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jueves, 6 de noviembre de 2025

Pesar por el fallecimiento de Germán Cáceres

Con profundo dolor despedimos al escritor, dramaturgo, crítico literario, de cine e historietista Germán Cáceres, quien falleció este jueves 6 de noviembre a los 87 años.

Germán Cáceres, seudónimo de Fernando Penelas, había nacido en Avellaneda el 27 de febrero de 1938, y durante muchos años llevó adelante la sección de crítica literaria en la página de la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, donde por supuesto dio numerosas conferencias, participó de presentaciones de libros.

Además, en varias ocasiones presentó películas en el Cineclub La Rosa y fue organizador de eventos relacionados con la historieta y la literatura infantil y juvenil, dos de los ámbitos en los que se destacó.

Como graduado en Ciencias Económicas llevó adelante la contabilidad y presentaciones legales de la Biblioteca, y durante años los de la Fundación El Libro, organizadora de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Allí, entre otras cosas, tuvo el agrado de conocer a uno de sus ídolos, Ray Bradbury, cuando visitó la Argentina en 1987.

Como autor publicó libros de ficción (El checo, la giganta y el enano, Frankenstina, Cuentos para mocosos y purretes, Los silencios prohibidos, Los pintores mueren del corazón, Matar una vez, El futuro que fue, Por amor al crimen, entre otros); ensayo (La aventura en América y Entre dibujos, marionetas y pixeles); y más de diez novelas juveniles (El enigma del Siambón, Elataque de los acuanautas, El detective despistado, Mi vecina es un fantasma (y su hija también) y El misterio del profesorausente, entre otras). 

También escribió siete obras de teatro (El incidente (Un episodio en la vida de Manuel Belgrano), estrenada en el Teatro Fray Mocho), y fue autor de numerosos ensayos sobre historietas (Charlando con Superman o los distintos volúmenes de su serie Evocando viñetas). Realizó la adaptación en historietas de obras de la literatura universal (Edgar Allan Poe, Mack Twain y Julio Verne, entre otros). Por esta especialidad fue invitado a distintos festivales internacionales. 

Recibió la Mención de Honor Premio Municipal en Cuento. Obtuvo cuatro Fajas de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE): en novela, en literatura juvenil y dos en ensayo. En el año 1996, mereció la Mención de Honor en el Concurso Internacional de Ficción sobre Gardel (Uruguay). En 1999, la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires le concedió el 1er. Premio Especial Eduardo Mallea en ensayo. En 2002, fue premiado en el concurso de cuentos Atanas Mandadjiev (Sofía, Bulgaria), y se le otorgó el título de Gran Maestro del Relato Policial. Varios de sus libros fueron traducidos al italiano y al portugués.

Fue miembro correspondiente de la Academia de Letras e Artes do Nordeste Brasileiro y de la Unión Brasileira de Escritores (UBE). Fue nombrado miembro de número por la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil, e incorporado en 2010 al Diccionario razonado de la literatura y la crítica argentinas. Se desempeñó como jurado en el Festival de cine "Buenos Aires Rojo Sangre" 2008. En 2009, invitado por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, homenajeó a Juan Carlos Onetti.

En Lima, Perú, resultó ganador de la convocatoria "Novela juvenil 2020" realizada por Editorial Qilqana, que publicó su novela Pesadilla galáctica. Colaboró en varios medios de la Argentina, Uruguay, Brasil, España y México, y escribió en la revista “Fierro” de la primera época.

Desde la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte despedimos a Germán con una inmensa tristeza, pero también celebrando y recordando su vida plena y su legado. Muchos de sus libros forman parte de nuestro catálogo.

Saludamos a su esposa Isabel, y sus hijas Paula y Cecilia, así como a su hermano Carlos Penelas, también escritor y responsable del Taller Literario en nuestra casa, y su sobrino Emiliano, quien presidió la Biblioteca durante años.

lunes, 3 de enero de 2022

Para nosotros la libertad

La civilización no suprime la barbarie: la perfecciona.
Voltaire


El reloj de la Catedral de Estrasburgo, Francia, es un reloj astronómico, obra maestra única del Renacimiento. Fue creada por matemáticos, artistas y destacados hombres de su tiempo. Se instaló en el siglo XIV, entre 1352 y 1354. Estaba equipado con componentes extraños para su época. En el reloj había un gallo dorado y tres reyes bíblicos frente a la imagen de la Virgen.

En 1931 René Clair dirige un film emblemático: À nous la liberté. Es, entre otras cosas, una crítica a la deshumanización de la era industrial. La cinta inspiró al genial Chaplin para Tiempos Modernos. La película de Clair es una bella parábola sobre las cosas verdaderamente importantes en la vida. Digamos que era una película amada por los viejos socialistas y libertarios de su tiempo. Había un sueño, una utopía, una armonía colectiva. Percibía expresiones profundas y libres del ser humano.

Vivimos un mundo de contradicciones y distopías. El futuro – hay científicos, hombres de pensamiento, intelectuales que trabajan desde hace años el tema – es complejo y en principio sin muchas esperanzas. Es el universo de las máquinas, de la ingeniería genética, de la dictadura tecnológica. Lo observamos de manera cotidiana a nuestro alrededor. En los hogares, en las calles, en las confiterías, en las escuelas. En los cines. Por supuesto que la tecnología puede mejorar al ser humano, pero no hablamos de eso. Hablamos de lo que se ha denominado el transhumanismo. Detrás ingenieros sociales, el aislamiento de una realidad virtual, una robótica sin límite. Una pérdida de la libertad, de la conciencia crítica. No olvidemos que el transhumanismo “propugna el uso de la manipulación genética y la nanotecnología como métodos para mejorar a las personas”.

Recordemos que fue descrito por Francis Fukuyama como «la idea más peligrosa del mundo». Ronald Bailey considera lo opuesto: “es un movimiento que personifica las más audaces, valientes, imaginativas e idealistas aspiraciones de la humanidad”. Hay que volver sobre las Jornadas de Filosofía e Inteligencia Artificial que se llevó a cabo en Cataluña en 2019. Veamos un fragmento. “El transhumanismo es la nueva utopía del siglo XXI; viene a decir: vamos a cambiar la evolución”, dice un estudioso del tema, el urbanista Albert Cortina. Y observa que todo esto tiene detrás a las grandes corporaciones de Silicon Valley. En efecto, es muy posible que estas ideas no hubieran salido nunca de un ámbito ciberpunk si no fuera porque su gran apologeta es nada menos que el director de ingeniería de Google, Raymond Kurzweil, por más señas inventor (diseñó, siendo muy joven, una máquina lectora para ciegos), teórico visionario, un hombre empeñado en la prolongación de la vida, especialmente la suya propia”. Algo más. “La máquina, por exceso de datos, puede llegar a manipularte –reconocía Núria Agell, matemática de Esade–. Ya tenemos las máquinas que nos están superando en capacidad de cálculo, memoria y velocidad. Pero se está investigando en la interacción persona-IA, en introducir nuevas formas de razonamiento; se tiene que intentar trabajar con etiquetas lingüísticas valorativas, que sirvan para tomar decisiones con el razonamiento que nosotros los humanos utilizamos”.

Estimado lector, desde mi juventud los libros me acompañaron con pasión. Desde Julio Verne hasta George Orwell, pasando por Huxley, Thoreau, Bradbury, H.G.Welles, Arthur Clarke, Mary Shelley o nuestro Bioy Casares. Comienzo 2022 escuchando a Edvard Grieg. Compositor y pianista noruego, como usted sabe, uno de los representantes del romanticismo musical. Si, por supuesto: Peer Gynt, La mañana, sin duda.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 1 de enero de 2022

viernes, 30 de mayo de 2014

El tango, Stalingrado y los alemanes‏

A propósito de la proyección de Lili Marleen, de Rainer W. Fassbinder, en el Cineclub La Rosa, publicamos el siguiente artículo de Carlos Penelas.

Una vez cerrado el cerco sobre el VI Ejército Alemán, los soldados soviéticos comenzaron a aplicar todo tipo de tácticas para desmoralizar a los alemanes. En algunos sectores enviaban una patrulla por la noche con un espantapájaros vestido de Hitler y una invitación a los soldados alemanes a dispararle. El espantapájaro estaba cargado con una trampa explosiva por si alguna patrulla quería retirarlo de su lugar. La policía secretar rusa, la NKVD, instaló un sistema de parlantes para transmitir mensajes a los alemanes. Durante horas, especialmente en la fría noche rusa, los soviéticos hacían sonar a todo volumen música de tango, a la que consideraban con la capacidad de transmitir un sentimiento adecuadamente siniestro, que desmoralizaba aún más a las tropas cercadas del enemigo. A las canciones de nuestra música popular, se le intercalaban mensajes recordándoles su desesperada situación.

Carlos Penelas