miércoles, 10 de marzo de 2010

Ciclo homenaje a Teo Kofman

Comienza la Temporada 2010 del Cineclub La Rosa con dos funciones en homenaje al director argentino Teo Kofman. Proyectaremos su premiada ópera prima, Perros de la noche, presentada por el autor de la novela, Enrique Medina, y luego Adiós a los niños, de Louis Malle, en 16 mm junto al Cineclub Dynamo y con el auspicio de la Embajada de Francia.

(Foto gentileza José María Marcos)

Teo Kofman fue director, director asistente y docente. Y una gran persona que supo transmitir siempre no sólo sus conocimientos cinematográficos, sino también sinceridad, afecto y amistad, que se tradujo en la enorme pena que causó en el medio y en todos los que lo conocimos su temprana e inesperada pérdida.

Asistente en infinidad de largos nacionales, luego de un largo proceso de búsqueda de financiación, en 1986 llegó a estrenar su ópera prima, Perros de la noche, basada en la novela homónima de Enrique Medina, quien la presentará en el Cineclub La Rosa, Austria 2154, el viernes 9 de abril a las 20 horas.

Para completar el ciclo, el sábado 10 a las 20 veremos fragmentos de una entrevista a Teo Kofman junto al largometraje Adiós a los niños, de Louis Malle, uno de los directores que Kofman siempre mencionaba como referente, y en particular esta sutil historia de la Segunda Guerra Mundial. Será proyectada en 16 mm, en una función conjunta con el Cineclub Dynamo bajo el auspicio de la Embajada de Francia.

Junto a Osvaldo Pugliese

Teo Kofman
Nacido el 3 de diciembre de 1940 en Mar del Plata, fue criado en La Paternal, junto a su querido Argentinos Jrs.

Licenciado en Artes Audiovisuales de la Universidad Nacional de La Plata, Plata, a su extensa trayectoria en la industria cinematográfica sumó su larga carrera docente. Fue titular de Diseño Audiovisual III en la Carrera de Imagen y Sonido de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA, donde posteriormente se desarrolló como Investigador. Trabajó además como profesor en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica del INCAA y en otras instituciones privadas.

Entre sus trabajos como director pueden citarse Perros de la noche (1986), Los corruptores (1987, co-producción entre Argentina y Brasil), un largometraje con Julio Bocca (no estrenado), la miniserie El jardín de los infiernos (Canal 9) y el cortometraje, Ricardo Feliu... de aquí y de allá (2009).

Recibió el Premio Nacional por el libro cinematográfico (producción 1983-1986), otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación, dependiente del Ministerio de Educación y Justicia; Cóndor de Plata al mejor guión adaptado, otorgado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina; Premio Argentores a la mejor obra en su género, otorgado por la Sociedad de Autores de la Argentina; y Premio Mutisia Dorada al mejor director, todos por Perros de la noche.

Como ayudante y asistente de dirección participó en diversos films: La boutique (estrenada en la Argentina con el título Las Pirañas), de Luis García Berlanga; Digan lo que digan, de Mario Camus; Turismo de carretera y La hora de María y el Pájaro de Oro, ambas de Rodolfo Kuhn; Paula contra la mitad más uno, de Néstor Paternostro; Los golpes bajos, de Mario Sábato; La Patagonia rebelde, de Héctor Olivera; Proceso a la infamia y La Isla, de Alejandro Doria; Sentimental, de Sergio Renán; MomentosSeñora de Nadie, de María Luisa Bemberg; y El exilio de Gardel, de Pino Solanas, entre otros.

En el área de investigación se destacan sus trabajos Historia del Cine Sonoro. Algunos aspectos económicos y culturales de la cinematografía argentina (Universidad Nacional de La Plata, 2002) e Introducción a la realización cinematográfica (INCCA, 2008). Falleció en Buenos Aires el 18 de noviembre de 2009.

lunes, 8 de marzo de 2010

El secreto de sus Oscar

Felicitamos a Juan José Campanella y el equipo de la película El secreto de sus ojos por la obtención del premio Oscar a la Mejor película en lengua extranjera.


viernes, 5 de marzo de 2010

Temporada 2010: falta poco

En abril daremos comienzo a la cuarta temporada del Cineclub La Rosa. Este año, a las clásicas proyecciones quincenales de los miércoles a las 20 y a las funciones especiales, se les agregará el último sábado de cada mes, a las 11 de la mañana, "El Cineclub de los chicos", para empezar a ver buenas películas desde pequeños. Como siempre, con entrada libre y gratuita.


Próximamente, la programación del primer mes.

domingo, 7 de febrero de 2010

Asóciese a la Biblioteca

La Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte está creciendo y necesita nuevos socios. Por una cuota mensual muy accesible usted puede solicitar el préstamo de libros a domicilio, obtener descuentos en los talleres, cursos y actividades rentadas, y próximamente consultar nuestra videoteca.


Para asociarse como Adherente, Estudiante o Jubilado y utilizar nuestros servicios es necesario concurrir a la Biblioteca, Austria 2154, en los horarios de atención al público (lunes y miércoles de 15 a 19 hs.; martes, jueves y viernes de 16 a 20 hs).

Allí deberá llenar una solicitud y presentar Documento de identidad con fotocopia de las dos primeras páginas; un servicio a nombre de quien se asocia, que verifique el domicilio que coincida con el del DNI; y una foto 4 x 4. Quienes accedan a las categorías "Jubilados" o "Estudiantes" deberán adjuntar la documentación que acredite tal condición.

Para cualquier consulta, visite http://www.carlossviamonte.com.ar/, escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar o llame en los días y horarios indicados al 4802-8211.

Inicio de dos talleres
Les recordamos que desde el 15 de febrero comenzarán las clases de yoga, por Marcela Castro Nathé, y en marzo el Taller literario a cargo de Carlos Penelas, y el Taller de aproximación a la ópera por Carlos Palacios. Estas actividades son aranceladas y cuentan con descuentos especiales para socios. Próximamente se confirmarán nuevos cursos.

viernes, 8 de enero de 2010

Alfredo Li Gotti: “El cineclub enseña y forma al espectador”

“Iba con los proyectores y las películas a todos lados”, dice entre risas quien proyecta cine desde chico. Comenzó con los vecinos del barrio, pasó por clubes, asociaciones, bibliotecas, cineclubes y en cuanto lugar pudiera difundir su "berretín" por el cine. Desde 1988 tiene su propia sala en la casa donde vive desde hace más de medio siglo. Allí, entre afiches, proyectores y películas, conversamos con el padrino del Cineclub La Rosa.


- Alfredo, ¿por qué siguen siendo importantes los cineclubes?
- No es lo mismo ver una película que ir a un cineclub. El cineclub enseña y forma al espectador, ayuda a mostrar distintas películas de un director, seguir temas o movimientos de la historia del cine. Yo di cine desde siempre. Iba con los proyectores y películas a todos lados. Luego, entre 1980 y 1996 di más de quinientas funciones para Núcleo, muchas de ellas en mi propia sala, “Félix Giuliodori” (llamada así en homenaje a un gran amigo mío coleccionista de cine), que se inauguró en 1988, y desde hace ocho años programo mis propios ciclos, con la colaboración de mi nieto Cristian. Allí teníamos un eslogan que decía “Aprenda cine viendo cine”.

En el cineclub hay una preparación y un debate posterior. Así se aprende mucho, porque hay personas que ven lo que otros no. Una película tiene que verse dos o tres veces para disfrutarla del todo. No puede verse una sola vez, aquél que dice “ya la ví” en realidad no terminó de comprender la obra.

Y también considero que un cineclub puede servir para rescatar aquellas películas que han pasado desapercibidas, esas que están fuera del circuito y tienen mucho valor, contemporáneas o clásicas.

- ¿Qué cambia de una película cuando se la ve con público?
- Una sala sin espectadores no es nada, no tiene vida. Siempre digo que soy muy egoísta, porque el primero que goza del espectáculo soy yo, quien lo brinda. Y así lo hice toda mi vida, porque me gusta ver cine rodeado de la gente, no me gusta verlas solo. Con público es otra cosa, se siente la calidez del espectador. El proyector, la pantalla y el espectador le dan vida a una película, sino el cine pierde esa comunicación. Una lo goza más si comparte con otras personas que gustan del mismo espectáculo que uno ofrece. De hecho, hay películas que no las he visto porque no he tenido a alguien a mi lado que haya gustado de ellas.

- ¿Qué cine prefiere?
- El que más me gusta es el italiano, todo el período neorrealista y también el Fellini de 8 ½ (1963) o Amarcord (1973). Al mismo tiempo admiro mucho el realismo poético francés de los años ’30 y ’40: Marcel Carné, Jean Renoir, Julien Duvivier. Todavía cuando veo esas películas me siguen conmoviendo, a pesar de haber sido criticadas por ser filmes crudos, amargos. Jacques Prévert, gran poeta, fue uno de los guionistas de esa época.

En general, prefiero el drama íntimo, las películas de carácter social, eso me conmueve. El hombre de carne y hueso, los problemas sociales, políticos, existenciales.

Otra corriente que me encanta es la de Europa del Este de los ’50 y ’60, especialmente los polacos. Allí hay grandes películas y grandes directores como Andrzej Wajda, Roman Polanski y Krzysztof Kieslowski. Lo tienen todo, no sólo la técnica. Hay que reconocer que es un cine extraordinario.

Y por supuesto el ruso, principalmente Sergei Eisenstein. El díptico que hizo con Sergei Prokofiev, la forma en que lleva el ritmo del montaje y la música en Iván el terrible (Ivan Groznyy I, 1944) y su continuación, La conspiración de los boyardos (Ivan Groznyy II: Boyarsky zagovor, 1946), son dos joyas.

- ¿Por qué hay que ver los clásicos?
- Porque el clásico perdura a través del tiempo. Hay películas que hoy se estrenan y dentro de dos o tres años desaparecen, nadie las vuelve a ver. Los clásicos, en cambio, son los que crearon el cine, y por eso se pueden seguir disfrutando. Por eso pienso además que es muy importante mostrar el cine mudo, que hoy se ha perdido un poco. Era todo imagen, cine puro, como el que realizaba F.W. Murnau (nota: en el Cineclub La Rosa proyectamos Amanecer [Sunrise, 1927] con música en vivo) era uno de los grandes, a mi juicio el mayor director alemán, lástima que se murió tan joven.


- Nombró muchas, pero si tuviera que elegir tres películas que lo hayan impactado, gustado o emocionado, cuáles no podrían faltar.
- Una sería Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette, 1948), de Vittorio De Sica. Otra que le tengo mucho cariño es 8 ½ (1963) de Federico Fellini, y la tercera sería Les enfants du paradis (Los niños del paraíso, 1945), de Marcel Carné, que es una conjunción de todas las artes, una gran película filmada durante la ocupación alemana. En la Argentina, que se conoció con el título Sombras del paraíso, fue mutilada, se proyectó en una versión de 90 minutos cuando la original dura tres horas. Yo la tengo completa en 16mm.

- ¿Cómo se imagina el futuro de los cineclubes?
- Yo soy de los que aman el cine y los cineclubes, pero no sé si les veo mucho futuro. Creo que de a poco se va muriendo la pasión por el cine, y si bien es una cuestión económica, ya que sale más barato comprar una película trucha que pagar una salida al cine de toda una familia, pasan generaciones sin saber lo que es ir a una sala. Además, en otra época había muchos más cines, en cada barrio había tres o cuatro, los estrenos llegaban del centro a las pocas semanas, la gente se acostumbraba a ir a ver dos funciones seguidas… eran otros tiempos. Hoy el televisor achica todo. Hay cintas que deben verse en pantalla grande. El cine está hecho para ver en las salas. Cuando veo una película en un televisor siento que pruebo las películas, pero no las gozo. El verdadero goce está acá, en la sala.

En la casa uno puede pausar las películas, hablar por teléfono o comer. Ni hablar de lo que pasa en las salas que venden pochocho. Eso es algo que yo vi mucho antes de que llegue a la Argentina cuando viajé al Festival de Toronto, Canadá. No podía creerlo, “cómo va a estar un tipo comiendo pochoclo mientras ve una película”, pensaba. Al poco tiempo lo estaban vendiendo también acá…

- Pero así como un cineclub ayuda a descubrir una filmografía o un determinado tipo de cine, ¿no podría colaborar con la recuperación de esos espectadores que el cine comercial pierde?
- Sí, es posible, y también podría ayudar a recuperar una cultura cinéfila. El que va a un cineclub no va sólo a ver una película, va a mucho más que eso: a que le cuenten un poco de qué se trata la película, quién es el director, dentro de qué estilo se encuentra, la época. Yo trabajo mucho sobre eso, escribo, busco información, es parte de lo que uno le brinda al espectador, para que se lleve algo más que ver una película.

Entrevista de Emiliano Penelas
Programador del Cineclub La Rosa


La película de Alfredo
El cineasta Roberto Ángel Gómez está finalizando la edición de un documental llamado Alfredo Li Gotti, una pasión cinéfila.

El largometraje, que se filmó a lo largo de dos años, cuenta la vida y el amor de Alfredo por el séptimo arte y se introduce en el descubrimiento del particular mundo que existe dentro del coleccionismo cinematográfico. Seguramente en algún momento, luego de su estreno, la podremos compartir en el Cineclub La Rosa.

Las fotografías que ilustran esta nota son gentileza de Vanesa Pereira y fueron tomadas durante el rodaje del documental.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Feliz 2010

Ha finalizado la tercera temporada del Cineclub La Rosa. Fue breve porque la remodelación de la casa llevó más tiempo del esperado, pero el esfuerzo (superior también a cualquier previsión) ha valido la pena, y los resultados quedaron a la vista.

Por eso, a todos los que nos siguieron, soportaron la demora en el regreso, disfrutaron alguna vez con las películas proyectadas los esperaremos nuevamente a partir de marzo, para la cuarta temporada del Cineclub.

Y los que todavía no vinieron, sepan que tienen las puertas abiertas y serán bien recibidos. Con buen cine. Felicidades para todos.

Si desea suscribirse y tener novedades de las actividades, escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar

sábado, 5 de diciembre de 2009

Celebrando los libros: "Fahrenheit 451"

Felices con la reapertura de la Biblioteca, luego de una larga refacción de toda la casa, queremos celebrar con los amigos concurrentes al Cineclub La Rosa con una última función del año que sirva también para festejar los libros y la lectura. El miércoles 16 de diciembre a las 20 horas proyectaremos "Fahrenheit 451", de François Truffaut, basado en la novela de Ray Bradbury.

451 grados Fahrenheit es la temperatura en la que el papel empieza a arder. En un futuro en donde está prohibido leer los bomberos no salvan incendios, queman libros, buscan a quienes intentan quebrar las reglas y destruyen lo que encuentran en sus razzias.

Así pensó el futuro Ray Bradbury, el maestro de la ciencia ficción, cuando publicó quizás su obra más conocida, en 1953, y que 13 años más tarde llevara al cine François Truffaut, junto a Julie Christie y Oskar Werner, en una versión que para el escritor es "un noventa por ciento" fiel a su texto.


"Los libros sólo tienen dos olores: el olor a nuevo, que es bueno, y el olor a libro usado, que es todavía mejor", dijo Bradbury en una entrevista publicada por el diario El Mercurio de Chile, poco antes de cumplir 89 años, en agosto de 2009, y que reproducimos en la página de la Biblioteca.

A propósito, allí señalaba: "No creo que las bibliotecas estén obsoletas, y no permitiré que acaben con ellas, así me tenga que poner en medio para evitarlo".

Miércoles 16 de diciembre – 20 hs.
FAHRENHEIT 451
(Idem, Gran Bretaña, 1966, color, 112 minutos)
Dirección: François Truffaut.
Guión: François Truffaut y Jean-Louis Richard, sobre la novela de Ray Bradbury.
Fotografía: Nicolas Roeg.
Música: Bernard Herrmann.
Elenco: Julie Christie, Oskar Werner, Cyril Cusack, Anton Diffring, Jeremy Spenser y Alex Scott.


SINOPSIS
Historia de una sociedad en donde la palabra escrita está prohibida, los bomberos se encargan de quemar libros, la televisión aboba y a los rebeldes sólo les queda convertirse en hombres libro, memorizando sus obras y pasándolas verbalmente de generación en generación, como los antiguos rapsodas, los recitadores ambulantes de la antigua Grecia.

Guy Montag, un disciplinado bombero encargado de quemar libros, conoce a una revolucionaria maestra que se atreve a leer. De pronto, se encuentra transformado en un fugitivo, obligado a escoger no sólo entre dos mujeres, sino entre su seguridad personal y su libertad intelectual.

TRAILER


Previo a la película proyectaremos el cortometraje "LA PARABÓLICA" (España, 2007, 12 minutos), de Xavi Sala, Premio Especial del Jurado en el 6º Festival Internacional de Cortos de Punta del Este 2008.

Durante la retransmisión de la visita del Papa a Vicente se le rompe la televisión. Desesperado, decide construir una antena parabólica casera.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Reinauguración de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte

Tras una larga tarea de refacción de toda la Biblioteca, tenemos el placer de contarles a todos los amigos que estamos de vuelta. El viernes 4 de diciembre a las 20 horas, en Austria 2154, los esperamos para brindar por la noticia.



El Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, hogar del Cineclub La Rosa, reabrirá sus puertas el viernes 4 de diciembre a las 20 horas, con un pequeño acto en el cual estaremos celebrando este año complicado pero lleno de cosas positivas, como haber refaccionado integralmente nuestra casa.

Los arreglos incluyeron la refacción general, pintura e iluminación de todos los salones y el frente, remodelación integral de los baños y parte del mobiliario interno. Además, se han pulido y lustrado los pisos de madera y mosaicos de la sala de lectura, administración y biblioteca, se ha construido un escenario y colocado un cortinado e iluminación especial para los actos.

Es por eso que los esperamos en Austria 2154 para brindar y festejar juntos la buena nueva, y un 2010 con más actividades culturales.
 
Para más información visiten la página de la Biblioteca: http://www.carlossviamonte.com.ar/

martes, 3 de noviembre de 2009

Una pasión que sigue brillando en la noche

Reproducimos un artículo publicado hoy en el diario Página/12 en el cual se hace referencia a nuestro Cineclub, con declaraciones del director, Emiliano Penelas, y del diputado porteño Raúl Puy, quien a instancias nuestras presentó un proyecto de fomento a la actividad en la Legislatura porteña.



Proyectan en espacios poco convencionales, subsisten con el aporte de sus socios o la colaboración a la gorra. Pero a pesar de ser parte esencial del circuito cultural porteño, los cineclubes de la ciudad están legalmente a la intemperie.

Funcionan en casas tomadas, en habitaciones especialmente acondicionadas o en salas oficiales. Algunos proyectan películas de dudosa legalidad; otros preestrenan superproducciones. Sirven café, tortas, copas de vino. Cobran cuota mensual, bono contribución o simplemente pasan la gorra. Los hay especializados en clásicos, los hay vanguardistas. Antiguos reductos para entendidos, los cineclubes son un muestrario de emprendimientos que pugnan entre crisis y nuevos hábitos de consumo por diversificar la estancada variedad de oferta. “Buscamos formar un público que pueda romper con los hábitos audiovisuales adquiridos por la imposición del mercado cinematográfico estadounidense, y que pueda estar abierto a otras culturas poco difundidas”, señala Ernesto Flomenbaum, al mando del cineclub TEA, que ideó en 1988.

Sin embargo, pese a lo arraigados que están en el circuito cultural, resulta difícil establecer con exactitud cuántos de estos emprendimientos hay en Capital Federal. “Aparecen y desaparecen con gran velocidad, e incluso hay propuestas que no se asientan”, afirma el delegado de la regional Buenos Aires, una de las diez que conforman la Federación Argentina de Cineclubes (FACC), Carlos Müller, quien además programa sus propios ciclos en el cineclub Dynamo.

Siempre al margen de la parafernalia comercial y alejada de los parámetros de exhibición tradicional, este movimiento encuentra su génesis en 1928, cuando el entonces crítico León Klimovsky (décadas después también director y guionista) comenzó a idear lo que un año más tarde sería el Cine Club Buenos Aires. Desde la surrealista Un perro andaluz hasta los primeros dibujos animados de un por entonces ignoto Walt Disney, este espacio exhibió decenas de films destinados a ser clásicos. El proyector se apagó cuando culminó la temporada de 1931, y al año siguiente ya no se encendió. La calidad del material exhibido fue insuficiente ante la escasez de público y la falta de archivo propio.

Pero Klimovsky aprendió (y aprehendió) la lección y dedicó los años posteriores a coleccionar films y a pensar una ingeniería financiera junto su nuevo socio, otro cinéfilo tanto o más apasionado que él, Elías Lapzesón. Los números cerraron en 1937 y fundaron el Cine Arte. Entre los miles de espectadores que concurrieron al cine Baby (hoy teatro ND/Ateneo) y luego a la sala Cine Arte –construida en 1941 gracias al éxito de las de 160 funciones proyectadas durante cuatro temporadas– estaba Salvador Sammaritano. La cinefilia de este quinceañero quedó huérfana cuando las salas comerciales y la economía indómita e impredecible de la posguerra provocaron que el binomio cerrara definitivamente su espacio en 1945.

Pasó menos de una década para que el vicio de aquel adolescente deviniera en profesión. En agosto de 1954, el entonces estudiante de abogacía encabezó un “núcleo de jóvenes amigos del cine”, tal como rezaba el programa, que alistó un viejo Kodascope y proyectó el film mudo La carreta, del norteamericano James Cruze. Era la primera función de las casi 7200 que tiene el Núcleo en su haber.

El Núcleo cuenta con el apoyo fundamental del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, que los domingos y martes le cede una sala del antiguo Gaumont –hoy Espacio Incaa Km 0– para sus ciclos de retrospectivas y preestrenos, respectivamente. “Nosotros subsistimos con la cuota de los socios. Si bien pagamos los impuestos cinematográficos y nos hacemos cargo de los gastos durante la función, el grueso del costo es el espacio”, explica Alejandro Sammaritano, director desde 2001, cuando su padre Salvador enfermó. Carlos Affur, mandamás del Buenos Aires Mon Amour (BAMA), comparte la visión de su colega: “El lugar es fundamental, te allana gran parte del camino”.

El siguiente escollo es la inversión y la futura rentabilidad, o no, del proyecto. Affur afirma que el acondicionamiento del departamento de San Telmo donde se instalaron hace un año les demandó entre 10 mil y 15 mil dólares, que lentamente recuperan con el bono contribución que cobran en cada función.

Sin embargo, el riesgo económico podría reducirse si la Legislatura porteña diera luz verde al proyecto de ley presentado por el diputado de Diálogo por Buenos Aires, Raúl Puy, que contempla la creación de un Registro Unico de Cineclubes y el otorgamiento de un subsidio anual por un “valor similar a cinco remuneraciones mínimas del personal de planta permanente del Ministerio de Cultura”. Según el Centro Documental de Información y Archivo Legislativo (Cedom), esta iniciativa se presentó en octubre de 2008 y fue girada en noviembre a las comisiones de Cultura, y de Presupuesto, Hacienda, Administración Financiera y Política Tributaria, ya que implica la erogación de dinero por parte del Estado.

“Dentro del concepto macrista de la cultura será muy difícil que la traten”, vaticina Emiliano Penelas, asesor del funcionario y programador de los cineclubes La Rosa y de la Asociación Cristiana de Jóvenes, en sintonía con el pensamiento de Puy: “Mi impresión es que no va a ser tratado en la actual Cámara. Creo que no le están dando la importancia que merece”, se queja el legislador. A dos meses de la renovación de las Cámaras y comisiones, aún descansa en Cultura.

“Ideamos este proyecto basándonos en la Ley de Protección y Fomento de Bibliotecas Populares”, agrega el también director de fotografía, en referencia a la normativa sancionada en 2006 y reglamentada un año después, que otorga a esos espacios autónomos una suma anual para la compra de material bibliográfico y desarrollo de actividades sociales.

El proyecto de Puy busca “la protección, el desarrollo y el fomento”, según reza su fundamento, pero deja de lado la forma y el contenido de las proyecciones, dos aspectos que conforman una tendencia que genera posiciones encontradas entre los miembros del movimiento: la exhibición de películas ilegales.

“El público sigue privilegiando ver cine en el cine antes que en un televisor o la computadora”, reflexiona el rosarino Alfredo Scaglia, presidente de la FACC y director del cineclub de su ciudad, cuando se lo consulta vía mail sobre la piratería. Amada por quienes no imaginan la divulgación del cine sin ella, odiada por los puristas que aún creen en la sublimación que produce una sala a oscuras, el fílmico y la inmensidad de la pantalla blanca donde repentinamente se dibuja una historia en movimiento, la descarga de películas de Internet es para todos una realidad latente.

Ante esa competencia, los cineclubistas coinciden en señalar la importancia del programador, cuyos criterios de elección le dan a cada espacio una impronta propia y distintiva. Desde el BAMA y su apuesta por las óperas primas que circulan por festivales hasta La Gomera y sus ciclos de animación y cine oriental, una programación lógica y coherente forja un séquito de seguidores incondicionales ávidos por una plusvalía que complemente la visión de una película. “El cineclub tiene una función cultural de difusión, discusión y enriquecimiento de la apreciación del cine dirigida al espectador común”, señala Flomenbaum. Pero esta diversificación es quizás utópica ante los infinitos vericuetos de la burocracia. Sin reconocimiento por parte del Instituto de Cine y desamparados ante la ausencia de un marco jurídico que organice y regularice la actividad, algunos sienten que esa falta de apoyo los ubica al margen de la ley.

“Queremos abastecernos de películas que no encuentran un lugar en la cartelera comercial, ser un lugar alternativo y no un espacio clandestino. Es importante lograr un reconocimiento, ya que así tenemos un crecimiento bastante acotado”, se quejan desde el BAMA. Para el delegado porteño de la FACC, Carlos Müller, el mayor problema no es la subsistencia sino “la dificultad para asentar el movimiento y para saber cuáles son las reglas de la exhibición alternativa”. De allí que la Federación planee un encuentro en el inminente Festival de Mar del Plata, con varias entidades de todo el país. “Estamos analizando cómo podemos insertarnos en la ley de Cine. Tenemos que presentarle alguna propuesta interesante al Incaa para que nos considere. Estamos recorriendo un camino trabajoso, pero bien posible”, se esperanza el dirigente.

Sin embargo, hay muchos cineclubes que difícilmente consigan amparo bajo el paraguas judicial. Ejemplo paradigmático es un espacio que funciona en una casa tomada en Barracas. Allí, a cambio de una colaboración a voluntad, se ofrecen las películas que están en la cartelera comercial bajadas de Internet. El delegado porteño sabe que el Incaa difícilmente apoye una iniciativa semejante. “No le vamos a decir a un cineclub que queda afuera de la Federación. Todos los cineclubes son bienvenidos y tienen nuestro apoyo, pero no podemos pretender que la ley de Cine los incluya también a ellos –asegura Müller–. El Instituto tiene intereses con los distribuidores y exhibidores. Además, la entrada en el circuito legal implica el abono de un impuesto cinematográfico que no todos están dispuestos a hacer. Por eso pensamos en la categorización de las membresías, estableciendo una diferencia entre las plenas y las adherentes. La FACC no puede imponerles a nuestros miembros el cobro de una entrada mínima o que pasen determinada película”, concluye el programador del Dynamo.

Entre debates y discusiones internas, con los bolsillos vaciados de dinero pero cargados de voluntad, compartiendo café o vino, al aire libre o en salas comerciales, mientras existan películas que merezcan difusión, que disparen ideas y reflexiones, los proyectores seguirán imaginando verdades a 24 fotogramas por segundo.

Por Ezequiel Boetti
Diario Página/12, martes 3 de noviembre de 2009.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Los ganadores de Punta del Este

Con éxito culminó el Séptimo Festival Internacional de Cortometrajes de Punta del Este, mALCINE 2009, que se desarrolló del 29 al 31 de octubre en la Sala Cantegril de la ciudad uruguaya. Aquí, todos los premiados.



Ha finalizado una nueva edición del festival más importante de cortos del Uruguay, organizado por Maldonado Cine, que entre el 29 y 31 de octubre mostró producciones de más de diez países Iberoamericanos. La Biblioblioteca Popular y Centro Cultural Carlos Sánchez Viamonte colaboró, como en años anteriores, con la recepción de cortos en Buenos Aires, a través del Cineclub La Rosa.

Como todos los años mALCINE sigue apostando al crecimiento del cine uruguayo y la región, ofreciendo una pantalla a los nuevos realizadores para que se conecten con su público.

El Jurado, integrado por Pepi Goncalvez (productora ejecutiva uruguaya), Agustina Larrea (representante de Canal (á), Argentina) y Gustavo Iribarne (Presidente de la Federación de Críticos del Uruguay) resolvió otorgar los siguientes premios:

Corto Ficción
Primer Premio: “Manual práctico del amigo imaginario”, de Ciro Altabás (España).
Mención para “Sinsabor”, de Pablo Pérez (Argentina), y “No me ama”, de Martín Piroyansky (Argentina).

Corto Animación (Premio Beca Animation Campus)
“Toshio: la verdadera historia del Tentáculo”, de Pablo Praino (Uruguay).

Corto Experimental
“Paseo”, de Emiliano Penelas (Argentina).

Corto Videominuto
Declarado desierto.

Mejor Corto Uruguayo (ICAU)
Primer Premio: “Toshio: la verdadera historia del Tentáculo”, de Pablo Praino (Uruguay).

Mención para “Mix Tape”, de Marcelo Rabuñal (Uruguay).

Premio Documental Canal (á)
Primer Premio: “Diagonal/90 – Rock de la Plata”, de Damian Vidal (Argentina).

Mención para “Apuntes sobre la costa”, de Matías Buzzalino (Argentina).

Premios del Jurado Joven de SIGNIS
El Jurado SIGNIS OCIC Uruguay, coordinado por la guionista Graciela Garzelli (Argentina) y presidido por Ignacio Veliovich (Uruguay), e integrado por Sol Scavino, Richard Guerra y Mercedes Bosco (todos de Uruguay) decidió otorgar una mención a "Viejas costumbres", de Francisco Guaita (Ecuador), “Mix Tape”, de Marcelo Rabuñal (Uruguay) y “No me ama”, de Martín Piroyansky (Argentina). El primer premio correspondió al corto "Depois das nove", de Allan Ribeiro (Brasil).

La novedad del Séptimo Festival Internacional de mALCINE fue la 1° Edición del Concurso de Cuentos, con la idea de que el elegido sea filmado en el transcurso de 2010.

Los cortos ganadores serán exhibidos en siete pueblos del interior del Departamento de Maldonado, y en una futura función del Cineclub La Rosa.