público en vivo”, destaca Peña. Las funciones se realizan en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC), en su sede de Moreno 1199, establecimiento que depende del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA).

La programación está a cargo de Peña cuyo criterio busca ser amplio, de modo de atraer a la mayor cantidad de espectadores posible. “En general me muevo por fuera del canon, porque hoy los clásicos de la historia del cine son muy accesibles, así que me parece mejor hacer que se vean materiales menos obvios”, explica Peña.

Respecto de la importancia de proyectar en formato fílmico, detalló: “Pasamos exclusivamente fílmico porque lo digital es algo que hoy cualquiera puede ver en su casa. El fílmico tiene otra textura, otra calidez, y cada vez está más relegado, así que me parece importante recuperar una forma de ver el cine que se extingue y que es comunitaria, social”.

Orlando Narváez es administrativo en el Departamento de Alumnos de la ENERC y contribuye en la preparación de las funciones de “Filmoteca en Vivo”. “Cuando entré a trabajar en la Escuela era un lugar muy cerrado, pero desde que está a cargo de Pablo Rovito (n. del r.: Coordinador de la ENERC) se empezó a abrir a la comunidad. Por eso invito a que la gente se acerque y a que se anime a entrar, porque la ENERC ha dejado de ser un lugar solo para estudiantes, y va a encontrar mucha gente macanuda”, afirma.

Las funciones de “Filmoteca en Vivo” se realizan los viernes a las 23, los sábados a las 19 y 21, y los domingos a las 17, 19 y 21. La sala de la ENERC tiene espacio para albergar a un centenar espectadores. Los films mudos suelen estar acompañados por la música en vivo a cargo de Fernando Kabusacki y Matías Mango.

Feos, sucios y malos de Ettore Scola, Drácula interpretado por Bela Lugosi, Metrópolis de Fritz Lang, La condición humana, largometraje de Masaki Kobayashi, que tiene más de nueve horas de duración y que se proyectó sin interludios, integran algunos de los títulos de este espacio. Con estos films “la gente salía emocionada como no había visto nunca”, recuerda Narváez.

Otras pantallas
Los puntos de encuentro para disfrutar de grandes obras del celuloide se diversifican. Otros escenarios a los que se puede ingresar gratis o a bajo precio en la Ciudad son:
Instituto Goethe (Avenida Corrientes 343)
Alianza Francesa (sede Avenida Córdoba 946)
Centro Cultural Ricardo Rojas (Avenida Corrientes 2038)
Museo del Cine “Pablo Ducrós Hicken” (Agustín R. Caffarena 51)
Cine Gaumont
Cineclub ECO (Avenida Corrientes 4940)
Cineclub Pasaje 17 (Bartolomé Mitre 1553)
Cineclub Archibrazo (Mario Bravo 441)
Cineclub TEA (Aráoz 1460)

Aunque su época de esplendor, durante los años cincuenta y sesenta, haya quedado lejos, desde que el realizador León Klimovsky organizara las primeras exhibiciones en la ciudad entre 1927 y 1928, el cineclub sigue rodando su propia historia. Para disfrutar en familia o con amigos, para poder conocer nuevas personas, o, simplemente, para romper con el tedio individual, los cineclubes continúan siendo un buen espacio de esparcimiento colectivo a bajo costo.

Escrito por Leandro Rojas Soto // Fotos de: Andrés Wittib
ANCCOM, Agencia de Noticias de Ciencias de la Comunicación, UBA

sábado, 11 de abril de 2015

Gustavo Pérez y aquella fotografía

Había capturado en sus épocas de estudiante una imagen que impresionó al cineasta Jorge Prelorán. Fue el origen de Los hijos de Zerda, film que hoy figura entre los mejores documentales del cine antropológico argentino. 


El contador público Gustavo Pérez, coterráneo a quien despedimos en el curso de esta semana, hizo su carrera universitaria en la vecina provincia de La Pampa. Dos circunstancias irrepetibles hicieron de aquellos años un tiempo mítico: en una provincia que había dejado de ser territorio pocas décadas atrás,la Universidad y lo que ella generó con la confluencia de jóvenes de toda la región fue un asunto novedoso, que despertó simpatías en el conjunto de la sociedad que todavía guardaba improntas de una vida pueblerina. Los años 60 latían al compás de un tiempo político vertiginoso, cargado de esperanzas. Así, estudiantina, ideario, militancia y memorables guitarreadas fueron el caldero de un anecdotario que aún se evoca.

Gustavo Pérez, como muchos jóvenes provenientes de ésta y otras ciudades del oeste, fue parte de esa bohemia ruidosa que dejó huellas imborrables en tantos pampeanos. Es así que su nombre, como el de uno de sus hermanos que todavía reside en aquella provincia, aún permanece ligado a los recuerdos más gratos que signaron una época de la vida pampeana, que, años después, acabó trágicamente con la llegada de la última dictadura militar.

UNA FOTOGRAFÍA
Es probable que muchos no recuerden que el nombre de Gustavo Pérez quedó vinculado al origen de un film del desaparecido cineasta Jorge Prelorán, hasta el presente considerado uno de los más relevantes del documentalismo argentino, pieza inevitable de estudio en muchas facultades de cine y material de consulta entre etnógrafos y antropólogos.

Aficionado a la fotografía, Gustavo capturó una imagen que sorprendió a los pampeanos. Un retrato de gran impacto. En él, la mirada de los hijos de un hachero parecía agujerear el papel. Con una expresividad brutal, esas miradas denunciaban una vida cercana pero ignorada por la mayoría de los habitantes de Santa Rosa. A sólo80 kilómetrosde la capital provincial, así pasaban sus días los hacheros del caldén. La imagen mereció la atención de los pampeanos y tuvo su período de exaltación. Tanto que quienes regenteaban una peña folklórica llamada el “El temple del diablo” hicieron de ella una gigantografía para perpetuarla en una pared.

El cineasta Prelorán, que se hallaba en La Pampa realizando otro de sus famosos documentales, Cochengo Miranda, una noche, fue llevado por amigos hasta la peña. Y quedó prendado por aquellos rostros infantiles que había capturado la cámara de Gustavo. Entonces pidió conocer a los protagonistas. Días más tarde, fue llevado hasta el paraje rural. Así, decidió hacer un film acerca del hachero y su familia. El resultado fue la excelente obra Los hijos de Zerda, cuya copia original guarda el museo Smithsonian de los Estados Unidos, país donde, desgraciadamente, Prelorán terminó de compaginar y estrenó la película, ya que tuvo que alejarse de Argentina después del golpe cívico militar de 1976.

Gustavo había tomado la fotografía que terminó inspirando a Prelorán ayudado por un amigo, el hoy escritor y geógrafo Walter Cazenave, quien, entonces, era maestro en el paraje donde habitaba la familia del hachero Zerda.

Con este breve recuerdo, honramos la memoria del vecino que acaba de morir, quien sostuvo en el tiempo y a la par de su conocida actividad profesional una íntima pasión por la fotografía.

Víctor Delgado
Diario Noticias de Pehuajó

martes, 31 de marzo de 2015

Agenda La Razón

Agradecemos al diario La Razón por la destacada publicación del ciclo "Jorge Prelorán en 16mm" del Cineclub La Rosa en su agenda cultural.


Les recordamos que el ciclo continúa este miércoles 1 de abril a las 20 horas, en Austria 2154, con la proyección de Damacio Caitruz, junto al cortometraje Manos pintadas.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Cineclubes porteños, la mirada que resiste

Lejos del auge de otros tiempos pero ayudadas por la tecnología, estas pequeñas salas siguen ofreciendo alternativas a una sola forma de consumir películas.

Salas pequeñas, en un centro cultural, una biblioteca o una casona prestada. La luz del proyector, una pequeña pantalla y pocas butacas como única escenografía. Entrada a la gorra, charlas debate. Cualquiera que haya pasado por un cineclub conoce la ecuación, hecha de amor por el cine, esfuerzo desinteresado y ganas de encontrarse.

Buenos Aires está lejos de aquella época de esplendor de los cineclubes que supo vivir durante los 50 y 60. Sin embargo, el fenómeno sigue vigente y se reinventa, con las nuevas tecnologías y, particularmente, las redes sociales como recientes aliadas.

Hoy es difícil saber cuántos espacios de este tipo funcionan en la Ciudad. El vacío legal en el que están y la falta de apoyo que sufre la mayoría hacen que estén a la vista sólo de quienes saben buscar, o bien que vivan poco.

El que más perdura se llama Núcleo: empezó a proyectar en 1953, primero bajo la tutela de Salvador Sammaritano y, tras la muerte de este último en 2008, de su hijo Alejandro. Muchos directores y actores fueron y van a presentar películas. A lo largo de sus más de 60 temporadas, sumó tantos socios que ya no admite más. Funciona en el Malba y, sobre todo, en el Gaumont.

A metros de esa sala, pero al otro extremo en la línea del tiempo, está Cineclub Pasaje 17, uno de los más nuevos. Vio la luz en 2013 de la mano de Juan Herrera, quien conoce el paño: “Viví el auge de los cineclubes de los 60, pero en Francia”, cuenta.

La Rosa también es joven, pero con casi una década de trayectoria, pasó airoso por “la comezón del séptimo año” o, en palabras de Emiliano Penelas, su programador, del tercero: “Los cineclubs andan a pulmón, y a la larga uno se cansa porque demanda dinero y esfuerzo, por lo que al tercer año empiezan a decaer”. Este espacio, ubicado en una biblioteca, proyecta casi todo en el primer formato exitoso para películas amateur, 16 milímetros. “Una verdadera rareza”, resalta Penelas, quien también programa cine clásico y retrospectivas en YMCA, en funcionamiento en el segundo piso de la Asociación Cristiana de Jóvenes desde hace ocho años.

Otro ineludible es Dynamo. Con más de diez años de historia, es el refugio para los amantes de grandes directores, sobre todo franceses y alemanes. Es que, al igual que La Rosa, su programación se nutre especialmente del Institut français d’Argentine (que dispone para préstamo de 300 títulos en DVD, 20 en 35 milímetros y más por Internet) y del Goethe-Institut (800 películas), además de aportes privados y de la Filmoteca Buenos Aires. La cita es en una librería de San Telmo o en una casona del mismo barrio. “Lo que se junta a la gorra va a un fondo común para comprar pelis, proyectores o pantallas”, cuenta su administrador, Carlos Müller.

Como se ve, los cineclubes pueden aparecer en casi cualquier lugar, incluso en un consultorio, como Paradiso, que antes pasó por dos bares y un salón de fiestas. “Siempre me gustó la idea de ver una peli y compartirla”, reconoce el psicoanalista Victorio Spatz. Por eso, se asoció a la crítica Paula Vázquez Prieto y programa los domingos en una sala de espera de Balvanera.

Y aunque el lucro no es lo que mueve estos espacios, a veces los cineclubes dieron pie a un proyecto comercial, como BAMA Cine Arte, que nació como Buenos Aires Mon Amour en 2007. Primero funcionó en el living de uno de sus creadores, Guillermo Cisterna Mansilla, y luego en una sala de San Telmo sin ningún cartel, por lo que era fácil pasarse de largo si no se estaba atento. El microcine del desaparecido hotel Elevage también fue sede. Hasta que en 2013 pasó a ocupar el lugar simbólico y geográfico que tenía el Arteplex de Diagonal Norte. Y aunque el BAMA no es más un cineclub, “mantiene el espíritu original”, dice Cisterna Mansilla, que administra la ahora sala comercial junto a Carlos Affur.

“Los cineclubes ponen al público en contacto con grandes acervos cinematográficos. Y si bien no ocupan el mismo lugar que antes, mantienen una identidad y buscan persistir y reinventarse. Ahora empezaron a usar las redes sociales y eso garantiza que haya gente en la sala sin tener que anunciar la programación en los medios”, resalta el investigador Máximo Eseverri.

En tiempos en que los “tanques” cinematográficos estadounidenses copan las carteleras, los cineclubs mencionados y otros tantos cubren una demanda no menor entre los porteños que buscan alternativas. Son lugares de resistencia o, en palabras de Sammaritano, “permiten que las películas de Hollywood no se coman a las de cine arte”.

Además, como destaca Penelas, “una peli no se ve igual cuando se ve con otro”. Es decir, cuando juntarse a disfrutarla implica intereses compartidos más allá del puro entretenimiento, por más teles LCD y servicios online que haya o estén por venir.

Por Karina Niebla
Diario La Razón, miércoles 25 de marzo de 2015

sábado, 16 de noviembre de 2013

El maestro de cine

Reproducimos la entrevista a José Martínez Suárez publicada hoy en La Nación a propósito del comienzo del 28º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, con la satisfacción de que Josecito sea Socio Honorario de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte y el haber podido realizar este año un ciclo dedicado a todos sus largometrajes.


José Martínez Suárez recorre su infancia junto a las hermanas Legrand, su influencia en el Nuevo Cine Argentino y su labor al frente del Festival de Mar del Plata, que comienza hoy.

Por Hugo Beccacece | Para LA NACION

Es como si uno hablara con Funes, el memorioso, o con Wikipedia. José Martínez Suárez ("Josecito", como todos lo llaman) es un testigo excepcional de la cultura argentina y uno de los cineastas más importantes de la generación de 1960, que cambió la estética y la forma de producir en la Argentina, pero, a la vez, el espíritu de sus films (El crack, Dar la cara, Los chantas, Los muchachos de antes no usaban arsénico, Noches sin lunes ni soles) se entronca con la mejor tradición de la época dorada de la cinematografía local. Su influencia se extiende hasta la actualidad por medio de sus películas y de quienes fueron discípulos de su taller (los directores Juan José Campanella, Lucrecia Martel, Gustavo Taretto, el ensayista David Oubiña). En 2008, cuando lo nombraron presidente del Festival Internacional de Mar del Plata, dejó de dar clases para dedicarse por completo a la nueva tarea. "Dirigirlo es el mejor trabajo de mi vida porque es el más difícil. El festival debe ser una fiesta para todos. Este año, recibimos 2500 películas y seleccionamos más de 400. En la muestra oficial, hay 16, dos son argentinas, La laguna yFantasmas de la ruta." El prestigio que recuperó el festival, cuya 28° edición se inaugura esta noche, es el producto de su conocimiento, energía e imaginación.

Martínez Suárez siempre fue curioso. Todo le interesa, pero hay dos cosas que prefiere: leer y ver cine. Su autor predilecto es Jorge Luis Borges, pero no deja de mencionar a Graham Greene, Somerset Maugham, Raymond Chandler, y a una serie de autores húngaros que no son Sándor Márai. La literatura centroeuropea es una de sus debilidades. Hace unas semanas, se publicó Estoy hecho de cine, un libro de conversaciones de Martínez Suárez con Mario Gallina, que detalla las peripecias de una vida marcada por la vocación.

- La historia de su niñez y de la de sus hermanas, Mirtha y Silvia Legrand, tiene cierto parecido con Bellísima, la película de Luchino Visconti en la que una madre [Anna Magnani] lucha para convertir en estrella a su pequeña hija.
- Hay algo de eso. Mi madre hizo que estudiáramos de todo. En Rosario, yo estaba pupilo en el Colegio del Sagrado Corazón; mis hermanas, medio pupilas en el María Auxiliadora. Además, en forma privada nos enseñaban piano, inglés, francés, zapateo americano. Mis hermanas, ya en Buenos Aires, iban a tomar clases de baile con Lida Martinoli, la primera bailarina del Colón.

- Usted, pupilo de un colegio religioso, ¿cómo se convirtió en un agnóstico?
- Porque fui a un colegio religioso. [Se ríe] Nací pared por medio del cine de la Sociedad Italiana de Villa Cañás. Mi ámbito de juegos y de fantasías era el cine. Cuando "Chiquita" y "Goldie" empezaron a hacer películas, yo me convertí en el hermano más sumiso del planeta, el que siempre estaba vestido para acompañarlas, porque el acompañamiento significaba entrar en los estudios de Argentina Sono Films, San Miguel, Lumiton, Río de la Plata. En Lumiton, ayudaba un poco en todo. Un día, me llamaron de la administración. Me dieron un sobre con sesenta pesos. Me habían tomado. Con el tiempo, fui asistente de Vatteone, Lugones, Christensen, Tinayre, Borcosque, Cahen Salaverry, Demare, Torre Nilsson, qué sé yo...

- Su primera película, El crack, es de 1960. ¿Cómo llegó a la dirección?
- En 1959, los productores se dieron cuenta de que estaban pagando mucho a hombres que se limitaban a decir "Cámara" y "Corten". Apareció un grupo más joven: Manuel Antín, Osías Wilenski, Rodolfo Kuhn, Ricardo Alventosa, Enrique Dawi, Fernando Birri, David José Kohon. En esa camada, "la generación del 60", había un grupo que seguía a la nouvelle vague francesa, y otro, del que yo era parte muy activa, que estaba más cerca del neorrealismo italiano. A mí me interesaban Rossellini, De Sica, el Fellini del comienzo, Pietro Germi, Luigi Zampa, no tanto Antonioni, no tanto Visconti.

Las películas de Martínez Suárez son corales, salvo Noches sin lunas ni soles, un policial negro en el que el protagonista es claramente Alberto de Mendoza, y todos esos films, menos Los muchachos de antes no usaban arsénico, retratan o denuncian una situación social. El crack muestra la mafia que se mueve alrededor de los jóvenes deportistas. Dar la cara, con libro de David Viñas, refleja la agitación de los jóvenes de la década de 1960, que, terminado el servicio militar, deben ocupar un lugar en el mundo. Es un notable fresco social en el que se enfrentan los estudiantes de derecha (Héctor Pellegrini) y los de la izquierda nacionalista (Luis Medina Castro), los ricos aspirantes a productores de cine de vanguardia (Pablo Moret) y los trabajadores humildes y populares (Leonardo Favio). Los muchachos de antes no usaban arsénico, en cambio, es un raro y valioso ejemplo de humor negro en el cine argentino.

- Usted siempre dijo que una clave importante de su obra es la amistad. Pero también hay otra constante: todas esas historias terminan en fracaso.
- Tengo una respuesta. Un día, en mi pueblo, cuando terminó una película con el beso del muchacho a la muchacha, cuando todo el mundo sonreía, le pregunté a mi mamá: "Y a él, al día siguiente, ¿no le pueden doler las muelas?" Tenía ocho años. Otra anécdota: mucho después de hacer Dar la cara, cada tanto, nos encontrábamos con David Viñas a tomar un café. Un día, fantaseamos con hacer la continuación de aquella película: Pablo Moret, el que había querido ser productor de cine de vanguardia, producía películas pornográficas; Medina Castro, el izquierdista, trabajaba para compañías multinacionales; Leonardo Favio heredaba el quiosco de su padre, recogía el dinero y después se iba a jugarlo a las carreras de caballos.

- La música tiene un papel muy importante en sus producciones. Tuvo a Astor Piazzolla en El crack y al "Gato" Barbieri en Dar la cara.
- A Piazzolla le hablé en las escalinatas de Alex para pedirle una composición: Tzigane Tango. En Dar la cara, lo llamé al "Gato" Barbieri. En las otras películas, trabajé con Tito Ribero. Soy un apasionado de Nino Rota. Como aprendí música, trabajé muy cerca de Tito. Me gusta tener un solo tema en mis films, con distintos desarrollos: el dramático, el humorístico, el tenebroso. Nos costó bastante dar con el tema de Los muchachos de antes no usaban arsénico. Es un ritornello. En la película, hay muchos guiños. En un momento, el personaje de Mario Soffici dice: "¿Cómo se llamaba ese muchacho que trabajaba en la película de Soffici?" Es el cine dentro del cine. Siempre hay algo así en mis films. Para que el espectador se pregunte cuál es la realidad y cuál la ficción.


- Usted es un gran admirador de Borges. ¿Nunca pensó en adaptar uno de sus cuentos o en hacer un relato biográfico?
- Espere un momento [se levanta del sillón, va a la biblioteca y toma un DVD]. Esto no lo filmé yo, lo filmaron mis alumnos. Es un corto de ocho minutos. Lo podemos ver, si no lo retraso.

En el televisor de Martínez Suárez se oye la hermosa voz de María Concepción César que dice fragmentos de Atlas, de Borges y María Kodama. Los nombres de ciudades y países remotos se suceden; en la pantalla, sólo se ven sombras, manchas de colores, sobre todo amarillas y rojas. Continúa Martínez Suárez: "Quise que el espectador se sintiera incómodo por esas manchas, por tanta incógnita. Hasta que al final, el espectador debe pedir disculpas por esa incomodidad. Lo que está viendo son las manchas que podía ver Borges. Ahora me interesa una obra de Mario Diament, Cita a ciegas, inspirada en Borges. Me gustaría filmarla. Hasta hice una adaptación. Es un proyecto. ¿Cómo se puede vivir sin proyectos?".

Publicación especial
En la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, con motivo del ciclo "José Martínez Suárez: un hombre hecho de cine", editamos un cuadernillo con los aportes de artículos exclusivos para el ciclo de Mario Gallina y Rafael Valles, además del propio Martínez Suárez. Aún quedan ejemplares que pueden retirarse los días de función.

miércoles, 24 de julio de 2013

Nota en Portugal

Agradecemos a los amigos del Cineclube de Viseu, de Portugal, que nos publicaron una bella página en su revista Argumento. Para conocer más puede seguir este enlace: http://www.cineclubeviseu.pt/


martes, 28 de mayo de 2013

Entrevista en Radio Cultura

Emiliano Penelas, presidente de la Biblioteca y programador del Cineclub La Rosa, fue entrevistado en el programa "La mesa de los comunes", que se emite por Radio Cultura FM 97.9 los viernes de 20 a 22 horas. Aquí, el audio de la nota.


“La mesa de los comunes” es un semanario que mediante entrevistas y columnas de opinión, analiza los principales hechos de la actualidad de las comunas de la Ciudad de Buenos Aires desde una mirada crítica y punzante; y asimismo, no deja de lado el humor para amenizar la primera noche y establecer un lugar de interacción cómodo y fluido con su audiencia.


La conducción del programa está a cargo de Gabriel D’Angelo (periodista especializado en temas comunales), acompañado por Mariela Bosqui (periodista y locutora nacional), Angie Carnevali (periodista especializada en temas de Justicia y Derechos Humanos en el portal Noticias Urbanas) y Carlos Toppazzini (escritor y periodista especializado en Recursos Humanos y Logística). La producción general es responsabilidad de Marijó Pérez Insúa.