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sábado, 11 de abril de 2015

Gustavo Pérez y aquella fotografía

Había capturado en sus épocas de estudiante una imagen que impresionó al cineasta Jorge Prelorán. Fue el origen de Los hijos de Zerda, film que hoy figura entre los mejores documentales del cine antropológico argentino. 


El contador público Gustavo Pérez, coterráneo a quien despedimos en el curso de esta semana, hizo su carrera universitaria en la vecina provincia de La Pampa. Dos circunstancias irrepetibles hicieron de aquellos años un tiempo mítico: en una provincia que había dejado de ser territorio pocas décadas atrás,la Universidad y lo que ella generó con la confluencia de jóvenes de toda la región fue un asunto novedoso, que despertó simpatías en el conjunto de la sociedad que todavía guardaba improntas de una vida pueblerina. Los años 60 latían al compás de un tiempo político vertiginoso, cargado de esperanzas. Así, estudiantina, ideario, militancia y memorables guitarreadas fueron el caldero de un anecdotario que aún se evoca.

Gustavo Pérez, como muchos jóvenes provenientes de ésta y otras ciudades del oeste, fue parte de esa bohemia ruidosa que dejó huellas imborrables en tantos pampeanos. Es así que su nombre, como el de uno de sus hermanos que todavía reside en aquella provincia, aún permanece ligado a los recuerdos más gratos que signaron una época de la vida pampeana, que, años después, acabó trágicamente con la llegada de la última dictadura militar.

UNA FOTOGRAFÍA
Es probable que muchos no recuerden que el nombre de Gustavo Pérez quedó vinculado al origen de un film del desaparecido cineasta Jorge Prelorán, hasta el presente considerado uno de los más relevantes del documentalismo argentino, pieza inevitable de estudio en muchas facultades de cine y material de consulta entre etnógrafos y antropólogos.

Aficionado a la fotografía, Gustavo capturó una imagen que sorprendió a los pampeanos. Un retrato de gran impacto. En él, la mirada de los hijos de un hachero parecía agujerear el papel. Con una expresividad brutal, esas miradas denunciaban una vida cercana pero ignorada por la mayoría de los habitantes de Santa Rosa. A sólo80 kilómetrosde la capital provincial, así pasaban sus días los hacheros del caldén. La imagen mereció la atención de los pampeanos y tuvo su período de exaltación. Tanto que quienes regenteaban una peña folklórica llamada el “El temple del diablo” hicieron de ella una gigantografía para perpetuarla en una pared.

El cineasta Prelorán, que se hallaba en La Pampa realizando otro de sus famosos documentales, Cochengo Miranda, una noche, fue llevado por amigos hasta la peña. Y quedó prendado por aquellos rostros infantiles que había capturado la cámara de Gustavo. Entonces pidió conocer a los protagonistas. Días más tarde, fue llevado hasta el paraje rural. Así, decidió hacer un film acerca del hachero y su familia. El resultado fue la excelente obra Los hijos de Zerda, cuya copia original guarda el museo Smithsonian de los Estados Unidos, país donde, desgraciadamente, Prelorán terminó de compaginar y estrenó la película, ya que tuvo que alejarse de Argentina después del golpe cívico militar de 1976.

Gustavo había tomado la fotografía que terminó inspirando a Prelorán ayudado por un amigo, el hoy escritor y geógrafo Walter Cazenave, quien, entonces, era maestro en el paraje donde habitaba la familia del hachero Zerda.

Con este breve recuerdo, honramos la memoria del vecino que acaba de morir, quien sostuvo en el tiempo y a la par de su conocida actividad profesional una íntima pasión por la fotografía.

Víctor Delgado
Diario Noticias de Pehuajó

miércoles, 8 de abril de 2015

lunes, 6 de abril de 2015

Cochengo Miranda, un encuentro en el desierto patagónico

Susana Mulé, la autora del hermoso retrato que ilustra esta nota, visitó a Cochengo Miranda en la que cuenta fue "la experiencia más importante en mis 20 años de hacer fotografía profesional". A continuación, el texto que escribió para su ensayo sobre la vida en El Boitano y el oeste pampeano.


En 1986 Jorge Prelorán me propuso viajar a La Pampa para pasar unos días en El Boitano y fotografiar a Don Cochengo y Maruca en su ambiente, porque tenía intención de publicar un libro con las décimas que ha escrito este entrañable hombre. Hice las gestiones y conseguí mediante instituciones oficiales los medios para viajar a tan remoto lugar que incluía una camioneta de Vialidad Provincial para trasladarme hasta Santa Isabel. Para ubicarlos geográficamente debo decir que se cruza el país de Este a Oeste y que el solitario paraje se encuentra donde se junta el Sur de Mendoza con el Oeste de La Pampa, en el límite donde comienza la Patagonia.

El chofer resultó ser un simpático joven que se mostró bastante sorprendido que una mujer sola con su equipo fotográfico se largara a aquellas lejanas tierras.

A medida que avanzábamos por el desierto pampeano la vegetación se hacía más baja y espinosa y la tierra fina y blanca se metía por los resquicios que permitían los vidrios cerrados.

A media tarde, bajo un sol abrasador, nos detuvimos en el polvoriento camino para abrir una tranquera. Muy diligentemente ofrecí mi ayuda para mantenerla abierta mientras él la trasponía. Observé una sonrisita socarrona pero aceptó agradeciendo. Cuando bajé, una nube de jejenes me asaltó. Yo tengo pánico a los bichos que pican. Volví volando a la camioneta para untarme con repelente para mosquitos, despertando así la hilaridad de mi guía quien me aseguró que el ungüento era condimento para los bichitos. A partir de ese momento todo fueron bromas acerca de mi condición de porteña. Cuando llegamos a El Boitano y salieron a recibirme Maruca y Cochengo, inmediatamente se estableció una fuerte corriente de simpatía y afecto.

Estuve apenas 4 días pero el tiempo perdió dimensión.

El guía de Vialidad se volvió a Santa Rosa y quedó en volver a buscarme pues yo tenía reservado mi pasaje de avión a Buenos Aires.

Enseguida me adapté al ritmo de vida de ellos. Nos levantábamos a las 7, tomábamos mate y luego Don Cochengo salía a trabajar con los animales. Yo lo seguía con mi cámara, lo espiaba, lo registraba, él no se inmutaba. Tenía como un orgullo de "ser" dentro de una gran humildad. La humildad que emana de los grandes hombres:

"Soy el eco de la tierra y el canto de la independencia, soy de aquella descendencia de criollos que no se aferran, de esos que sin hacer guerra ven las fronteras abiertas y en esta pampa desierta donde no avanza la ciencia nacen hombres de conciencia con la frente descubierta".

En la serenidad del atardecer y con el pausado ritmo que impone la grandeza de la naturaleza, nos sentábamos bajo el alero a charlar y tomar mate. Maruca ya había mojado la tierra y el jardín que a pesar de la sequía de casi un año sin lluvias y gracias a sus cuidados daba algunas débiles verduras y también sus flores. Los dos perros y el gato se echaban cerca. Traía la cámara y fotografiaba. Horizonte plano, raso, sólo hacia el oeste las cumbres de la Precordillera. Silencio... sólo interrumpido por las aspas del molino que giran, algunos mugidos... y la voz de Cochengo... sus recuerdos... Sus abuelos habían vivido en el Fortín Malargüe y fueron "quemados vivos por los indios" (sic). Se acuerda del río Atuel que -después de un largo conflicto interprovincial que ganó Mendoza- se secó convirtiéndose en desierto lo que había sido un vergel. Esto fue allá por el 19. Dice :

"En aquellos tiempos dijeron de hacer un dique en el Valle Grande, que es un dique muy grande en los cerros de San Rafael para arriba ¿no? en Mendoza. ¡Qué maravilla! ¡Ese es un mar!.. Después, más después, hicieron El Nihuil, que es un gran embalse que no me canso de ponderar... Y así se secó el río Atuel. Aquellos años, no olvido, eran tan lindos y hermosos... Mis viejos eran dichosos por los logros producidos, los campos eran floridos por las lluvias que abundaban, los puesteros prosperaban... Pero al transcurrir el tiempo Dios castigó para ejemplo y los bienes terminaron".

Cuando oscurecía se prendían los "sol de noche" y mientras Maruca cocinaba Don Cochengo seguía contando anécdotas, yo lo grababa y cámara en mano seguía sus gestos, su mirada, pero debo reconocer que muchas veces no me atreví a apretar el disparador. Sentía que no podía violar esa intimidad. Seguramente me perdí grandes fotos pero la vivencia superó cualquier expectativa... fue como cuando se es niño y todo es descubrimiento.

Han pasado muchos años, el libro no se publicó aún. Y don Cochengo ya lamentablemente no lo verá. Decía:

"Nosotros los pobres no olvidamos nuestras costumbres y creo que no se olvidarán, los criollos no olvidan. Porque si ese trabajo existió de muy muchos años atrás, no puede terminar nunca...¡ jamás! Mientras existan criollos. Ahora cuando ya... esté dominado el país por los gringos, será otra cosa, no?... cambiará... Pero mientras habíamos criollos, quien sabe si vamos a dar todavía lugar... porque vamos a luchar hasta lejos, a combatir esas cosas por nuestras tradiciones".

Susana Mulé

Para ver todo el trabajo: https://www.flickr.com/photos/susanet/

jueves, 2 de abril de 2015

Cochengo Miranda

Continúa el ciclo "Jorge Prelorán en 16mm" con otro de los grandes títulos del documentalista argentino, Cochengo Miranda, el hombre del oeste pampeano. Será el miércoles 8 de abril a las 20 horas, con entrada libre y colaboración voluntaria.
Foto: Susana Mulé

Miércoles 8 de abril - 20 horas
COCHENGO MIRANDA
(Idem, Argentina, 1975, color, 58 minutos)
Dirección, montaje y fotografía: Jorge Prelorán.
Producción: Augusto Raúl Cortazar.
Productor Ejecutivo: Ángel Aimetta.
Ayudantes de Dirección: Félix Arrieta, Rubén Evangelista y Alejo Apsega.
Asesora temática: Ercilia Moreno Cha.
Grabación de sonido: Mabel Prelorán.
Solos de guitarra: Juan Pagano.


Cochengo y su familia son campesinos del oeste pampeano y combinan el trabajo rural con los placeres de la música. Cada uno comparte sus sueños, aspiraciones, creencias. Los mayores hablan de la importancia y el valor de las tradiciones; los jóvenes presentan estrategias con las que esperan poder adaptarse a una vida marcada inevitablemente por la transculturación, tópico de la filmografía de Prelorán.

Pero el drama se centra en otro de las preocupaciones centrales del documentalista: la educación, representada en este caso por la separación de los hijos de Cochengo, que salen hacia los centros poblados en procura de un mejor porvenir.


"Cochengo Miranda (1975) representa la aplicación más perfecta del estilo preloraniano de los documentos humanos. Jorge y Mabel convivieron durante distintas temporadas con este criollo, trabajador y poeta, en el Puesto El Boitano, en el Oeste pampeano. Esa experiencia de la cotideaneidad hizo que lograra captar, además de la vida diaria, los sutiles cambios de estaciones del año transmitiéndole en elipsis esa mansa vivencia." (Graciela Taquini, Jorge Prelorán, Centro Editor de América Latina, 1994)

Cineclub La Rosa
Temporada IX / Función 181
Austria 2154

jueves, 26 de marzo de 2015

Jorge Prelorán en 16mm

Nos enorgullece organizar un nuevo ciclo sobre uno de los más grandes documentalistas, Jorge Prelorán. La gran novedad es que en esta ocasión contaremos con copias fílmicas en 16mm de sus películas más emblemáticas y contaremos con la presencia de Mabel Prelorán para inaugurar el ciclo. Como siempre, en Austria 2154, con entrada libre y colaboración voluntaria.


Jorge Prelorán es uno de los más grandes documentalistas, no sólo por su aporte a la filmografía argentina, sino a nivel mundial. Autor de más de sesenta películas, su obra fue fundamental para el cine etnobiográfico. Pero lamentablemente, pese a su reconocimiento internacional, la nominación al Oscar, las becas y premios ganados a lo largo de su carrera, su cine ha sido más comentado que visto, por eso cada ocasión de repasar su filmografía merece celebrarse.

Doble festejo en esta ocasión para el Cineclub La Rosa, que en esta ocasión contará con copias fílmicas por primera vez, para poder disfrutar en todo su esplendor sus obras de profundo contenido humanístico, y su extenso trabajo de documentación de fiestas y celebraciones en las diferentes geografías del país. En el ciclo, además, podremos ver una de sus más grandes películas de denuncia pocas veces proyectada, como Los hijos de Zerda, y ver por primera vez Damacio Caitruz o Manos pintadas.

Este será el tercer ciclo que dedicamos a Prelorán en el Cineclub La Rosa, que ha hecho mucho para difundir sus obras, recordando la proyección de su clásico Hermógenes Cayo, en 2007, presentada por su hijo Pedro Cayo, venido especialmente desde Jujuy. O el ciclo "El otro Prelorán", en 2010, que recopiló en tres funciones dieciseis cortometrajes que en muchos casos llevaban décadas sin proyectarse en público y finalizando con una función con música en vivo

Además, en 2012 organizamos el ciclo "El cine etnográfico de Jorge Prelorán", en colaboración con el Smithsonian Institute de Washington, la presencia de Mabel Prelorán y la proyección de la película Huellas y memoria de Jorge Prelorán, presentada por su director, Fermín Rivera, junto a una exposición fotográfica sobre el rodaje.

En esta ocasión volveremos a contar para la función de apertura con la presencia de Mabel Prelorán, quien reside en Los Ángeles, Estados Unidos, desde 1976, cuando tuvo que exiliarse con su marido, Jorge, a raíz de la dictadura militar. Mabel, antropóloga e investigadora de la UCLA, fue declarada Socia Honoraria de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.
Sin más que decir, los esperamos para no perderse una nueva ocasión de descubrir a este maestro.

Emiliano Penelas
Programador


Sábado 28 de marzo - 20 horas
HERMÓGENES CAYO
(Idem, Argentina, 1969, color, 49 minutos)
Dirección: Jorge Prelorán.

La película más emblemática de Prelorán, quien filma a un santero de la Puna jujeña y su espíritu renacentista. Sus sencillas palabras lo muestran como un hombre de profunda fe religiosa; que trasciende lo individual para llegar a la esencia de lo universal. La obra que da estilo definitivo a las etnobiografías.

MEDARDO PANTOJA
(Idem, Argentina, 1969, color, 13 minutos)
Dirección: Jorge Prelorán

Mediante suaves imágenes paisajistas de Tilcara, en la Quebrada de Humahuaca, Jujuy, Medardo Pantoja nos permite el acceso a los misterios de esta región: el arraigo de la tierra y la identidad de su gente con las tradiciones y costumbres ancestrales. Conocido como "el pintor de la Quebrada", don Medardo plasma en su arte el sentir tilcareño.

Función presentada especialmente por Mabel Prelorán.


Miércoles 1 de abril - 20 horas
DAMACIO CAITRUZ 
(Idem, Argentina, 1966/71, color, 50 minutos)
Dirección: Jorge Prelorán.

El hombre que da título al film (que originalmente se llamó Araucanos de Ruca Choroy) cuenta su vida, costumbres, penurias y aspiraciones en este retirado y estrecho valle del río Ruca Choroy, en los Andes neuquinos.

MANOS PINTADAS
(Idem, Argentina, 1971, color, 20 minutos)
Dirección: Jorge Prelorán

Las pinturas rupestres de la patagonia argentina con unos 9000 años de antigüedad, y su relación con los patagones, vistas a través de una hermosa fotografía de ambientes y lugares.


Miércoles 8 de abril - 20 horas
COCHENGO MIRANDA
(Idem, Argentina, 1975, color, 58 minutos)
Dirección: Jorge Prelorán

Cochengo y su familia son campesinos del oeste de la provincia de La Pampa y combinan el trabajo rural con los placeres de la música. Cada uno comparte sus sueños, aspiraciones, creencias. Los mayores hablan de la importancia y el valor de las tradiciones; los jóvenes presentan estrategias con las que esperan poder adaptarse a una vida marcada inevitablemente por la transculturación. El drama se centra en la separación de los hijos que salen hacia los centros poblados en procura de una mejor educación.


Miércoles 22 de abril - 20 horas
LOS HIJOS DE ZERDA
(Idem, Argentina, 1974, color, 50 minutos)
Dirección: Jorge Prelorán.

"Al hablar Zerda de esa explotación, yo obtuve una nueva visión de la vida", dice Prelorán sobre una de sus películas más crudas donde denuncia la tragedia de un hombre y su familia, hacheros en la pronvincia de La Pampa. El trasfondo es, como en casi toda la obra de Prelorán, la educación como salida, y allí el film trata de encontrar un resquicio salvador.

CHUCALEZNA
(Idem, Argentina, 1966, color, 17 minutos)
Dirección: Jorge Prelorán

Este film muestra a niños de la escuela rural de Chucalezna, en la Quebrada de Humahuaca, usando las paredes del aula como caballete y papel donado por el hijo de la maestra como tela. Estos alumnos aprendieron a expresarse pictóricamente, alcanzando un estilo y dominio del color que les permitió ser reconocidos a nivel internacional por la UNESCO en 1976.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Apenas un puestero

Segunda función del ciclo dedicado a Jorge Prelorán con otra de sus más notables realizaciones: Cochengo Miranda, acompañada por el extraordinario cortometraje Chucalezna. Presentará Graciela Taquini. Será el miércoles 21 de marzo a las 20 horas en Austria 2154, con entrada libre y colaboración voluntaria.

COCHENGO MIRANDA
(Idem, Argentina, 1975, color, 58 minutos)
Dirección, montaje y fotografía: Jorge Prelorán.
Producción: Augusto Raúl Cortazar.
Productor Ejecutivo: Ángel Aimetta.
Ayudantes de Dirección: Félix Arrieta, Rubén Evangelista y Alejo Apsega.
Asesora temática: Ercilia Moreno Cha.
Grabación de sonido: Mabel Prelorán.
Solos de guitarra: Juan Pagano.
Supervisor de postproducción (2003): Javier Olivera.

Cochengo y su familia son campesinos del oeste pampeano y combinan el trabajo rural con los placeres de la música. Cada uno comparte sus sueños, aspiraciones, creencias. Los mayores hablan de la importancia y el valor de las tradiciones; los jóvenes presentan estrategias con las que esperan poder adaptarse a una vida marcada inevitablemente por la transculturación, tópico de la filmografía de Prelorán.

Pero el drama se centra en otro de las preocupaciones centrales del documentalista: la educación, representada en este caso por la separación de los hijos de Cochengo, que salen hacia los centros poblados en procura de un mejor porvenir.

CHUCALEZNA
(Idem, Argentina, 1966, color, 17 minutos)
Dirección, montaje y fotografía: Jorge Prelorán.
Producción: Fondo Nacional de las Artes.
Ayudantes de Dirección: Lorenzo E. Kelly y Sergio Barbieri.
Asesoría musical: Leda Valladares.
Música instrumental: Anastasio Quiroga.

Nuevamente la educación en el centro de la escena, de una forma cálida, sincera, emocionante. Los niños de la escuela rural de Chucalezna, en la Quebrada de Humahuaca, usan las paredes del aula como caballete y papel donado por el hijo de la maestra como tela. Estos alumnos aprendieron a expresarse pictóricamente, alcanzando un estilo y dominio del color que les permitió ser reconocidos a nivel internacional por la UNESCO en 1976.

Graciela Taquini
Quien presentará esta función es Profesora y Licenciada en Historia de las Artes, videasta, artista visual, curadora, es también una de las principales difusoras de la obra de Prelorán. Ella misma lo cuenta así: "En el año 1975 descubrí la obra del documentalista antropológico Jorge Prelorán, del que me convertí en una especialista, hasta finalmente publicar un libro (Jorge Prelorán, Centro Editor de América Latina). A partir de 1981 viajé por todo el país llevando las latas de sus películas en 16 mm. Y haciendo presentaciones. La influencia de Prelorán fue muy importante para mi formación y mi futuro. A través del estudio de su obra me vinculé con los medios audiovisuales, estudié lenguaje cinematográfico y realicé acciones de gestión cultural".

Temporada VI / Función 108
Cineclub La Rosa
Austria 2154

domingo, 11 de marzo de 2012

El cine etnobiográfico de Jorge Prelorán

En marzo volvemos con un ciclo dedicado al gran maestro del documentalismo con sus películas más emblemáticas, y la proyección de la etnobiografía sobre su vida, presentada por Mabel Prelorán y su director, Fermín Rivera. Acompañan el ciclo la exposición de fotografías "Filmando a Prelorán. Diario de viaje", de Rivera y Emiliano Penelas. Todo en Austria 2154, con entrada libre y colaboración voluntaria.

Una de las figuras más trascendentales de nuestro cine, documentalista reconocido mundialmente, creador de un estilo inconfundible a través de sus etnobiografías, Jorge Prelorán ha sido muy poco reconocido en nuestro país y quizás desde el premio a la trayectoria que le concediera en xxx el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, el trabajo de documentación de Fermín Rivera y lamentablemente de su fallecimiento, su cine puede volver a revisionarse.

Modestamente, el Cineclub La Rosa hizo mucho en ese aspecto, y para eso basta recordar la proyección de su clásico Hermógenes Cayo, presentada por su hijo Pedro Cayo, venido especialmente desde Jujuy. O el ciclo "El otro Prelorán", que recopiló en tres funciones dieciseis cortometrajes que en muchos casos llevaban décadas sin proyectarse en público y finalizando con una función con música en vivo.

Ahora, y gracias a la colaboración del Smithsonian Institute de Washington, podemos proyectar nuevamente Hermógenes Cayo, en su versión restaurada, junto a otro de sus largometrajes más recordados, Cochengo Miranda, y dos cortos imperdibles como Medardo Pantoja y Chucalezna.

Además, cerraremos el ciclo con la proyección de Huellas y memoria de Jorge Prelorán, el "documental sobre el documentalista", dirigido por Fermín Rivera, quien lo presentará junto a Mabel Prelorán, la compañera de más de treinta años, quien reside en Los Ángeles, Estados Unidos.

Acompañará al ciclo la muestra fotográfica "Filmando a Prelorán", un recorrido a través de los cinco años de rodaje de Huellas... a través de las cámaras de su director, Fermín Rivera, y el director de fotografía Emiliano Penelas.

Miércoles 14 de marzo - 20 horas
Hermógenes Cayo
(Idem, Argentina, 1969, color, 48 minutos)
Dirección: Jorge Prelorán

“Yo soy santero de profesión”, dice don Hermógenes, nativo de la Puna jujeña, al presentarse. Sus obras y filosofía nos muestran a un hombre de versatilidad renacentista. Sus sencillas palabras lo muestran como un hombre de profunda fe religiosa; un hombre que trasciende lo individual para llegar a la esencia de lo universal. La obra que da estilo definitivo a las etnobiografías de Prelorán.

Proyectaremos la copia restaurada por el Smithsonian Institute de Washington.

Medardo Pantoja
(Idem, Argentina, 1969, color, 13 minutos)
Dirección: Jorge Prelorán

Mediante suaves imágenes paisajistas de Tilcara, en la Quebrada de Humahuaca, Jujuy, acompañadas solo de música, Medardo Pantoja nos permite el acceso a los misterios de esta región: el arraigo de la tierra y la identidad de su gente con las tradiciones y costumbres ancestrales. Conocido como "el pintor de la Quebrada", don Medardo plasma en su arte el sentir tilcareño.

Miércoles 21 de marzo - 20 horas
Cochengo Miranda
(Idem, Argentina, 1975, color, 58 minutos)
Dirección: Jorge Prelorán

Cochengo y su familia son campesinos del oeste de la provincia de La Pampa y combinan el trabajo rural con los placeres de la música. Cada uno comparte sus sueños, aspiraciones, creencias. Los mayores hablan de la importancia y el valor de las tradiciones; los jóvenes presentan estrategias con las que esperan poder adaptarse a una vida marcada inevitablemente por la transculturación. El drama se centra en la separación de los hijos que salen hacia los centros poblados en procura de una mejor educación.

Chucalezna
(Idem, Argentina, 1966, color, 17 minutos)
Dirección: Jorge Prelorán

Este film muestra a niños de la escuela rural de Chucalezna, en la Quebrada de Humahuaca, usando las paredes del aula como caballete y papel donado por el hijo de la maestra como tela. Estos alumnos aprendieron a expresarse pictóricamente, alcanzando un estilo y dominio del color que les permitió ser reconocidos a nivel internacional por la UNESCO en 1976.

Miércoles 28 de marzo - 20 horas
Huellas y memoria de Jorge Prelorán
(Idem, Argentina, 2009, color/blanco y negro, 73 minutos)
Dirección: Fermín Rivera.
Presentada por su director y Mabel Prelorán.

Jorge Prelorán, pionero del cine documental en la Argentina, referente internacional indiscutido; con más de sesenta documentales en su haber, premios internacionales y una nominación al Oscar de la Academia, hoy es una figura casi olvidada en nuestro país.

Se trata de un hombre que transformó al cine documental creando un género propio: las etnobiografías, que filmó a lo largo de treinta años. La película de Fermín Rivera se inscribe dentro del género y desentraña una historia de vida a la manera en que Prelorán lo hizo con sus documentados. Sólo que en este caso el protagonista es el mismo Prelorán.