Reproducimos la entrevista a José Martínez Suárez publicada hoy en La Nación a propósito del comienzo del 28º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, con la satisfacción de que Josecito sea Socio Honorario de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte y el haber podido realizar este año un ciclo dedicado a todos sus largometrajes.
José Martínez Suárez recorre su infancia junto a las hermanas Legrand, su influencia en el Nuevo Cine Argentino y su labor al frente del Festival de Mar del Plata, que comienza hoy.
Por Hugo Beccacece | Para LA NACION
Es como si uno hablara con Funes, el memorioso, o con Wikipedia. José Martínez Suárez ("Josecito", como todos lo llaman) es un testigo excepcional de la cultura argentina y uno de los cineastas más importantes de la generación de 1960, que cambió la estética y la forma de producir en la Argentina, pero, a la vez, el espíritu de sus films (El crack, Dar la cara, Los chantas, Los muchachos de antes no usaban arsénico, Noches sin lunes ni soles) se entronca con la mejor tradición de la época dorada de la cinematografía local. Su influencia se extiende hasta la actualidad por medio de sus películas y de quienes fueron discípulos de su taller (los directores Juan José Campanella, Lucrecia Martel, Gustavo Taretto, el ensayista David Oubiña). En 2008, cuando lo nombraron presidente del Festival Internacional de Mar del Plata, dejó de dar clases para dedicarse por completo a la nueva tarea. "Dirigirlo es el mejor trabajo de mi vida porque es el más difícil. El festival debe ser una fiesta para todos. Este año, recibimos 2500 películas y seleccionamos más de 400. En la muestra oficial, hay 16, dos son argentinas, La laguna yFantasmas de la ruta." El prestigio que recuperó el festival, cuya 28° edición se inaugura esta noche, es el producto de su conocimiento, energía e imaginación.
Martínez Suárez siempre fue curioso. Todo le interesa, pero hay dos cosas que prefiere: leer y ver cine. Su autor predilecto es Jorge Luis Borges, pero no deja de mencionar a Graham Greene, Somerset Maugham, Raymond Chandler, y a una serie de autores húngaros que no son Sándor Márai. La literatura centroeuropea es una de sus debilidades. Hace unas semanas, se publicó Estoy hecho de cine, un libro de conversaciones de Martínez Suárez con Mario Gallina, que detalla las peripecias de una vida marcada por la vocación.
- La historia de su niñez y de la de sus hermanas, Mirtha y Silvia Legrand, tiene cierto parecido con Bellísima, la película de Luchino Visconti en la que una madre [Anna Magnani] lucha para convertir en estrella a su pequeña hija.
- Hay algo de eso. Mi madre hizo que estudiáramos de todo. En Rosario, yo estaba pupilo en el Colegio del Sagrado Corazón; mis hermanas, medio pupilas en el María Auxiliadora. Además, en forma privada nos enseñaban piano, inglés, francés, zapateo americano. Mis hermanas, ya en Buenos Aires, iban a tomar clases de baile con Lida Martinoli, la primera bailarina del Colón.
- Usted, pupilo de un colegio religioso, ¿cómo se convirtió en un agnóstico?
- Porque fui a un colegio religioso. [Se ríe] Nací pared por medio del cine de la Sociedad Italiana de Villa Cañás. Mi ámbito de juegos y de fantasías era el cine. Cuando "Chiquita" y "Goldie" empezaron a hacer películas, yo me convertí en el hermano más sumiso del planeta, el que siempre estaba vestido para acompañarlas, porque el acompañamiento significaba entrar en los estudios de Argentina Sono Films, San Miguel, Lumiton, Río de la Plata. En Lumiton, ayudaba un poco en todo. Un día, me llamaron de la administración. Me dieron un sobre con sesenta pesos. Me habían tomado. Con el tiempo, fui asistente de Vatteone, Lugones, Christensen, Tinayre, Borcosque, Cahen Salaverry, Demare, Torre Nilsson, qué sé yo...
- Su primera película, El crack, es de 1960. ¿Cómo llegó a la dirección?
- En 1959, los productores se dieron cuenta de que estaban pagando mucho a hombres que se limitaban a decir "Cámara" y "Corten". Apareció un grupo más joven: Manuel Antín, Osías Wilenski, Rodolfo Kuhn, Ricardo Alventosa, Enrique Dawi, Fernando Birri, David José Kohon. En esa camada, "la generación del 60", había un grupo que seguía a la nouvelle vague francesa, y otro, del que yo era parte muy activa, que estaba más cerca del neorrealismo italiano. A mí me interesaban Rossellini, De Sica, el Fellini del comienzo, Pietro Germi, Luigi Zampa, no tanto Antonioni, no tanto Visconti.
Las películas de Martínez Suárez son corales, salvo Noches sin lunas ni soles, un policial negro en el que el protagonista es claramente Alberto de Mendoza, y todos esos films, menos Los muchachos de antes no usaban arsénico, retratan o denuncian una situación social. El crack muestra la mafia que se mueve alrededor de los jóvenes deportistas. Dar la cara, con libro de David Viñas, refleja la agitación de los jóvenes de la década de 1960, que, terminado el servicio militar, deben ocupar un lugar en el mundo. Es un notable fresco social en el que se enfrentan los estudiantes de derecha (Héctor Pellegrini) y los de la izquierda nacionalista (Luis Medina Castro), los ricos aspirantes a productores de cine de vanguardia (Pablo Moret) y los trabajadores humildes y populares (Leonardo Favio). Los muchachos de antes no usaban arsénico, en cambio, es un raro y valioso ejemplo de humor negro en el cine argentino.
- Usted siempre dijo que una clave importante de su obra es la amistad. Pero también hay otra constante: todas esas historias terminan en fracaso.
- Tengo una respuesta. Un día, en mi pueblo, cuando terminó una película con el beso del muchacho a la muchacha, cuando todo el mundo sonreía, le pregunté a mi mamá: "Y a él, al día siguiente, ¿no le pueden doler las muelas?" Tenía ocho años. Otra anécdota: mucho después de hacer Dar la cara, cada tanto, nos encontrábamos con David Viñas a tomar un café. Un día, fantaseamos con hacer la continuación de aquella película: Pablo Moret, el que había querido ser productor de cine de vanguardia, producía películas pornográficas; Medina Castro, el izquierdista, trabajaba para compañías multinacionales; Leonardo Favio heredaba el quiosco de su padre, recogía el dinero y después se iba a jugarlo a las carreras de caballos.
- La música tiene un papel muy importante en sus producciones. Tuvo a Astor Piazzolla en El crack y al "Gato" Barbieri en Dar la cara.
- A Piazzolla le hablé en las escalinatas de Alex para pedirle una composición: Tzigane Tango. En Dar la cara, lo llamé al "Gato" Barbieri. En las otras películas, trabajé con Tito Ribero. Soy un apasionado de Nino Rota. Como aprendí música, trabajé muy cerca de Tito. Me gusta tener un solo tema en mis films, con distintos desarrollos: el dramático, el humorístico, el tenebroso. Nos costó bastante dar con el tema de Los muchachos de antes no usaban arsénico. Es un ritornello. En la película, hay muchos guiños. En un momento, el personaje de Mario Soffici dice: "¿Cómo se llamaba ese muchacho que trabajaba en la película de Soffici?" Es el cine dentro del cine. Siempre hay algo así en mis films. Para que el espectador se pregunte cuál es la realidad y cuál la ficción.
- Usted es un gran admirador de Borges. ¿Nunca pensó en adaptar uno de sus cuentos o en hacer un relato biográfico?
- Espere un momento [se levanta del sillón, va a la biblioteca y toma un DVD]. Esto no lo filmé yo, lo filmaron mis alumnos. Es un corto de ocho minutos. Lo podemos ver, si no lo retraso.
En el televisor de Martínez Suárez se oye la hermosa voz de María Concepción César que dice fragmentos de Atlas, de Borges y María Kodama. Los nombres de ciudades y países remotos se suceden; en la pantalla, sólo se ven sombras, manchas de colores, sobre todo amarillas y rojas. Continúa Martínez Suárez: "Quise que el espectador se sintiera incómodo por esas manchas, por tanta incógnita. Hasta que al final, el espectador debe pedir disculpas por esa incomodidad. Lo que está viendo son las manchas que podía ver Borges. Ahora me interesa una obra de Mario Diament, Cita a ciegas, inspirada en Borges. Me gustaría filmarla. Hasta hice una adaptación. Es un proyecto. ¿Cómo se puede vivir sin proyectos?".
Publicación especial
En la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, con motivo del ciclo "José Martínez Suárez: un hombre hecho de cine", editamos un cuadernillo con los aportes de artículos exclusivos para el ciclo de Mario Gallina y Rafael Valles, además del propio Martínez Suárez. Aún quedan ejemplares que pueden retirarse los días de función.
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sábado, 16 de noviembre de 2013
jueves, 26 de septiembre de 2013
Martínez Suárez, el crack
Anoche, como una sorpresa muy grata, José Martínez Suárez se apareció en el Cineclub La Rosa y presentó El crack, su primera película y primera del ciclo dedicado a toda su filmografía. Compartimos algunas fotos de la hermosa charla que mantuvo con el público.
Además, les recordamos que el sábado 28 proyectaremos Dar la cara en la Jornada "Bibliotecas abiertas", en donde abriremos nuestras puertas a las 18 y tendremos la función del Cineclub a las 20. Como siempre, en Austria 2154, con entrada libre y colaboración voluntaria.
Además, les recordamos que el sábado 28 proyectaremos Dar la cara en la Jornada "Bibliotecas abiertas", en donde abriremos nuestras puertas a las 18 y tendremos la función del Cineclub a las 20. Como siempre, en Austria 2154, con entrada libre y colaboración voluntaria.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
La argamasa que une los ladrillos. Una reflexión sobre la obra de José Martínez Suárez
Quien conoce a José Martínez Suárez, sabe cuanto es un amante de los detalles. Empezando por las iniciales M.S. cuidadosamente bordadas en sus camisas blancas, pasando por su famosa colección de búhos en las más distintas formas y tamaños, sumados a los retratos de familiares, amigos y alumnos a quien tanto quiere y que componen su escritorio particular, ya se puede tener una dimensión de la pasión que tiene por esas pequeñas cosas que componen todo un panel de su personalidad. Si trasladamos esa cuestión al ámbito cinematográfico, eso se profundiza más todavía. Ver El ciudadano, por ejemplo, ya es un ritual suyo que se realiza como mínimo una vez al año (y desde 1941, por lo cual él tuvo el privilegio de asistir a su estreno en Buenos Aires). Esa pasión de volver a ver determinadas películas no es algo menor, dado que allí se encuentra no solamente una búsqueda por vivir nuevamente esos relatos, sino también la oportunidad de encontrar aquellos detalles que se le escaparon en la última proyección.
Para quien todavía no lo conozca personalmente, el Cineclub La Rosa brinda la gran oportunidad de presentarlo en profundidad: a través de su obra. Es a partir de sus películas, que no solamente encontramos a José, sino también descubrimos el placer que él posee en desafiar la atención del espectador en esta búsqueda por los detalles. José, en el mejor sentido de la palabra, juega con la percepción del espectador, hace de sus films una oportunidad tan particular para pensar en temas como la amistad, la lealtad, la ética, así como una posibilidad para existir durante la proyección aquella sonrisa íntima de complicidad con el realizador, al descubrir pequeños matices que terminan por identificar a toda una obra.
Existen detalles más evidentes que tienen relación con sus raíces, como las citas que José hace en cada una de sus películas (en distintas formas) a su pueblo natal de Villa Cañás, así como la utilización de nombres de sus amigos de infancia para denominar a determinados personajes. Hay también pequeños detalles que asumen un tono de ironía, como cuando el personaje de Mara (Mecha Ortiz) en Los muchachos de antes no usaban arsénico, comenta “sobre aquel cineasta estúpido que tuvo que irse a Chile”, como referencia a la “inolvidable” experiencia de José como realizador en Viaje de una noche de verano, pasando por detalles que hacen referencia a un contexto socio-histórico, como por ejemplo la relación que existe entre los nombres de las avenidas donde sucede la carrera de ciclismo en Dar la cara. Los objetos también se hacen protagónicos, sea a través de aquel que tan insinuantemente conecta la mirada de Cairo y Ana en Noches sin lunas ni soles, o mismo en detalles tan mínimos, pero que revelan rasgos importantes de un personaje, como el particular ritual del Ingenieri en Los chantas, al tapar con una flor las “partes bajas” de una escultura, cada vez que sube las escaleras de la pensión donde vive.
El listado de pequeñas joyitas que uno puede disfrutar al ver sus películas es muy extenso y merece ser disfrutado (y descubierto) por cada uno en cada nueva proyección. Como si eso fuera poco, José incluso -en exagerado acto de humildad- ya afirmó no haber logrado ciertos detalles de forma suficientemente clara en algunas de sus películas, como por ejemplo el homenaje que planteó hacer al político Lisandro de la Torre en Dar la cara. Aún en los actos fallidos, se revela una vez más en José su lado obrero en la búsqueda para que el espectador sienta el placer de rencontrarse con su propia percepción durante las proyecciones.
José siempre fue un defensor de la idea de “la argamasa que une los ladrillos” como la forma posible para sostener la construcción de una casa. Eso revela su preocupación de que para sus películas no basta “lo que” será tratado, sino el “cómo” se tratará. Para hablar sobre la amistad, una tendencia en su obra, José la explora en sus más diversas formas, en la complicidad de los gestos, de las miradas, de las cuestiones que van más allá de lo que es dicho, de los detalles que unen esos ladrillos. Cómo no dejar de pensar en las miradas confidentes de la “santísima trinidad” para que el personaje de Pedro (Arturo García Buhr) no tome el veneno direccionado a Laura (Bárbara Mugica) en Los muchachos..., en las miradas agridulces y golpeadas por la vida entre Cardoni (Tincho Zabala) y el “Flaco” (Norberto Aroldi) en Los chantas, cuando se cuestionan sobre si “¿será que nos pinchó el bandoneón?”, en las miradas de esperanza que los amigos depositan para que el aspirante a crack Osvaldo Castro logre su deseada promoción en el medio futbolístico, o mismo en la frustración contenida en la mirada de Bernardo (Luis Medina Castro), al descubrir las fraudes de quien menos esperaba en el ámbito universitario.
Si puedo nombrar un placer en especial que tuve en conocer la obra de José, eso está contenido en haber encontrado los matices que componen su obra, en el cuidado que él tiene en contar con maestría a sus relatos, y en poseer consideración con aquellos espectadores cinéfilos que buscan elementos que profundizan al propio relato en sí. Rever sus películas siempre trae la posibilidad de disfrutarlas desde diferentes formas, frente a una mirada distinta. Eso más que revelar el rasgo de un autor que José posee, termina asumiendo un profundo respeto y preocupación por el placer del espectador, por el deseo en hacer de cada proyección de sus películas una nueva oportunidad en descubrir aquellos detalles que nos escaparon en la proyección anterior.
Rafael Valles
Especial para Cineclub La Rosa
El autor es documentalista, investigador y docente. Nacido en Caxias do Sul – Brasil, fue alumno del Taller MS en 2007, además de haber tomado diversos cursos en Buenos Aires, entre ellos la Maestría en Cine Documental, en la Universidad del Cine (FUC). Actualmente se encuentra en proceso de finalización del libro Fotogramas de la memoria - Encuentros con José Martínez Suárez.
Para quien todavía no lo conozca personalmente, el Cineclub La Rosa brinda la gran oportunidad de presentarlo en profundidad: a través de su obra. Es a partir de sus películas, que no solamente encontramos a José, sino también descubrimos el placer que él posee en desafiar la atención del espectador en esta búsqueda por los detalles. José, en el mejor sentido de la palabra, juega con la percepción del espectador, hace de sus films una oportunidad tan particular para pensar en temas como la amistad, la lealtad, la ética, así como una posibilidad para existir durante la proyección aquella sonrisa íntima de complicidad con el realizador, al descubrir pequeños matices que terminan por identificar a toda una obra.
Existen detalles más evidentes que tienen relación con sus raíces, como las citas que José hace en cada una de sus películas (en distintas formas) a su pueblo natal de Villa Cañás, así como la utilización de nombres de sus amigos de infancia para denominar a determinados personajes. Hay también pequeños detalles que asumen un tono de ironía, como cuando el personaje de Mara (Mecha Ortiz) en Los muchachos de antes no usaban arsénico, comenta “sobre aquel cineasta estúpido que tuvo que irse a Chile”, como referencia a la “inolvidable” experiencia de José como realizador en Viaje de una noche de verano, pasando por detalles que hacen referencia a un contexto socio-histórico, como por ejemplo la relación que existe entre los nombres de las avenidas donde sucede la carrera de ciclismo en Dar la cara. Los objetos también se hacen protagónicos, sea a través de aquel que tan insinuantemente conecta la mirada de Cairo y Ana en Noches sin lunas ni soles, o mismo en detalles tan mínimos, pero que revelan rasgos importantes de un personaje, como el particular ritual del Ingenieri en Los chantas, al tapar con una flor las “partes bajas” de una escultura, cada vez que sube las escaleras de la pensión donde vive.
El listado de pequeñas joyitas que uno puede disfrutar al ver sus películas es muy extenso y merece ser disfrutado (y descubierto) por cada uno en cada nueva proyección. Como si eso fuera poco, José incluso -en exagerado acto de humildad- ya afirmó no haber logrado ciertos detalles de forma suficientemente clara en algunas de sus películas, como por ejemplo el homenaje que planteó hacer al político Lisandro de la Torre en Dar la cara. Aún en los actos fallidos, se revela una vez más en José su lado obrero en la búsqueda para que el espectador sienta el placer de rencontrarse con su propia percepción durante las proyecciones.
José siempre fue un defensor de la idea de “la argamasa que une los ladrillos” como la forma posible para sostener la construcción de una casa. Eso revela su preocupación de que para sus películas no basta “lo que” será tratado, sino el “cómo” se tratará. Para hablar sobre la amistad, una tendencia en su obra, José la explora en sus más diversas formas, en la complicidad de los gestos, de las miradas, de las cuestiones que van más allá de lo que es dicho, de los detalles que unen esos ladrillos. Cómo no dejar de pensar en las miradas confidentes de la “santísima trinidad” para que el personaje de Pedro (Arturo García Buhr) no tome el veneno direccionado a Laura (Bárbara Mugica) en Los muchachos..., en las miradas agridulces y golpeadas por la vida entre Cardoni (Tincho Zabala) y el “Flaco” (Norberto Aroldi) en Los chantas, cuando se cuestionan sobre si “¿será que nos pinchó el bandoneón?”, en las miradas de esperanza que los amigos depositan para que el aspirante a crack Osvaldo Castro logre su deseada promoción en el medio futbolístico, o mismo en la frustración contenida en la mirada de Bernardo (Luis Medina Castro), al descubrir las fraudes de quien menos esperaba en el ámbito universitario.
Si puedo nombrar un placer en especial que tuve en conocer la obra de José, eso está contenido en haber encontrado los matices que componen su obra, en el cuidado que él tiene en contar con maestría a sus relatos, y en poseer consideración con aquellos espectadores cinéfilos que buscan elementos que profundizan al propio relato en sí. Rever sus películas siempre trae la posibilidad de disfrutarlas desde diferentes formas, frente a una mirada distinta. Eso más que revelar el rasgo de un autor que José posee, termina asumiendo un profundo respeto y preocupación por el placer del espectador, por el deseo en hacer de cada proyección de sus películas una nueva oportunidad en descubrir aquellos detalles que nos escaparon en la proyección anterior.
Rafael Valles
Especial para Cineclub La Rosa
El autor es documentalista, investigador y docente. Nacido en Caxias do Sul – Brasil, fue alumno del Taller MS en 2007, además de haber tomado diversos cursos en Buenos Aires, entre ellos la Maestría en Cine Documental, en la Universidad del Cine (FUC). Actualmente se encuentra en proceso de finalización del libro Fotogramas de la memoria - Encuentros con José Martínez Suárez.
viernes, 20 de septiembre de 2013
El crack
Comenzamos el ciclo dedicado a José A. Martínez Suárez con su ópera prima, una película que no solo habla de fútbol sino que es todo un complejo estudio social que no ha perdido nada de su vigencia crítica. Será el miércoles 25 de septiembre a las 20:30 horas, en Austria 2154. Como siempre, con entrada libre y colaboración voluntaria.
Miércoles 25 de septiembre - 20:30 horas
EL CRACK
(Idem, Argentina, 1960, blanco y negro, 81 minutos)
Dirección: José Martínez Suárez.
Guión: José Martínez Suárez, Carlos A. Parrilla y Solly según la obra teatral de Solly
Fotografía: Humberto Peruzzi.
Música: Víctor Schlichter, con temas de Ástor Piazzolla.
Montaje: Antonio Ripoll y Gerardo Rinaldi.
Dirección arte: Federico Padilla.
Elenco: Jorge Salcedo, Aída Luz, Marcos Zucker, Domingo Sapelli, Carlos Rivas, Enrique Kossi, Fernando Iglesias, Osvaldo Castro, Claudia Laforgue, José Manuel Moreno, Víctor Martucci, Mirko Alvarez, Pedro Desio, José María Muñoz, Pacheco Fernández, Armando Lopardo, Pablo Cumo, André Norevó, Orlando Bohr, Francisco Martino, Paride Grandi, Antonio Pérez Tersol, Juan R. Lizzio, Antonio Salcedo, Cassandra Greys y Pipo Mancera.
La película está ambientada en los entretelones del negocio del fútbol profesional, y los mecanismos ocultos y cuestionables (sobornos, drogas, manipulaciones comerciales y publicitarias) que llevan a la consagración de un “crack”.
Osvaldo es un jugador de tercera que asciende a primera. Entonces el joven jugador comienza a ser objeto de intereses comerciales, muchas veces inmorales o delictivos, para ubicarlo como una estrella del fútbol. De ese modo, Osvaldo comienza a representar los intereses y expectavivas de muchas personas (su novia, su madre, su padre, el representante, los periodistas, los dirigentes del club, los hinchas).
“El crack trata por primera vez, en forma adulta en el cine argentino, el tema del fútbol, su cara sucia de sobornos, comercio y traficantes. José Martínez Suárez es un hombre joven, pero con una larga carrera dentro del cine profesional como ayudante y asistente de dirección (…). (El crack) es una película valiente, toca un tema popular, tiene imágenes de gran fuerza como el final y las tomas del estadio antes del partido. Su diálogo es intencionado y en toda la película es evidente el deseo de decir algo, deseo éste, generalmente ausente de las películas nacionales, pero creemos que Martínez Suárez tiene que despojarse aún de algunas malas influencias (adquiridas seguramente en su carrera profesional) y cuidar más algunos aspectos de sus obras (…). Pero El crack, lo repetimos, es una película positiva, socialmente útil, realizada con solvencia técnica y con un argumento que no es una excusa de fondo para un melodrama barato”. (Salvador Sammaritano, Tiemp de Cine número 2, septiembre 1960, tomado de Malba.cine).
Junto al cortometraje
ESTA NOCHE GRABAN LOS DIXIELANDERS
(Idem, Argentina, 1957, blanco y negro)
Con: Alfonso Fasi - Trompeta / Juan Carlos Bazan - Clarinete / Mauricio Rol - Trombón / Roberto Walters - Piano / Jose "Toto" Pomar - Contrabajo / Edmundo Ominelli - Bateria
El grupo de jazz interpreta el tema Ain't she sweet? en un auténtico videoclip de época.
Temporada VII / Función 148
Cineclub La Rosa
Austria 2154
Miércoles 25 de septiembre - 20:30 horas
EL CRACK
(Idem, Argentina, 1960, blanco y negro, 81 minutos)
Dirección: José Martínez Suárez.
Guión: José Martínez Suárez, Carlos A. Parrilla y Solly según la obra teatral de Solly
Fotografía: Humberto Peruzzi.
Música: Víctor Schlichter, con temas de Ástor Piazzolla.
Montaje: Antonio Ripoll y Gerardo Rinaldi.
Dirección arte: Federico Padilla.
Elenco: Jorge Salcedo, Aída Luz, Marcos Zucker, Domingo Sapelli, Carlos Rivas, Enrique Kossi, Fernando Iglesias, Osvaldo Castro, Claudia Laforgue, José Manuel Moreno, Víctor Martucci, Mirko Alvarez, Pedro Desio, José María Muñoz, Pacheco Fernández, Armando Lopardo, Pablo Cumo, André Norevó, Orlando Bohr, Francisco Martino, Paride Grandi, Antonio Pérez Tersol, Juan R. Lizzio, Antonio Salcedo, Cassandra Greys y Pipo Mancera.
La película está ambientada en los entretelones del negocio del fútbol profesional, y los mecanismos ocultos y cuestionables (sobornos, drogas, manipulaciones comerciales y publicitarias) que llevan a la consagración de un “crack”.
Osvaldo es un jugador de tercera que asciende a primera. Entonces el joven jugador comienza a ser objeto de intereses comerciales, muchas veces inmorales o delictivos, para ubicarlo como una estrella del fútbol. De ese modo, Osvaldo comienza a representar los intereses y expectavivas de muchas personas (su novia, su madre, su padre, el representante, los periodistas, los dirigentes del club, los hinchas).
“El crack trata por primera vez, en forma adulta en el cine argentino, el tema del fútbol, su cara sucia de sobornos, comercio y traficantes. José Martínez Suárez es un hombre joven, pero con una larga carrera dentro del cine profesional como ayudante y asistente de dirección (…). (El crack) es una película valiente, toca un tema popular, tiene imágenes de gran fuerza como el final y las tomas del estadio antes del partido. Su diálogo es intencionado y en toda la película es evidente el deseo de decir algo, deseo éste, generalmente ausente de las películas nacionales, pero creemos que Martínez Suárez tiene que despojarse aún de algunas malas influencias (adquiridas seguramente en su carrera profesional) y cuidar más algunos aspectos de sus obras (…). Pero El crack, lo repetimos, es una película positiva, socialmente útil, realizada con solvencia técnica y con un argumento que no es una excusa de fondo para un melodrama barato”. (Salvador Sammaritano, Tiemp de Cine número 2, septiembre 1960, tomado de Malba.cine).
Junto al cortometraje
ESTA NOCHE GRABAN LOS DIXIELANDERS
(Idem, Argentina, 1957, blanco y negro)
Con: Alfonso Fasi - Trompeta / Juan Carlos Bazan - Clarinete / Mauricio Rol - Trombón / Roberto Walters - Piano / Jose "Toto" Pomar - Contrabajo / Edmundo Ominelli - Bateria
Temporada VII / Función 148
Cineclub La Rosa
Austria 2154
domingo, 15 de septiembre de 2013
Ciclo "José A. Martínez Suárez, un hombre hecho de cine"
A poco de comenzar una nueva edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata que él dirige, de cumplir sus jóvenes y vitales 88 años y de la presentación de un libro sobre su figura, damos comienzo a un ciclo en el que repasaremos todos los largometrajes de José A. Martínez Suárez, amigo del Cineclub La Rosa y Socio Honorario de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.
UN HOMBRE HECHO DE CINE
José Martínez Suárez nació en la Prov. de Santa Fe. Más exactamente, en Villa Cañás, “un pueblo agrícola-ganadero, pampa gringa e hispana”, como le gusta definirlo.
Y fue en su Villa Cañás, con la complicidad de una sala a oscuras y una pantalla blanca delante, donde el celuloide se metió en su sangre.
Los Martínez Suárez vivían enfrente de una de las tres salas cinematográficas que había en el pueblo, y ese era su ámbito preferido y natural de juegos. Una época en la que -como él mismo recuerda- las películas no se elegían. Uno iba al cine. Pero no sólo en su pueblo. En todo el país ocurría lo mismo. La gente iba al cine. Se preparaba, se vestía para ir al cine. Algo cercano a un ritual.
Ese pibe se hizo adolescente y ya en Buenos Aires, junto a su madre y sus hermanas, que hacían sus pininos como actrices, entró un día, cándido, discreto y temeroso a un estudio cinematográfico. A partir de entonces, pedía, insistía, imploraba que le permitieran acompañarlas porque eso significaba el pasaporte para poder estar en un set y ver todo por dentro.
Fue así como comenzó a oficiar de “oyente” en Lumiton. Posteriormente trabajó mucho como asistente de Mario Lugones, para continuar con otros realizadores, que como él mismo asegura “fueron maestros todos, de una u otra forma”. La sola enunciación de esos nombres hace que de ninguna manera podamos desmentirlo: Manuel Romero, Carlos Hugo Christensen, Carlos Borcosque, Daniel Tinayre, Kurt Land, Enrique Cahen Salaberry, Augusto César Vatteone, Antonio Ber Ciani, Leopoldo Torre Nilsson.
Pero José Martínez Suárez era un director predestinado. En una palabra: un director nato. Su vocación había atravesado por andariveles diversos dentro del cine pero su destino estaba signado: tenía que dirigir. Y un día irrumpió con una curiosidad:El crack, una película popular que, sin embargo, se sumergía en una realidad social que denunciaba zonas de miseria de una pasión argentina: el futbol. Vino despuésDar la cara, considerada al igual que otras expresiones surgidas para la misma época, como típicamente representativa de lo que los historiadores denominaron “Nuevo Cine Argentino”, hasta que alguien se dio cuenta de que cada tanto, inevitablemente hay un Nuevo Cine Argentino y optaron por caraturarlo como “la generación del 60”. Un movimiento que se inició con los cortometrajistas independientes de finales de los cincuenta y culminó en 1966, con el golpe de estado de ese año, que modificó las reglas del juego y puso fin a una etapa cultural, recomenzada luego bajo otro signo: el de la producción clandestina y la irrupción de nuevos realizadores.
La Generación del 60 tuvo una vida efímera, es verdad, pero dejó sentada una estética no transitada hasta allí por el cine argentino: un nuevo cauce expresivo sustentado fundamentalmente sobre el flanco crítico y la reflexión acerca de la época y sus relaciones con la gente. Y así, sin tener conciencia y junto a Manuel Antín, Lautaro Murúa, Simón Feldman, Enrique Dawi, Rodolfo Kuhn, Ricardo Alventosa y David Kohon, entre otros, José pasó a formar parte de aquel movimiento innovador.
El director siguió filmando: el episodio La salamanca de Viaje de una noche de verano (denostada por el mismo realizador, lo cual renueva inevitablemente el interés por su visión); Los chantas, donde un grupo de perdedores -muy al estilo de Los desconocidos de siempre de Mario Monicelli- prepara un gran golpe que, sin duda, terminará en fracaso; Los muchachos de antes no usaban arsénico, inevitable referencia de inquietante humor negro en el cine argentino, con un diálogo brillante y pocos medios, mucha técnica (Tito Ribero y Miguel Rodríguez incluidos) y gran imaginación. Hasta llegar a Noches sin lunas ni soles, calificada por Edgardo Cozarinsky como “El mejor film noir argentino”.
Pero José tenía “de nascencia”, como dicen en España, la certeza de que estaba ligado a un deber. Y que serían pocos los años de una vida, por larga que fuera, para cumplir con él. Ese deber era la docencia. Trabajar a diario con los jóvenes, y siempre, encendido de amor a esta profesión, seguir filmando a través de ellos. Darles no sólo formación técnica sino insuflarlos de una posición humanística. Despojarlos de la vanidad, de la envidia. Que sean buenas personas. Porque esa, en definitiva, es la función última y más elevada de un maestro. Desde que la decisión fue tomada, la docencia pasó a ser para José una forma más de dar y transmitir que de enseñar. Y para los que fuimos y somos sus alumnos, sus clases implican un pleno regocijo para el espíritu, por todo lo que sabe, por todo lo que dice, por lo que no dice, por su humor indeclinable, por sus chispeantes ocurrencias: en definitiva, por todo lo que da siempre en forma generosa y solidaria. Y dar como lo hace José Martínez Suárez no es poco en esta época de prevalencia del egoísmo y la individualidad.
En esos encuentros de vida, José se nos aparece algunas veces enigmático, otras cabrón, otras reflexivo, otras sutil, a veces incisivo, pero joven siempre. Tanto, como para asumir desde 2008 la presidencia del Festival de Mar del Plata y no para que su nombre “adorne” ese acontecimiento cinematográfico sino para erigirse en mucho más que el presidente de un Festival, es decir, para constituirse en un hombre que está en todo, arregla todo y da la cara por todo.
UN HOMBRE HECHO DE CINE
José Martínez Suárez nació en la Prov. de Santa Fe. Más exactamente, en Villa Cañás, “un pueblo agrícola-ganadero, pampa gringa e hispana”, como le gusta definirlo.
Y fue en su Villa Cañás, con la complicidad de una sala a oscuras y una pantalla blanca delante, donde el celuloide se metió en su sangre.
Los Martínez Suárez vivían enfrente de una de las tres salas cinematográficas que había en el pueblo, y ese era su ámbito preferido y natural de juegos. Una época en la que -como él mismo recuerda- las películas no se elegían. Uno iba al cine. Pero no sólo en su pueblo. En todo el país ocurría lo mismo. La gente iba al cine. Se preparaba, se vestía para ir al cine. Algo cercano a un ritual.
Ese pibe se hizo adolescente y ya en Buenos Aires, junto a su madre y sus hermanas, que hacían sus pininos como actrices, entró un día, cándido, discreto y temeroso a un estudio cinematográfico. A partir de entonces, pedía, insistía, imploraba que le permitieran acompañarlas porque eso significaba el pasaporte para poder estar en un set y ver todo por dentro.
Fue así como comenzó a oficiar de “oyente” en Lumiton. Posteriormente trabajó mucho como asistente de Mario Lugones, para continuar con otros realizadores, que como él mismo asegura “fueron maestros todos, de una u otra forma”. La sola enunciación de esos nombres hace que de ninguna manera podamos desmentirlo: Manuel Romero, Carlos Hugo Christensen, Carlos Borcosque, Daniel Tinayre, Kurt Land, Enrique Cahen Salaberry, Augusto César Vatteone, Antonio Ber Ciani, Leopoldo Torre Nilsson.
Pero José Martínez Suárez era un director predestinado. En una palabra: un director nato. Su vocación había atravesado por andariveles diversos dentro del cine pero su destino estaba signado: tenía que dirigir. Y un día irrumpió con una curiosidad:El crack, una película popular que, sin embargo, se sumergía en una realidad social que denunciaba zonas de miseria de una pasión argentina: el futbol. Vino despuésDar la cara, considerada al igual que otras expresiones surgidas para la misma época, como típicamente representativa de lo que los historiadores denominaron “Nuevo Cine Argentino”, hasta que alguien se dio cuenta de que cada tanto, inevitablemente hay un Nuevo Cine Argentino y optaron por caraturarlo como “la generación del 60”. Un movimiento que se inició con los cortometrajistas independientes de finales de los cincuenta y culminó en 1966, con el golpe de estado de ese año, que modificó las reglas del juego y puso fin a una etapa cultural, recomenzada luego bajo otro signo: el de la producción clandestina y la irrupción de nuevos realizadores.
La Generación del 60 tuvo una vida efímera, es verdad, pero dejó sentada una estética no transitada hasta allí por el cine argentino: un nuevo cauce expresivo sustentado fundamentalmente sobre el flanco crítico y la reflexión acerca de la época y sus relaciones con la gente. Y así, sin tener conciencia y junto a Manuel Antín, Lautaro Murúa, Simón Feldman, Enrique Dawi, Rodolfo Kuhn, Ricardo Alventosa y David Kohon, entre otros, José pasó a formar parte de aquel movimiento innovador.
El director siguió filmando: el episodio La salamanca de Viaje de una noche de verano (denostada por el mismo realizador, lo cual renueva inevitablemente el interés por su visión); Los chantas, donde un grupo de perdedores -muy al estilo de Los desconocidos de siempre de Mario Monicelli- prepara un gran golpe que, sin duda, terminará en fracaso; Los muchachos de antes no usaban arsénico, inevitable referencia de inquietante humor negro en el cine argentino, con un diálogo brillante y pocos medios, mucha técnica (Tito Ribero y Miguel Rodríguez incluidos) y gran imaginación. Hasta llegar a Noches sin lunas ni soles, calificada por Edgardo Cozarinsky como “El mejor film noir argentino”.
Pero José tenía “de nascencia”, como dicen en España, la certeza de que estaba ligado a un deber. Y que serían pocos los años de una vida, por larga que fuera, para cumplir con él. Ese deber era la docencia. Trabajar a diario con los jóvenes, y siempre, encendido de amor a esta profesión, seguir filmando a través de ellos. Darles no sólo formación técnica sino insuflarlos de una posición humanística. Despojarlos de la vanidad, de la envidia. Que sean buenas personas. Porque esa, en definitiva, es la función última y más elevada de un maestro. Desde que la decisión fue tomada, la docencia pasó a ser para José una forma más de dar y transmitir que de enseñar. Y para los que fuimos y somos sus alumnos, sus clases implican un pleno regocijo para el espíritu, por todo lo que sabe, por todo lo que dice, por lo que no dice, por su humor indeclinable, por sus chispeantes ocurrencias: en definitiva, por todo lo que da siempre en forma generosa y solidaria. Y dar como lo hace José Martínez Suárez no es poco en esta época de prevalencia del egoísmo y la individualidad.
En esos encuentros de vida, José se nos aparece algunas veces enigmático, otras cabrón, otras reflexivo, otras sutil, a veces incisivo, pero joven siempre. Tanto, como para asumir desde 2008 la presidencia del Festival de Mar del Plata y no para que su nombre “adorne” ese acontecimiento cinematográfico sino para erigirse en mucho más que el presidente de un Festival, es decir, para constituirse en un hombre que está en todo, arregla todo y da la cara por todo.
Un hombre joven, decíamos. Más joven que todos nosotros a la hora apasionada de la polémica (ensalsando hasta la hipérbole a esa película o denostando a aquella otra hasta el nivel más bajo, por ejemplo). Joven diciendo sus verdades, muchas veces crudas. Joven ante el esfuerzo inclaudicable del trabajo. Joven porque la suya es siempre una voz tonante denunciando injusticias. Joven, manteniendo en alto el estandarte quijotesco que lo hace luchar utópica, fervorosamente, por lo que entiende bueno, noble y justo.
José Martínez Suárez, viviendo en juventud, sigue siendo aquel muchachito de pantalones cortos que un día entró cándido, discreto y temeroso a un estudio cinematográfico. Aquel mismo que pretende seguir aprendiendo, que intenta volcar lo que sabe en los demás, y que quiere seguir estando hasta el último segundo de su vida, cerca del mundo maravilloso de las películas. Ese fue, ese es ahora y ese seguirá siendo. Nada ha cambiado.
Cierta vez vez me dijo: “Estoy hecho de cine y lo hago porque me preocupa aclararme y aclarar”. Y así transcurre su vida: aclarando, o mejor, iluminándose e iluminándonos.
Los que de alguna manera tenemos que ver con él, lo sabemos.
Mario Gallina
Sábado 28 de septiembre - 20 horas
Jornada "Bibliotecas a puertas abiertas"
DAR LA CARA
(Idem, Argentina, 1962, blanco y negro, 111 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Leonardo Favio, Lautaro Murúa, Nuria Torray, Luis Medina Castro, Pablo Moret, Ubaldo Martínez, Daniel de Alvarado, Raúl Parini y Dora Baret.
Tres muchachos de diversa extracción social terminan el servicio militar y deben enfrentar la compleja realidad argentina, siempre en crisis, de los años '60.
Miércoles 9 de octubre - 20:30 horas
LOS CHANTAS
(Idem, Argentina, 1975, color, 121 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez.
Elenco: Norberto Aroldi, Olinda Bozán, Alicia Bruzzo, María Concepción César, Elsa Daniel, Cacho Espíndola, Juana Hidalgo, Ángel Magaña, Lautaro Murúa, Héctor Pellegrini, Jorge Salcedo, Darío Víttori, Tincho Zabala y Ringo Bonavena.
La historia de un grupo de ladrones de gallinas siempre en la búsqueda de un golpe que los saque de perdedores. Un elenco de lujo para dieciseis personajes y un guión impecable coescrito entre Martínez Suárez y Augusto Giustozzi, "Gius".
Miércoles 23 de octubre - 20:30 horas
LOS MUCHACHOS DE ANTES NO USABAN ARSÉNICO
(Idem, Argentina, 1976, color, 90 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Narciso Ibáñez Menta, Bárbara Mujica, Mecha Ortiz, Arturo García Buhr y Mario Soffici.
Una estrella retirada, su ex administrador, su ex médico, su ex marido, y la posible venta de la casa en la que viven en el Tigre. Memorables actuaciones y un humor negro delicioso.
Miércoles 30 de octubre - 20:30 horas
NOCHES SIN LUNAS NI SOLES
(Idem, Argentina, 1984, color, 97 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Alberto de Mendoza, Luisina Brando, Lautaro Murúa, Arturo Maly, Cacho Espíndola, Boy Olmi, Guillermo Battaglia, José María Gutiérrez, Diana Ingro, Rudy Chernicoff y Eva Franco.
Excelentes actuaciones, un sólido guión y una realización magistral hacen de esta película uno de los mejores policiales del cine argentino, la última película de Martínez Suárez.
José Martínez Suárez, viviendo en juventud, sigue siendo aquel muchachito de pantalones cortos que un día entró cándido, discreto y temeroso a un estudio cinematográfico. Aquel mismo que pretende seguir aprendiendo, que intenta volcar lo que sabe en los demás, y que quiere seguir estando hasta el último segundo de su vida, cerca del mundo maravilloso de las películas. Ese fue, ese es ahora y ese seguirá siendo. Nada ha cambiado.
Cierta vez vez me dijo: “Estoy hecho de cine y lo hago porque me preocupa aclararme y aclarar”. Y así transcurre su vida: aclarando, o mejor, iluminándose e iluminándonos.
Los que de alguna manera tenemos que ver con él, lo sabemos.
Mario Gallina
Especial para Cineclub La Rosa
www.mariogallina.blogspot.com.ar
Miércoles 25 de septiembre - 20:30 horas
EL CRACK
(Idem, Argentina, 1960, blanco y negro, 81 minutos)
Dirección: José Martínez Suárez.
Elenco: Jorge Salcedo, Aída Luz, Marcos Zucker, Domingo Sapelli, Carlos Rivas, Enrique Kossi, Fernando Iglesias, Osvaldo Castro, Claudia Laforgue, José Manuel Moreno, Víctor Martucci, Mirko Alvarez, Pedro Desio, José María Muñoz, Pacheco Fernández, Armando Lopardo, Pablo Cumo, André Norevó, Orlando Bohr, Francisco Martino, Paride Grandi, Antonio Pérez Tersol, Juan R. Lizzio, Antonio Salcedo, Cassandra Greys y Pipo Mancera.
El mundo del negocio turbio alrededor del fútbol, contado desde la esperanza de un juvenil que puede triunfar en Primera. En el camino del crack, nadie queda excepto de los manejos de la esperanza y expectativas que genera el muchacho. La ópera prima de Martínez Suárez, como todas sus películas, sigue teniendo plena vigencia.
Junto al cortometraje
ESTA NOCHE GRABAN LOS DIXIELANDERS
(Idem, Argentina, 1957, blanco y negro)
El grupo de jazz interpreta el tema Ain't she sweet? en un auténtico videoclip de época.
www.mariogallina.blogspot.com.ar
Miércoles 25 de septiembre - 20:30 horas
EL CRACK
(Idem, Argentina, 1960, blanco y negro, 81 minutos)
Dirección: José Martínez Suárez.
Elenco: Jorge Salcedo, Aída Luz, Marcos Zucker, Domingo Sapelli, Carlos Rivas, Enrique Kossi, Fernando Iglesias, Osvaldo Castro, Claudia Laforgue, José Manuel Moreno, Víctor Martucci, Mirko Alvarez, Pedro Desio, José María Muñoz, Pacheco Fernández, Armando Lopardo, Pablo Cumo, André Norevó, Orlando Bohr, Francisco Martino, Paride Grandi, Antonio Pérez Tersol, Juan R. Lizzio, Antonio Salcedo, Cassandra Greys y Pipo Mancera.
El mundo del negocio turbio alrededor del fútbol, contado desde la esperanza de un juvenil que puede triunfar en Primera. En el camino del crack, nadie queda excepto de los manejos de la esperanza y expectativas que genera el muchacho. La ópera prima de Martínez Suárez, como todas sus películas, sigue teniendo plena vigencia.
Junto al cortometraje
ESTA NOCHE GRABAN LOS DIXIELANDERS
(Idem, Argentina, 1957, blanco y negro)
El grupo de jazz interpreta el tema Ain't she sweet? en un auténtico videoclip de época.
Sábado 28 de septiembre - 20 horas
Jornada "Bibliotecas a puertas abiertas"
DAR LA CARA
(Idem, Argentina, 1962, blanco y negro, 111 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Leonardo Favio, Lautaro Murúa, Nuria Torray, Luis Medina Castro, Pablo Moret, Ubaldo Martínez, Daniel de Alvarado, Raúl Parini y Dora Baret.
Tres muchachos de diversa extracción social terminan el servicio militar y deben enfrentar la compleja realidad argentina, siempre en crisis, de los años '60.
Miércoles 9 de octubre - 20:30 horas
LOS CHANTAS
(Idem, Argentina, 1975, color, 121 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez.
Elenco: Norberto Aroldi, Olinda Bozán, Alicia Bruzzo, María Concepción César, Elsa Daniel, Cacho Espíndola, Juana Hidalgo, Ángel Magaña, Lautaro Murúa, Héctor Pellegrini, Jorge Salcedo, Darío Víttori, Tincho Zabala y Ringo Bonavena.
La historia de un grupo de ladrones de gallinas siempre en la búsqueda de un golpe que los saque de perdedores. Un elenco de lujo para dieciseis personajes y un guión impecable coescrito entre Martínez Suárez y Augusto Giustozzi, "Gius".
Miércoles 23 de octubre - 20:30 horas
LOS MUCHACHOS DE ANTES NO USABAN ARSÉNICO
(Idem, Argentina, 1976, color, 90 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Narciso Ibáñez Menta, Bárbara Mujica, Mecha Ortiz, Arturo García Buhr y Mario Soffici.
Una estrella retirada, su ex administrador, su ex médico, su ex marido, y la posible venta de la casa en la que viven en el Tigre. Memorables actuaciones y un humor negro delicioso.
Miércoles 30 de octubre - 20:30 horas
NOCHES SIN LUNAS NI SOLES
(Idem, Argentina, 1984, color, 97 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Alberto de Mendoza, Luisina Brando, Lautaro Murúa, Arturo Maly, Cacho Espíndola, Boy Olmi, Guillermo Battaglia, José María Gutiérrez, Diana Ingro, Rudy Chernicoff y Eva Franco.
Excelentes actuaciones, un sólido guión y una realización magistral hacen de esta película uno de los mejores policiales del cine argentino, la última película de Martínez Suárez.
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