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sábado, 12 de junio de 2021

Cien años Berlanga

Este 12 de junio se conmemoran cien años del nacimiento de uno de los más grandes directores del cine español, Luis García Berlanga, a quien el Cineclub La Rosa le dedicó varias funciones y participó de un homenaje especial en el Festival de Mar del Plata.


Luis García Berlanga cumpliría 100 años este 12 de junio, pero los 89 que vivió le dieron tiempo de filmar un buen puñado de obras maestras como ¡Bienvenido, Mister Marshall!, Plácido, El verdugo o La vaquilla, todas proyectadas en el Cineclub La Rosa. 

Humor, acidez y ternura son parte de su cóctel, regado con actuaciones brillantes, un guión preciso y diálogos filosos, además de un manejo de cámara y un dominio del plano secuencia envidiable. 

Para celebrar su centenario, toda España se ha rendido nuevamente a sus pies rememorando sus películas, citando sus referencias, volviendo a los lugares de rodaje y preparando exposiciones con su obra y proyecciones de sus films. 

En 2011, al año de su muerte, el Festival Internacional de Mar del Plata organizó un ciclo con copias nuevas de sus películas y un homenaje que incluyó una publicación que es parte del catálogo de la Biblioteca y una mesa redonda en el Hotel Provincial de la que participaron como moderador José Martínez Suárez, presidente del Festival y socio honorario de la Biblioteca, Carlos Aristáin, amigo personal de Berlanga y colaborador en varias de sus películas, el crítico e investigador cinematográfico Pablo De Vita, y Emiliano Penelas, programador del Cineclub La Rosa y entonces presidente del Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.

Tiempo después, el propio Martínez Suárez presentaba El verdugo en nuestra sala y como una auténtica aventura berlanguiana, cuando la ciudad se inundaba proyectábamos un extra en aquel ciclo "Un enero con Berlanga": París Tombuctú, la última película del maestro presentada por De Vita.

"La única aspiración que me queda es la de ser un hombre mimado, mimado por cosas inconcretas. Un hombre que no tenga que pensar más que en recibir una serie de rayos dorados de ternura, de mimo, de luces, de impresiones, de paisajes. Impactarme, recibir y alimentarme de sensaciones de oro, esplendorosas", confesó el cineasta en el libro Berlanga, contra el poder y la gloriade Antonio Gómez Rufo.

sábado, 22 de junio de 2019

La vida útil de Jorge Jellinek

A los 62 años, este sábado 22 de junio de 2019 falleció en Montevideo el crítico cinematográfico, programador de festivales y divulgador del cine latinoamericano Jorge Jellinek.


A nadie que haya recorrido los festivales de la región le podía pasar desapercibido. Su gran tamaño, su altura, los anteojos opacos y su vozarrón eran inconfundibles. Su apretón de manos y calidez  también. Jorge era por sobre todas las cosas un bonachón. Un tipo lleno de planes, de proyectos, entusiasta del cine, apasionado.

Cuando lo vimos actuar en La vida útil (2010), de Federico Veiroj, entendimos que ese personaje era Jorge, una persona dedicada enteramente al cine, cuya forma de existir estaba vinculada a las películas, las salas y la exhibición. Que no concebía el mundo fuera de la magia que irradiaba la pantalla a 24 cuadros por segundo. Su protagónico le valió el premio al mejor actor en el BAFICI. Dos años despues volvió a actuar en El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo, coproducción hispano-argentina con José Sacristán.

Entusiasta, fundó y dirigió festivales. Justamente el comienzo del invierno lo encontraba con su fiel ladero Gustavo Iribarne y el incansable Alejandro Yamgotchian, articulando la programación de otra edición, la decimosexta, de "Piriápolis de película", uno de los festivales más hermosos y cálidos de los que tuve el gusto de participar, con el sello de Jellinek en cada paso del Hotel Argentino del balneario uruguayo.

Allí Jellinek buscaba casi en la misma medida difundir la obra de jóvenes y rememorar la de glorias pasadas, todo con la sabiduría y calidez uruguaya que hacen del reconocimiento un sincero homenaje, y no una puesta en escena del glamour. En una pequeña ciudad llegó a convocar a los más grandes nombres del Mercosur, que daban el sí ante la sola propuesta de ser convocados a participar con sus obras y acercarse al público, siempre entusiasta.

También andaba Jorge con Fernando Goldsman, otro todoterreno del cine, pensando en las muestras de Punta del Este, y no dejaba de lado su actividad en Montevideo. Viajaba a Gramado, a Mar del Plata o al BAFICI cada año. Querido en las dos orillas, se sentirá su pérdida porque perteneció al no tan numeroso grupo de imprescindibles.

Emiliano Penelas
Nido de caranchos, 22 de junio de 2019


En el Cineclub La Rosa proyectamos La vida útil en el marco del ciclo "Cinéfilos" y lo tuvimos a Jellinek, en abril de 2007, como participante de la mesa redonda "Cine Independiente del Mercosur", junto a Lorena Cancela, Julio Iammarino y David Lipszyc.

lunes, 29 de abril de 2019

Inauguran biblioteca cinéfila en Mar del Plata

Nuestro amigo Carlos Müller, responsable del Cineclub Dynamo, inaugura en Mar del Plata una biblioteca cinematográfica en un espacio ligado al socialismo de la ciudad. ¡Felicitaciones!


El Cineclub Dynamo y el Espacio Cultural Bronzini invitan a la Apertura de la Biblioteca de Cine Dynamo y la Inauguración de la Muestra de Afiches Soviéticos el próximo sábado 4 de mayo desde las 18 hs. La muestra de afiches -pertenecientes al Cineclub Dynamo- se centra en el cine soviético pero también se exhibirán afiches de gran tamaño de películas argentinas, alemanas, francesas, checas y suecas. 

Por último proyectarán El acorazado Potemkin (1925), de Sergei Eisenstein con música de Shostakóvich en copia formato 16 milímetros gracias a la Filmoteca Buenos Aires de Fernando Martín Peña.

Se trata de una apertura muy esperada porque creemos que hacía falta un espacio así. Mar del Plata es una ciudad fuertemente ligada al cine, por el Festival y por su rica tradición cinéfila. En los últimos años creció la demanda y la oferta de cursos y estudios terciarios vinculados al mundo del cine. Por eso creemos que la Biblioteca de Cine Dynamo va a brindar a estudiantes, críticos, periodistas y público en general la posibilidad de acceder a una cantidad y variedad importante de textos, afiches, fotos, diapositivas y publicaciones relacionadas a la actividad cinematográfica. La sala de lectura Rolf Rüst será un lugar de consulta y estudio que estará abierta al público para consulta y lectura en sala y también para actividades culturales y académicas.

El proyecto tomó impulso gracias a la ayuda inestimable de Andrés Cordeu, Adrián Muoyo, Lucio Ferrante e Ivana Montaño. Agradecemos enormemente la importante donación de libros, revistas y ediciones de la Biblioteca ENERC-INCAA, así como también a donantes particulares como Laura Tusi, Fredy Viaro y Mónica Ollenas.

Agradecemos el apoyo de la Fundación Teodoro Bronzini, la Biblioteca del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, la Filmoteca Buenos Aires y del Consulado Honorario de Rusia en Mar del Plata.

Cronograma
18 hs Apertura de la Muestra de Afiches Soviéticos
19 hs Inauguración de la Biblioteca de Cine Dynamo (también Cinemateca y Diapoteca) 
20 hs Cuarteto de Cuerdas interpretará canciones de compositores rusos 
21 Proyección de El Acorazado Potemkin en formato 16 milímetros, con música de Dimitri Shostakóvich

sábado, 18 de noviembre de 2017

El Cineclub La Rosa en el Festival de cine de Mar del Plata

Comenzó el 32º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y el Cineclub La Rosa estará presente colaborando con su proyector Bauer 16mm, para las funciones que se realicen en ese formato con sonido magnético. ¡A disfrutarlo!


domingo, 21 de agosto de 2016

Ayer y hoy

Emiliano Penelas, programador del Cineclub La Rosa, presentanto la función de El sabor de la cereza de este sábado y en una foto con Abbas Kiarostami, en el Festival de Cine de Mar del Plata1998.



domingo, 14 de agosto de 2016

La pasión porteña por Abbas Kiarostami

En la segunda mitad de los 90, el regreso del Festival de Cine de Mar del Plata trajo una sección fundamental: Contracampo, a cargo de Nicolás Sarquís (Palo y hueso, Facundo, la sombra del tigre). Allí se vieron películas de grandes directores que luego serían figuras fundamentales en los festivales argentinos. Por ejemplo El sabor de la cereza de Abbas Kiarostami (que murió el lunes pasado), que venía de ganar la Palma de Oro en Cannes. ¿Cine iraní? ¿Kiarostami? Poco significaban entonces esas referencias aquí. Pero había una historia y una trayectoria de riqueza por explorar.


Kiarostami era ya un cineasta consagrado en Europa cuando se estrenó El sabor de la cereza. Sin embargo, en un fenómeno similar al de los récords de espectadores para el cine de Ingmar Bergman en los 60, la ciudad convirtió ese estreno del Lorca en un fenómeno inusual. Con un lanzamiento inicial de una sola copia, la película, ayudada por una crítica unánime que la calificó de extraordinaria y señaló su estreno como un acontecimiento insoslayable, se hizo moda y expandió su alcance más allá de la cinefilia. Los 130.000 espectadores fueron récord mundial y fueron más que el promedio por copia de Titanic. Era la película que "había que ver". Tanto fue el éxito que luego se estrenó no solamente buena parte de la filmografía posterior de Kiarostami sino además cuatro de sus magníficas películas previas. Y, por un tiempo, fue normal encontrar films iraníes en la cartelera. Y el cine de ese país fue, incluso para ser despreciado con argumentos pueriles, una entidad con existencia, con visibilidad. Eso y mucho más nos trajo Kiarostami, cineasta que, como pasó con el famoso sueco, Buenos Aires supo abrazar con pasión particular.

Javier Porta Fouz
Diario La Nación, 10 de julio de 2016

martes, 3 de junio de 2014

Filmar con la paciencia del artesano

Nacido en París en 1917 con el nombre de Jean–Pierre Grumbach, Melville fue uno de los pocos cineastas reivindicados por los integrantes de la nouvelle vague. Aquí se ofrece un texto en el que explica sus métodos y su pasión por el cine.


Cambié mi nombre por pura admiración, por deseo de identificación con un autor que me llenaba más que ningún otro: Herman Melville. Mi locura por el cine empezó de verdad con la irrupción del sonoro. Yo tendría unos 15, 16 años. Empezaba el día a las nueve de la mañana, viendo una película en el cine de la Paramount, y lo terminaba de la misma manera, a las tres de la madrugada. Era una obsesión más fuerte que todo. No podía dominar el deseo de ver cine todo el tiempo, todo el tiempo, todo el tiempo.

En 1947, poco antes de realizar mi primera película, ya lo conocía todo acerca del cine. Y no me refiero solamente al aspecto técnico: me sabía los créditos de las películas de memoria. En la adolescencia me la pasaba repitiendo: “Cuando sea grande, haré películas”. Para estupefacción de todo el mundo, porque en aquella época nadie tenía vocación de cineasta. Debo haber sido el único hombre de mi generación que, antes de la guerra, decía todo el tiempo: “¡Quiero hacer películas!”.

Me han definido como “el más americano de los realizadores franceses y el más francés de los realizadores americanos”. Es una bonita frase, pero no me parece exacta. Hay gente en Francia que, por su forma de filmar, es tan americana como yo, y también hay realizadores americanos cuyas películas parecen más francesas que las mías. No se puede establecer una nacionalidad a partir de la forma de filmar. No quiero ser paradójico y decir que no me siento impresionado por el arte cinematográfico estadounidense, eso sería falso. Es cierto que mis primeras lecciones las he aprendido de sesenta y tres grandes realizadores estadounidenses que me han enseñado la profesión. Aprendí de ese cine hecho en los años ’30 y ’40, como lo aprendieron todos los cineastas de mi generación, ya fueran franceses, italianos, ingleses o japoneses. Nos encontramos frente a una gramática y una sintaxis tan bien elaboradas que no se podían inventar otras.

A pesar de ello, todas las tentativas, todas las experiencias son deseables. Es divertido ver a la gente intentando hacer un cine nuevo, queriendo revolucionar un tipo de narración que ha resistido a todo. La única cosa verdadera, importante, es que el cine vence a todo esto y siempre vuelve a sus formas clásicas. El western es el cine, es la forma más perfecta de espectáculo cinematográfico. Un buen western, en color y en scope, es algo extraordinario. Todas mis películas policiales son westerns trastrocados de ambiente. Es difícil hacer algo que no se parezca a un western.


Hacer películas comerciales no es algo deshonroso. Lo absurdo, desde mi punto de vista, es hacer películas que no encuentren el auditorio debido. Hacer películas que vendan 60.000 entradas es grotesco. Incluso si con ello nos convertimos, para los críticos, en lo máximo. Yo quiero hacer películas que gusten al público. Pero permaneciendo fiel a mí mismo, siendo lo que soy y sin hacer concesiones.

La cualidad primordial que exijo a un héroe de mis historias es que sea un personaje trágico. Quiero que esto se sepa en los primeros cinco minutos de proyección. No creo en la amistad y menos en la amistad viril entre hampones, pero me gusta reflejarla en mis películas. Así como la simpatía que tienen los hampones por los policías y los policías por los hampones. Después de todo, unos existen en relación con los otros. El vestuario del hombre tiene una importancia capital en mis películas, estoy muy ligado al fetichismo del vestuario. El vestuario de la mujer me importa menos. Cuando es preciso vestirla, la mayoría de las veces mi ayudante se ocupa de ello. Un hombre armado es casi un soldado, y por eso debe llevar uniforme. Les aseguro que esa clase de hombres tiene tendencia a usar sombrero. Además, en términos cinematográficos, un hombre que dispara con sombrero es mucho más impresionante que uno que lo hace con la cabeza descubierta. El porte del sombrero equilibra un poco el revólver en la punta de la mano.

Una escena de amor, con un hombre y una mujer en la cama, es difícil de filmar, y todas las que he visto están mal filmadas. Por eso nunca las ruedo. Me encanta el underplay, que el actor no exprese nada con su rostro. Que quede sólo el comportamiento, para que la gestión interior del personaje se explicite con algo de misterio.

Odio totalmente el mundo contemporáneo. Soy un hombre de esta época porque me sirvo de la técnica actual para mi trabajo, pero no me gusta esta época. Me divierte decir que soy de derecha, porque todo el mundo dice ser de izquierda, y eso me exaspera. Detesto seguir a la mayoría. Además no hay nada tan ridículo como declararse completamente de derecha o completamente de izquierda, porque ambas cosas son imposibles. Podría definirme como anarquista de derecha, si no fuera porque no existe una persona así.

Jean-Pierre Melville 
Extraído de Jean-Pierre Melville, volumen publicado en noviembre 2008 por el 23º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Selección, adaptación y notas de Horacio Bernades.

sábado, 16 de noviembre de 2013

El maestro de cine

Reproducimos la entrevista a José Martínez Suárez publicada hoy en La Nación a propósito del comienzo del 28º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, con la satisfacción de que Josecito sea Socio Honorario de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte y el haber podido realizar este año un ciclo dedicado a todos sus largometrajes.


José Martínez Suárez recorre su infancia junto a las hermanas Legrand, su influencia en el Nuevo Cine Argentino y su labor al frente del Festival de Mar del Plata, que comienza hoy.

Por Hugo Beccacece | Para LA NACION

Es como si uno hablara con Funes, el memorioso, o con Wikipedia. José Martínez Suárez ("Josecito", como todos lo llaman) es un testigo excepcional de la cultura argentina y uno de los cineastas más importantes de la generación de 1960, que cambió la estética y la forma de producir en la Argentina, pero, a la vez, el espíritu de sus films (El crack, Dar la cara, Los chantas, Los muchachos de antes no usaban arsénico, Noches sin lunes ni soles) se entronca con la mejor tradición de la época dorada de la cinematografía local. Su influencia se extiende hasta la actualidad por medio de sus películas y de quienes fueron discípulos de su taller (los directores Juan José Campanella, Lucrecia Martel, Gustavo Taretto, el ensayista David Oubiña). En 2008, cuando lo nombraron presidente del Festival Internacional de Mar del Plata, dejó de dar clases para dedicarse por completo a la nueva tarea. "Dirigirlo es el mejor trabajo de mi vida porque es el más difícil. El festival debe ser una fiesta para todos. Este año, recibimos 2500 películas y seleccionamos más de 400. En la muestra oficial, hay 16, dos son argentinas, La laguna yFantasmas de la ruta." El prestigio que recuperó el festival, cuya 28° edición se inaugura esta noche, es el producto de su conocimiento, energía e imaginación.

Martínez Suárez siempre fue curioso. Todo le interesa, pero hay dos cosas que prefiere: leer y ver cine. Su autor predilecto es Jorge Luis Borges, pero no deja de mencionar a Graham Greene, Somerset Maugham, Raymond Chandler, y a una serie de autores húngaros que no son Sándor Márai. La literatura centroeuropea es una de sus debilidades. Hace unas semanas, se publicó Estoy hecho de cine, un libro de conversaciones de Martínez Suárez con Mario Gallina, que detalla las peripecias de una vida marcada por la vocación.

- La historia de su niñez y de la de sus hermanas, Mirtha y Silvia Legrand, tiene cierto parecido con Bellísima, la película de Luchino Visconti en la que una madre [Anna Magnani] lucha para convertir en estrella a su pequeña hija.
- Hay algo de eso. Mi madre hizo que estudiáramos de todo. En Rosario, yo estaba pupilo en el Colegio del Sagrado Corazón; mis hermanas, medio pupilas en el María Auxiliadora. Además, en forma privada nos enseñaban piano, inglés, francés, zapateo americano. Mis hermanas, ya en Buenos Aires, iban a tomar clases de baile con Lida Martinoli, la primera bailarina del Colón.

- Usted, pupilo de un colegio religioso, ¿cómo se convirtió en un agnóstico?
- Porque fui a un colegio religioso. [Se ríe] Nací pared por medio del cine de la Sociedad Italiana de Villa Cañás. Mi ámbito de juegos y de fantasías era el cine. Cuando "Chiquita" y "Goldie" empezaron a hacer películas, yo me convertí en el hermano más sumiso del planeta, el que siempre estaba vestido para acompañarlas, porque el acompañamiento significaba entrar en los estudios de Argentina Sono Films, San Miguel, Lumiton, Río de la Plata. En Lumiton, ayudaba un poco en todo. Un día, me llamaron de la administración. Me dieron un sobre con sesenta pesos. Me habían tomado. Con el tiempo, fui asistente de Vatteone, Lugones, Christensen, Tinayre, Borcosque, Cahen Salaverry, Demare, Torre Nilsson, qué sé yo...

- Su primera película, El crack, es de 1960. ¿Cómo llegó a la dirección?
- En 1959, los productores se dieron cuenta de que estaban pagando mucho a hombres que se limitaban a decir "Cámara" y "Corten". Apareció un grupo más joven: Manuel Antín, Osías Wilenski, Rodolfo Kuhn, Ricardo Alventosa, Enrique Dawi, Fernando Birri, David José Kohon. En esa camada, "la generación del 60", había un grupo que seguía a la nouvelle vague francesa, y otro, del que yo era parte muy activa, que estaba más cerca del neorrealismo italiano. A mí me interesaban Rossellini, De Sica, el Fellini del comienzo, Pietro Germi, Luigi Zampa, no tanto Antonioni, no tanto Visconti.

Las películas de Martínez Suárez son corales, salvo Noches sin lunas ni soles, un policial negro en el que el protagonista es claramente Alberto de Mendoza, y todos esos films, menos Los muchachos de antes no usaban arsénico, retratan o denuncian una situación social. El crack muestra la mafia que se mueve alrededor de los jóvenes deportistas. Dar la cara, con libro de David Viñas, refleja la agitación de los jóvenes de la década de 1960, que, terminado el servicio militar, deben ocupar un lugar en el mundo. Es un notable fresco social en el que se enfrentan los estudiantes de derecha (Héctor Pellegrini) y los de la izquierda nacionalista (Luis Medina Castro), los ricos aspirantes a productores de cine de vanguardia (Pablo Moret) y los trabajadores humildes y populares (Leonardo Favio). Los muchachos de antes no usaban arsénico, en cambio, es un raro y valioso ejemplo de humor negro en el cine argentino.

- Usted siempre dijo que una clave importante de su obra es la amistad. Pero también hay otra constante: todas esas historias terminan en fracaso.
- Tengo una respuesta. Un día, en mi pueblo, cuando terminó una película con el beso del muchacho a la muchacha, cuando todo el mundo sonreía, le pregunté a mi mamá: "Y a él, al día siguiente, ¿no le pueden doler las muelas?" Tenía ocho años. Otra anécdota: mucho después de hacer Dar la cara, cada tanto, nos encontrábamos con David Viñas a tomar un café. Un día, fantaseamos con hacer la continuación de aquella película: Pablo Moret, el que había querido ser productor de cine de vanguardia, producía películas pornográficas; Medina Castro, el izquierdista, trabajaba para compañías multinacionales; Leonardo Favio heredaba el quiosco de su padre, recogía el dinero y después se iba a jugarlo a las carreras de caballos.

- La música tiene un papel muy importante en sus producciones. Tuvo a Astor Piazzolla en El crack y al "Gato" Barbieri en Dar la cara.
- A Piazzolla le hablé en las escalinatas de Alex para pedirle una composición: Tzigane Tango. En Dar la cara, lo llamé al "Gato" Barbieri. En las otras películas, trabajé con Tito Ribero. Soy un apasionado de Nino Rota. Como aprendí música, trabajé muy cerca de Tito. Me gusta tener un solo tema en mis films, con distintos desarrollos: el dramático, el humorístico, el tenebroso. Nos costó bastante dar con el tema de Los muchachos de antes no usaban arsénico. Es un ritornello. En la película, hay muchos guiños. En un momento, el personaje de Mario Soffici dice: "¿Cómo se llamaba ese muchacho que trabajaba en la película de Soffici?" Es el cine dentro del cine. Siempre hay algo así en mis films. Para que el espectador se pregunte cuál es la realidad y cuál la ficción.


- Usted es un gran admirador de Borges. ¿Nunca pensó en adaptar uno de sus cuentos o en hacer un relato biográfico?
- Espere un momento [se levanta del sillón, va a la biblioteca y toma un DVD]. Esto no lo filmé yo, lo filmaron mis alumnos. Es un corto de ocho minutos. Lo podemos ver, si no lo retraso.

En el televisor de Martínez Suárez se oye la hermosa voz de María Concepción César que dice fragmentos de Atlas, de Borges y María Kodama. Los nombres de ciudades y países remotos se suceden; en la pantalla, sólo se ven sombras, manchas de colores, sobre todo amarillas y rojas. Continúa Martínez Suárez: "Quise que el espectador se sintiera incómodo por esas manchas, por tanta incógnita. Hasta que al final, el espectador debe pedir disculpas por esa incomodidad. Lo que está viendo son las manchas que podía ver Borges. Ahora me interesa una obra de Mario Diament, Cita a ciegas, inspirada en Borges. Me gustaría filmarla. Hasta hice una adaptación. Es un proyecto. ¿Cómo se puede vivir sin proyectos?".

Publicación especial
En la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, con motivo del ciclo "José Martínez Suárez: un hombre hecho de cine", editamos un cuadernillo con los aportes de artículos exclusivos para el ciclo de Mario Gallina y Rafael Valles, además del propio Martínez Suárez. Aún quedan ejemplares que pueden retirarse los días de función.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Ciclo "José A. Martínez Suárez, un hombre hecho de cine"

A poco de comenzar una nueva edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata que él dirige, de cumplir sus jóvenes y vitales 88 años y de la presentación de un libro sobre su figura, damos comienzo a un ciclo en el que repasaremos todos los largometrajes de José A. Martínez Suárez, amigo del Cineclub La Rosa y Socio Honorario de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.


UN HOMBRE HECHO DE CINE
José Martínez Suárez nació en la Prov. de Santa Fe. Más exactamente, en Villa Cañás, “un pueblo agrícola-ganadero, pampa gringa e hispana”, como le gusta definirlo.

Y fue en su Villa Cañás, con la complicidad de una sala a oscuras y una pantalla blanca delante, donde el celuloide se metió en su sangre.

Los Martínez Suárez vivían enfrente de una de las tres salas cinematográficas que había en el pueblo, y ese era su ámbito preferido y natural de juegos. Una época en la que -como él mismo recuerda- las películas no se elegían. Uno iba al cine. Pero no sólo en su pueblo. En todo el país ocurría lo mismo. La gente iba al cine. Se preparaba, se vestía para ir al cine. Algo cercano a un ritual.


Ese pibe se hizo adolescente y ya en Buenos Aires, junto a su madre y sus hermanas, que hacían sus pininos como actrices, entró un día, cándido, discreto y temeroso a un estudio cinematográfico. A partir de entonces, pedía, insistía, imploraba que le permitieran acompañarlas porque eso significaba el pasaporte para poder estar en un set y ver todo por dentro.

Fue así como comenzó a oficiar de “oyente” en Lumiton. Posteriormente trabajó mucho como asistente de Mario Lugones, para continuar con otros realizadores, que como él mismo asegura “fueron maestros todos, de una u otra forma”. La sola enunciación de esos nombres hace que de ninguna manera podamos desmentirlo: Manuel Romero, Carlos Hugo Christensen, Carlos Borcosque, Daniel Tinayre, Kurt Land, Enrique Cahen Salaberry, Augusto César Vatteone, Antonio Ber Ciani, Leopoldo Torre Nilsson.

Pero José Martínez Suárez era un director predestinado. En una palabra: un director nato. Su vocación había atravesado por andariveles diversos dentro del cine pero su destino estaba signado: tenía que dirigir. Y un día irrumpió con una curiosidad:El crack, una película popular que, sin embargo, se sumergía en una realidad social que denunciaba zonas de miseria de una pasión argentina: el futbol. Vino despuésDar la cara, considerada al igual que otras expresiones surgidas para la misma época, como típicamente representativa de lo que los historiadores denominaron “Nuevo Cine Argentino”, hasta que alguien se dio cuenta de que cada tanto, inevitablemente hay un Nuevo Cine Argentino y optaron por caraturarlo como “la generación del 60”. Un movimiento que se inició con los cortometrajistas independientes de finales de los cincuenta y culminó en 1966, con el golpe de estado de ese año, que modificó las reglas del juego y puso fin a una etapa cultural, recomenzada luego bajo otro signo: el de la producción clandestina y la irrupción de nuevos realizadores.

La Generación del 60 tuvo una vida efímera, es verdad, pero dejó sentada una estética no transitada hasta allí por el cine argentino: un nuevo cauce expresivo sustentado fundamentalmente sobre el flanco crítico y la reflexión acerca de la época y sus relaciones con la gente. Y así, sin tener conciencia y junto a Manuel Antín, Lautaro Murúa, Simón Feldman, Enrique Dawi, Rodolfo Kuhn, Ricardo Alventosa y David Kohon, entre otros, José pasó a formar parte de aquel movimiento innovador.

El director siguió filmando: el episodio La salamanca de Viaje de una noche de verano (denostada por el mismo realizador, lo cual renueva inevitablemente el interés por su visión); Los chantas, donde un grupo de perdedores -muy al estilo de Los desconocidos de siempre de Mario Monicelli- prepara un gran golpe que, sin duda, terminará en fracaso; Los muchachos de antes no usaban arsénico, inevitable referencia de inquietante humor negro en el cine argentino, con un diálogo brillante y pocos medios, mucha técnica (Tito Ribero y Miguel Rodríguez incluidos) y gran imaginación. Hasta llegar a Noches sin lunas ni soles, calificada por Edgardo Cozarinsky como “El mejor film noir argentino”.

Pero José tenía “de nascencia”, como dicen en España, la certeza de que estaba ligado a un deber. Y que serían pocos los años de una vida, por larga que fuera, para cumplir con él. Ese deber era la docencia. Trabajar a diario con los jóvenes, y siempre, encendido de amor a esta profesión, seguir filmando a través de ellos. Darles no sólo formación técnica sino insuflarlos de una posición humanística. Despojarlos de la vanidad, de la envidia. Que sean buenas personas. Porque esa, en definitiva, es la función última y más elevada de un maestro. Desde que la decisión fue tomada, la docencia pasó a ser para José una forma más de dar y transmitir que de enseñar. Y para los que fuimos y somos sus alumnos, sus clases implican un pleno regocijo para el espíritu, por todo lo que sabe, por todo lo que dice, por lo que no dice, por su humor indeclinable, por sus chispeantes ocurrencias: en definitiva, por todo lo que da siempre en forma generosa y solidaria. Y dar como lo hace José Martínez Suárez no es poco en esta época de prevalencia del egoísmo y la individualidad.

En esos encuentros de vida, José se nos aparece algunas veces enigmático, otras cabrón, otras reflexivo, otras sutil, a veces incisivo, pero joven siempre. Tanto, como para asumir desde 2008 la presidencia del Festival de Mar del Plata y no para que su nombre “adorne” ese acontecimiento cinematográfico sino para erigirse en mucho más que el presidente de un Festival, es decir, para constituirse en un hombre que está en todo, arregla todo y da la cara por todo.

Un hombre joven, decíamos. Más joven que todos nosotros a la hora apasionada de la polémica (ensalsando hasta la hipérbole a esa película o denostando a aquella otra hasta el nivel más bajo, por ejemplo). Joven diciendo sus verdades, muchas veces crudas. Joven ante el esfuerzo inclaudicable del trabajo. Joven porque la suya es siempre una voz tonante denunciando injusticias. Joven, manteniendo en alto el estandarte quijotesco que lo hace luchar utópica, fervorosamente, por lo que entiende bueno, noble y justo.


José Martínez Suárez, viviendo en juventud, sigue siendo aquel muchachito de pantalones cortos que un día entró cándido, discreto y temeroso a un estudio cinematográfico. Aquel mismo que pretende seguir aprendiendo, que intenta volcar lo que sabe en los demás, y que quiere seguir estando hasta el último segundo de su vida, cerca del mundo maravilloso de las películas. Ese fue, ese es ahora y ese seguirá siendo. Nada ha cambiado.

Cierta vez vez me dijo: “Estoy hecho de cine y lo hago porque me preocupa aclararme y aclarar”. Y así transcurre su vida: aclarando, o mejor, iluminándose e iluminándonos.

Los que de alguna manera tenemos que ver con él, lo sabemos.

Mario Gallina
Especial para Cineclub La Rosa
www.mariogallina.blogspot.com.ar


Miércoles 25 de septiembre - 20:30 horas
EL CRACK
(Idem, Argentina, 1960, blanco y negro, 81 minutos)
Dirección: José Martínez Suárez.
Elenco: Jorge Salcedo, Aída Luz, Marcos Zucker, Domingo Sapelli, Carlos Rivas, Enrique Kossi, Fernando Iglesias, Osvaldo Castro, Claudia Laforgue, José Manuel Moreno, Víctor Martucci, Mirko Alvarez, Pedro Desio, José María Muñoz, Pacheco Fernández, Armando Lopardo, Pablo Cumo, André Norevó, Orlando Bohr, Francisco Martino, Paride Grandi, Antonio Pérez Tersol, Juan R. Lizzio, Antonio Salcedo, Cassandra Greys y Pipo Mancera.

El mundo del negocio turbio alrededor del fútbol, contado desde la esperanza de un juvenil que puede triunfar en Primera. En el camino del crack, nadie queda excepto de los manejos de la esperanza y expectativas que genera el muchacho. La ópera prima de Martínez Suárez, como todas sus películas, sigue teniendo plena vigencia.

Junto al cortometraje
ESTA NOCHE GRABAN LOS DIXIELANDERS
(Idem, Argentina, 1957, blanco y negro)

El grupo de jazz interpreta el tema Ain't she sweet? en un auténtico videoclip de época.


Sábado 28 de septiembre - 20 horas
Jornada "Bibliotecas a puertas abiertas"
DAR LA CARA
(Idem, Argentina, 1962, blanco y negro, 111 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Leonardo Favio, Lautaro Murúa, Nuria Torray, Luis Medina Castro, Pablo Moret, Ubaldo Martínez, Daniel de Alvarado, Raúl Parini y Dora Baret.

Tres muchachos de diversa extracción social terminan el servicio militar y deben enfrentar la compleja realidad argentina, siempre en crisis, de los años '60.


Miércoles 9 de octubre - 20:30 horas
LOS CHANTAS
(Idem, Argentina, 1975, color, 121 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez.
Elenco: Norberto Aroldi, Olinda Bozán, Alicia Bruzzo, María Concepción César, Elsa Daniel, Cacho Espíndola, Juana Hidalgo, Ángel Magaña, Lautaro Murúa, Héctor Pellegrini, Jorge Salcedo, Darío Víttori, Tincho Zabala y Ringo Bonavena.

La historia de un grupo de ladrones de gallinas siempre en la búsqueda de un golpe que los saque de perdedores. Un elenco de lujo para dieciseis personajes y un guión impecable coescrito entre Martínez Suárez y Augusto Giustozzi, "Gius".


Miércoles 23 de octubre - 20:30 horas
LOS MUCHACHOS DE ANTES NO USABAN ARSÉNICO
(Idem, Argentina, 1976, color, 90 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Narciso Ibáñez Menta, Bárbara Mujica, Mecha Ortiz, Arturo García Buhr y Mario Soffici.

Una estrella retirada, su ex administrador, su ex médico, su ex marido, y la posible venta de la casa en la que viven en el Tigre. Memorables actuaciones y un humor negro delicioso.


Miércoles 30 de octubre - 20:30 horas
NOCHES SIN LUNAS NI SOLES
(Idem, Argentina, 1984, color, 97 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Alberto de Mendoza, Luisina Brando, Lautaro Murúa, Arturo Maly, Cacho Espíndola, Boy Olmi, Guillermo Battaglia, José María Gutiérrez, Diana Ingro, Rudy Chernicoff y Eva Franco.

Excelentes actuaciones, un sólido guión y una realización magistral hacen de esta película uno de los mejores policiales del cine argentino, la última película de Martínez Suárez.

sábado, 22 de junio de 2013

La vida útil

Finalizamos el ciclo "Cinéfilos" con una función agregada de una película extraordinaria e imprescindible a la hora de hablar de la pasión por el cine: La vida útil, del uruguayo Federico Veiroj. Previo a la película proyectaremos el corto Ojos, de Pablo G. Pérez, y un corto de Jacques Cousteau en Súper 8. Todo, con entrada libre y colaboración voluntaria, en Austria 2154 el miércoles 26 de junio a las 20 horas.

Miércoles 26 de junio - 20 horas
LA VIDA ÚTIL
(Idem, Uruguay/España, 2010, blanco y negro, 67 minutos)
Dirección: Federico Veiroj.
Producción: Laura Gutman y Juan José López.
Guión: Guión: Inés Bortagaray, Gonzalo Delgado, Arauco Hernández Holz y Federico Veiroj.
Dirección de Fotografía: Arauco Hernández Holz.
Montaje: Arauco Hernández Holz y Federico Veiroj.
Dirección de arte: Emilia Carlevaro.
Música: Eduardo Fabini, Macunaima y Leo Masliah.
Elenco: Jorge Jellinek, Manuel Martínez Carril y Paola Venditto.


Jorge tiene 45 años, vive con sus padres y trabaja en una cinemateca desde hace 25 años. Desempeña tareas técnicas, de programación, y conduce un programa de radio sobre cine. La cinemateca está en una situación cada vez más crítica y Jorge, que nunca ha trabajado fuera del cine, se queda sin empleo. Jorge debe cambiar su modo de ser para adaptarse a un mundo nuevo. Quizá el cine lo ayude a sobrevivir, después de todo.


"Sin el aire apocalíptico o nostálgico de las ficciones sobre el fin del cine como lo conocemos hasta ahora, Federico Veiroj traza un recorrido donde la cinefilia no tiene la mirada anclada en el pasado, sino que se reinventa para crear un futuro posible, tal vez más próspero, pero seguro más vital. Un verdadero tour de force, libre en su absorción de elementos genéricos y sorprendente en la economía de recursos, La vida útil desafía los límites para producir nuevas formas de emoción puramente cinematográfica." (Catálogo Bafici 2011).

La película obtuvo, entre otros, el Premio Coral en el Festival de La Habana 2010, Mejor Director en Valdivia 2010 y Mejor actor (Jorge Jellinek) en el Bafici 2011.

Junto a los cortometrajes
OJOS
(Idem, Argentina, 2012, color, 6 minutos)
Dirección y guión: Pablo G. Pérez.
Dirección de Fotografía: Emiliano Penelas.
Sonido: Jorge Gentile y Gino Gelsi.
Elenco: Sebastián Edreira, Emiliano Penelas y Rubén Pérez Borau.


El mar, una tormenta de primavera, una mujer reía en la noche, un hombre la miraba. Podría haber sido una clásica historia de amor. Pero no. Se vio opacada por una insólita disputa de egos, una rebelión contra los límites, una extraña lucha por la libertad. Premio al Mejor Cortometraje en el 27º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata (2012) y Premio del público en "La noche del cortometraje 2012".


EL MUNDO SIN SOL
(Le monde sans soleil, Francia, Italia, 1964, color, 7 minutos)
Dirección: Jacques Cousteau.

El detrás de escena de la película de Jacques Cousteau (que sigue a la que en 1954 había rodado junto a Louis Malle, El mundo silencioso) en la que el célebre oceanógrafo nos muestra el fascinante mundo subamarino. Ganador del Oscar al Mejor Documental. Proyectada en formato Súper 8.

Temporada VII / Función 140
Cineclub La Rosa
Austria 2154

miércoles, 12 de junio de 2013

Donaciones del Festival de Mar del Plata

Recibimos de parte del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata dos ediciones propias correspondientes a la 27º edición, y una del Instituto de Cine Cubano, ICAIC.


El proyecto "Terciopelo azul", de Nicholas Rombes, y Carretera al infierno, la historia detrás de "Near dark", de Nicanor Loretti, fueron los dos libros editados por el 27º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata que recibimos a modo de donación.

En los próximos envíos de gacetillas del Cineclub incorporaremos el recordatorio de los días que falten hasta la realización de la edición 2013, y de forma recíproca aparecerá un enlace del Cineclub La Rosa en la nueva página del Festival.


Por último, recibimos de manos del director del Festival, José Martínez Suárez, el muy interesante ensayo Esclavos en la pantalla, de Natalie Zemon Davis, editado por el ICAIC. Los tres libros pasarán a formar parte del catálogo de la Biblioteca a la brevedad.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Charlas con maestros

Agradecemos al Festival Internacional de Cine de Mar del Plata la donación de la colección de DVDs "Charlas con maestros" de la 26º edición (2011). En ellos se incluyen las exposiciones de Alex Cox, Victor Kossakovsky, Joe Dante, Willem Dafoe y James Gunn.


Además, la presentación de los libros La memoria de tus ojos e Imágenes compartidas, la mesa en homenaje a Raymundo Gleyzer y a Luis García Berlanga, en la que participó el Presidente de nuestra Biblioteca, Emiliano Penelas.

La caja ya se encuentra catalogada en la Videoteca a disposición de los socios de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.

viernes, 27 de enero de 2012

Hasta siempre, Sr. Berlanga

Ahora sí, última función del ciclo "Un enero con Berlanga", que se proyectará, como todos sabemos, el miércoles 1 de febrero a las 20 horas. Se trata también de la última película del maestro español, París-Tombuctú, protagonizada por Michel Piccoli. Como siempre, en Austria 2154 con entrada libre y colaboración voluntaria. Presentará nuestro amigo Pablo De Vita.

Miércoles 1 de febrero - 20 horas
PARÍS-TOMBUCTÚ
(Idem, España, 1999, color, 107 minutos)
Dirección: Luis García Berlanga.
Guión: Luis García Berlanga, Jorge Berlanga, Antonio Gómez Rufo y Javier G. Amezua.
Producción: Rafael Díaz-Salgado, José Ferrándiz, Jordi García Candau y José Luis Olaizola.
Dirección de Fotografía: Hans Burmann.
Montaje: Iván Aledo.
Música: Bernardo Fuster y Javier G. Amezua.
Elenco: Michel Piccoli, Concha Velasco, Amparo Soler Leal, Javier Gurruchaga, Santiago Segura, Juan Diego, Eusebio Lázaro, Luis Ciges, Manuel Alexandre, Pepe Sancho y Cristina Collado.

Michel des Assantes (Piccoli) es un prestigioso cirujano plástico parisiense que hastiado de su estilo de vida encuentra de casualidad a un hombre que planea hacer un viaje en bicicleta desde la Ciudad Luz hasta el África. No sólo compra la bicicleta, sino que se dispone él mimso a hacer la travesía París­-Tombuctú.

Claro que nunca llegará a la "tierra prometida" porque estamos en una película de Berlanga, entonces todo el viaje terminará (y comenzará, para nosotros) en un pequeño pueblecito español en el que conviven miles de personajes histriónicos y adorables.

Última película de Luis García Berlanga, filmada a los 78 años, es también una especie de testamento en el cual quedan impresas todas las historias, personajes y momentos de sus filmes anteriores.

Presentada en el 15º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, obtuvo el premio FIPRESCI a la mejor película iberoamericana y el premio OCIC/SIGNIS. Además, Juan Diego obtuvo el Goya al Mejor actor de reparto.

Pablo De Vita
Nació en Buenos Aires, es Diseñador de Imagen y Sonido (UBA) con un Diploma Superior de Posgrado en Gestión Cultural, Patrimonio y Turismo Sustentable (Beca de Ortega y Gasset, Universidad Complutense de Madrid). Colaborador del diario La Nación (aquí reproducimos su artículo sobre Berlanga) y de las revistas Criterio, Todo es historia y Debate. Realizó un stage en el diario La Repubblica (Roma) y es corresponsal de la revista Contrastes (Valencia). Premio al Mejor Periodista de Cultura y Sociedad otorgado por la Embajada de Italia y Premio de la Muestra Binacional de Cine de Puerto Natales. Es co-autor de los libros: Plano secuencia (La Crujía); Leopoldo Torre Nilsson (Ediciones Altamira) y Los escenarios del adiós, algunos bares del cine argentino (Universidad Nacional de Mar del Plata), entre otros. Fue jurado y cubrió diversos festivales internacionales. Dictó conferencias en el Foro Cultural del Mercosur (Asunción, Paraguay), en el Instituto Niels Stensen (Florencia, Italia) y en la Escuela de Cine FAMU (Praga, República Checa). Integró el Comité Científico del 2do Congreso de la Asociación Argentina de Estudios de Cine y Audiovisual y forma parte del Consejo Directivo de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina. Es investigador del Instituto de Artes del Espectáculo de la UBA. En nuestro Cineclub presentó el año pasado Ladrones de bicicletas, de Vittorio De Sica.

Temporada VI / Función 105
Cineclub La Rosa
Austria 2154

jueves, 26 de enero de 2012

¡Lo está pidiendo!

Todos a la cárcel es la delirante película que cerrará el primer mes del año en el Cineclub La Rosa, el viernes 27 a las 20 en Austria 2154, con entrada libre y colaboración voluntaria. Pero como todos saben, ya hay una nueva función para no extrañar tanto a Berlanga.

Viernes 27 de enero - 20 horas
TODOS A LA CÁRCEL

(Idem, España, 1993, color, 99 minutos)
Dirección: Luis García Berlanga
Guión: Jorge Berlanga, Luis García Berlanga
Fotografía: Alfredo Mayo
Edición: María Elena Sáinz de Rozas, Rosario Sáinz de Rozas
Dirección de arte: Rafael Palmero
Sonido: Manuel Cora
Música: Bernardo Fuster, Luis Mendo
Producción: Pepe Ferrándiz, Fernando de Garcillán, José Luis Olaizola
Elenco: José Sazatornil, José Sacristán, Agustín González, Manuel Alexandre, Rafael Alfonso, Juan Luis Galiardo, José Luis López Vázquez, Agustín González, Santiago Segura, Luis Ciges, Marta Fernández-Muro, Antonio Gamero, Chus Lampreave, Eusebio Lázaro, Mónica Randall, Guillermo Montesinos y José María Tasso.

En la cárcel Modelo de Valencia se va a celebrar el Día Internacional del Preso de Conciencia. Gentes de la política, la cultura y la farándula asistirán al acto y aprovecharán la ocasión para hacer lucrativos negocios. Premio Goya a la Mejor Película, Director y Sonido.

El anteúltimo largometraje de Berlanga, escrito sin su habitual compañero de andanzas, Rafael Azcona, es un descenso a los infiernos más oscuros y excesivos de la sociedad moderna española. La excusa en esta oportunidad para reunir a una pandilla salvaje de integrantes de los distintos estratos de la comunidad en un mismo espacio es el Día Internacional del Preso de Conciencia, jornada que se desarrolla en la prisión de Valencia en conmemoración de los prisioneros políticos del franquismo. Allí confluyen antiguos socialistas con ya nada en común salvo una disparatada intención de sacarle ventaja a la ocasión. Tal es el caso de Artemio Bermejo, un contratista sanitario que se acerca al acto con el objetivo de cobrar los ochenta millones de pesetas que el estado todavía le debe por instalar baños en edificios públicos. Pero no tardará mucho en darse cuenta de que encerrarse en una celda y tratar de reclamar dinero adeudado al gobierno no ha sido precisamente una idea muy brillante. (Catálogo del 26º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata)

Temporada VI / Función 104
Cineclub La Rosa
Austria 2154

sábado, 21 de enero de 2012

España en dos

La vaquilla será el cuarto film del ciclo "Un enero con Berlanga". La veremos en Austria 2154 el miércoles 25 a las 20 horas. La entrada es libre, con colaboración voluntaria.

Miércoles 25 de enero - 20 horas
LA VAQUILLA
(Idem, España / Italia, 1985, color, 122 minutos)
Dirección: Luis García Berlanga
Guión: Rafael Azcona, Luis García Berlanga
Producción: Alfredo Matas
Fotografía: Carlos Suárez
Edición: José Luis Matesanz
Dirección de arte: Luis Argüello, Enrique Alarcón
Sonido: Antonio Illán, José Vinader
Música: Miguel Asins Arbó
Elenco: Alfredo Landa, José Sacristán, Guillermo Montesinos, Santiago Ramos, Carles Velat, Juanjo Puigcorbé, Eduardo Calvo y Violeta Cela.

Guerra Civil Española. En el frente, un grupo de soldados se limita a escribir cartas o a dormitar. Pero la tranquilidad se rompe cuando un altavoz de la Zona Nacional anuncia que, con motivo de la Virgen de Agosto, se va a celebrar en un pueblo cercano una corrida. Cinco combatientes de la Zona Republicana deciden robar la vaquilla para arruinarle la fiesta al enemigo y conseguir la comida que necesitan.

Si alguien contaba con el entrenamiento y la lucidez como para atreverse a filmar la primera comedia situada durante la Guerra Civil Española era Berlanga. Y el director de ¡Bienvenido Mister Marshall! no sólo se atrevió, sino que lo hizo magistralmente: La vaquilla es la historia de un grupo de soldados republicanos que deciden infiltrarse en territorio enemigo para robar un toro del bando franquista, arruinando un festejo con corrida y, de paso, carnear a la bestia para alimentar a los suyos. El acierto de Berlanga, más allá de su habitual destreza para las situaciones de grupo, radica en retratar ambos bandos lo más lejos posible de una postura heroica o dramática. En la cercanía absurda de los soldados republicamos y nacionales (que intercambian cigarrillos y comparten baños) La vaquilla, como la mayoría de las grandes películas de guerra, se descubre en el fondo como un verdadero alegato anti-bélico. (Catálogo del 26º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata)

Temporada VI / Función 103
Cineclub La Rosa
Austria 2154

viernes, 20 de enero de 2012

José Martínez Suárez presentó "El verdugo"

Presencia especial y siempre esperada, José Martínez Suárez, Presidente del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y Socio Honorario de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, presentó El verdugo, tercera película del ciclo dedicado a Luis García Berlanga, en el Cineclub La Rosa.

jueves, 19 de enero de 2012

Morir de risa

Preparen las mandíbulas, no olviden sus pañuelos, agárrense la panza. Con El verdugo, tercera película del ciclo dedicado a Luis García Berlanga, será imposible detener las lágrimas y retorcijones que provoquen las risas. Será el viernes 20 a las 20 horas, en Austria 2154. Colmo siempre, entrada libre y colaboración voluntaria. Presentará José Martínez Suárez, Presidente del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y Socio Honorario de la Biblioteca.

Viernes 20 de enero - 20 horas
EL VERDUGO
(Idem, España / Italia, 1963, blanco y negro, 90 minutos)
Dirección: Luis García Berlanga
Guión: Rafael Azcona, Luis García Berlanga
Producción: Nazario Belmar
Fotografía: Tonino Delli Colli
Edición: Alfonso Santacana
Dirección de arte: Luis Argüello, José Antonio de la Guerra
Sonido: Felipe Fernández
Música: Miguel Asins Arbó
Elenco: Nino Manfredi, Emma Penella, José Isbert, José Luis López Vázquez, Ángel Álvarez, María Luisa Ponte, María Isbert y Julia Caba Alba.

José Luis, empleado de una funeraria, proyecta emigrar a Alemania para convertirse en un buen mecánico. Su novia Carmen es hija de Amadeo, verdugo de profesión. Cuando éste los sorprende a ambos en la intimidad, los obliga a casarse. Ante la acuciante falta de medios económicos de los recién casados, Amadeo, que está a punto de jubilarse, logra convencer a José Luis para que solicite la plaza que él va a dejar vacante, lo que le daría derecho a una vivienda. Presionado por la familia, José Luis acepta la propuesta de su suegro, convencido de que jamás ejercerá tan ignominioso oficio.

Isbert ejecuta y se jubila para delirio del espectador, mientras la flaqueza de las piernas de su yerno se convierte en uno de los mejores alegatos contra la pena de muerte jamás vistos en una pantalla de cine. Cruelmente divertida, paradigma del humor negro español, El verdugo es, probablemente, la mejor comedia española de todos los tiempos. Isbert, Azcona y Berlanga en estado puro. Premio Fipresci en el Festival de Venecia (Pablo Kurt, Filmaffinity)

En un país que se encontró largamente bajo un régimen signado por la muerte, los del verdugo y el enterrador fueron oficios que contaron con muy mala reputación entre el pueblo (e incluso a veces entre quienes los ejercían). No es casual entonces que los encargados de, respectivamente, ejecutar a los condenados y ponerlos bajo tierra, se vean inexorablemente atados el uno al otro en la que hoy es para muchos la obra maestra de Berlanga, y su tragicomedia más buñueliana. Tras enamorarse de la bonita hija del verdugo, el honesto enterrador se convierte a la fuerza en su renuente discípulo y sucesor: sobre esa premisa argumental, Isbert y Manfredi dieron vida a uno de los pares más imborrables del cine español de su tiempo, al frente de una película que llevó la influencia del neorrealismo italiano -que tanto gustaba a sus autores- un paso más allá, asestando los más brutales comentarios sobre la sociedad española, su burocracia, sus desigualdades de clase, sus miserables disputas por los privilegios repartidos a discreción por el Estado, y los mitos franquistas del deber y el patriotismo. (Catálogo del 26º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata)

Temporada VI / Función 102
Cineclub La Rosa
Austria 2154