jueves, 6 de enero de 2022

Hasta luego, Peter

Genial cineasta, también cinéfilo y crítico, hoy falleció Peter Bogdanovich. Lo recordamos con un diálogo con Orson Welles sobre La dama de Shangai (que proyectamos en el Cineclub La Rosa), fragmento del libro Ciudadano Welles, en el catálogo de la Biblioteca.


PB: ¿Cuál fue la reacción general hacia ella en Hollywood?
OW: Los amigos me esquivaban. Donde quiera que se mencionaba la película la gente se aclaraba la garganta, carraspeaba y cambiaba de tema muy rápidamente en consideración a mis sentimientos. Sólo descubí que se la valoraba como una buena película cuando me fui a Europa. La primera cosa agradable que oí decir de ella a un norteamericano fue de labios de Truman Capote. Una noche en Sicilia recitó de memoria palabra por palabra, páginas enteras del diálogo.

PB: Supongo que eso puede llamarse ir por delante de la época.
OW: También puede llamarse tener problemas.

PB: ¿Cómo llegaste a hacer la película?
OW: Yo estaba trabajando en la versión teatral de La vuelta al mundo en ochenta días y el día del estreno estábamos en Boston imposibilitados de retirar el vestuario de la estación, porque se debían 50.000 dólares y nuestro productor, el señor Todd, estaba en quiebra. Sin aquel dinero no podíamos abrir el teatro así que llamé a Harry Cohn, a Hollywood, y le dije:
- Tengo una gran argumento para ti si me envías 50.000 dólares por giro telegráfico en el plazo de una hora. Te firmaré el contrato para hacer la película.
- ¿Qué argumento? -quiso saber Cohn.
Yo estaba telefoneando desde un teléfono público en las cercanías de un kiosco de periódicos que ofrecía una serie dc novelas en rústica. Leí el título de una de ellas, La dama de Shangai, y le dije:
- Compra los derechos de la novela y te haré la película. Una hora más tarde recibíamos el dinero.

lunes, 3 de enero de 2022

Para nosotros la libertad

La civilización no suprime la barbarie: la perfecciona.
Voltaire


El reloj de la Catedral de Estrasburgo, Francia, es un reloj astronómico, obra maestra única del Renacimiento. Fue creada por matemáticos, artistas y destacados hombres de su tiempo. Se instaló en el siglo XIV, entre 1352 y 1354. Estaba equipado con componentes extraños para su época. En el reloj había un gallo dorado y tres reyes bíblicos frente a la imagen de la Virgen.

En 1931 René Clair dirige un film emblemático: À nous la liberté. Es, entre otras cosas, una crítica a la deshumanización de la era industrial. La cinta inspiró al genial Chaplin para Tiempos Modernos. La película de Clair es una bella parábola sobre las cosas verdaderamente importantes en la vida. Digamos que era una película amada por los viejos socialistas y libertarios de su tiempo. Había un sueño, una utopía, una armonía colectiva. Percibía expresiones profundas y libres del ser humano.

Vivimos un mundo de contradicciones y distopías. El futuro – hay científicos, hombres de pensamiento, intelectuales que trabajan desde hace años el tema – es complejo y en principio sin muchas esperanzas. Es el universo de las máquinas, de la ingeniería genética, de la dictadura tecnológica. Lo observamos de manera cotidiana a nuestro alrededor. En los hogares, en las calles, en las confiterías, en las escuelas. En los cines. Por supuesto que la tecnología puede mejorar al ser humano, pero no hablamos de eso. Hablamos de lo que se ha denominado el transhumanismo. Detrás ingenieros sociales, el aislamiento de una realidad virtual, una robótica sin límite. Una pérdida de la libertad, de la conciencia crítica. No olvidemos que el transhumanismo “propugna el uso de la manipulación genética y la nanotecnología como métodos para mejorar a las personas”.

Recordemos que fue descrito por Francis Fukuyama como «la idea más peligrosa del mundo». Ronald Bailey considera lo opuesto: “es un movimiento que personifica las más audaces, valientes, imaginativas e idealistas aspiraciones de la humanidad”. Hay que volver sobre las Jornadas de Filosofía e Inteligencia Artificial que se llevó a cabo en Cataluña en 2019. Veamos un fragmento. “El transhumanismo es la nueva utopía del siglo XXI; viene a decir: vamos a cambiar la evolución”, dice un estudioso del tema, el urbanista Albert Cortina. Y observa que todo esto tiene detrás a las grandes corporaciones de Silicon Valley. En efecto, es muy posible que estas ideas no hubieran salido nunca de un ámbito ciberpunk si no fuera porque su gran apologeta es nada menos que el director de ingeniería de Google, Raymond Kurzweil, por más señas inventor (diseñó, siendo muy joven, una máquina lectora para ciegos), teórico visionario, un hombre empeñado en la prolongación de la vida, especialmente la suya propia”. Algo más. “La máquina, por exceso de datos, puede llegar a manipularte –reconocía Núria Agell, matemática de Esade–. Ya tenemos las máquinas que nos están superando en capacidad de cálculo, memoria y velocidad. Pero se está investigando en la interacción persona-IA, en introducir nuevas formas de razonamiento; se tiene que intentar trabajar con etiquetas lingüísticas valorativas, que sirvan para tomar decisiones con el razonamiento que nosotros los humanos utilizamos”.

Estimado lector, desde mi juventud los libros me acompañaron con pasión. Desde Julio Verne hasta George Orwell, pasando por Huxley, Thoreau, Bradbury, H.G.Welles, Arthur Clarke, Mary Shelley o nuestro Bioy Casares. Comienzo 2022 escuchando a Edvard Grieg. Compositor y pianista noruego, como usted sabe, uno de los representantes del romanticismo musical. Si, por supuesto: Peer Gynt, La mañana, sin duda.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 1 de enero de 2022

miércoles, 10 de noviembre de 2021

El Cineclub La Rosa, en el "Directory of Analog Film Exhibitors"

Gracias a Chicago Film Society, el Cineclub La Rosa forma parte del "Directory of Analog Film Exhibitors", que recopila todos los espacios en donde se proyectan películas en fílmico a lo largo de todo el mundo, incluyendo cines, salas, festivales, museos y grupos itinerantes.

El proyecto comenzó en 2013 catalogando exhibidores de películas analógicas, y el Cineclub La Rosa, dirigido y programado por Emiliano Penelas, fue una de las primeras organizaciones internacionales en incluirse. Hoy en día, el directorio incluye espacios que proyectan tanto en digital como analógico, en 16mm o formatos más pequeños, pero no en 35mm. 

Como señala en su presentación, "la intención del proyecto es documentar la amplia gama de escenarios de exhibición de películas analógicas en todo el mundo, proporcionar un recurso práctico para los espectadores que desean ver películas en estos formatos y ayudar a los cineastas, archivos y distribuidores de películas a investigar lugares potenciales para sus trabajos.

La dirección para ver el directorio es https://www.sprocketschool.org/wiki/List_of_analog_film_exhibitors. También pueden seguir este proyecto en Twitter en @analogdirectory 

Agradecemos especialmente a Rebecca Hall, de Chicago Film Society, por el contacto y el trabajo de mantener actualizado el directorio. Pueden conocer más en https://www.chicagofilmsociety.org/

lunes, 18 de octubre de 2021

viernes, 15 de octubre de 2021

Cactus de cine

La Biblioteca incorporó a su catálogo a dos autores clásicos del cine francés, que también teorizaron sobre el séptimo arte en sus inicios: Jean Epstein y Abel Gance, en prolijas ediciones de Cactus. 



domingo, 10 de octubre de 2021

Hitchcock y Eisner para leer

Escritos y entrevistas de Alfred Hitchcock, y el histórico ensayo de Lotte Eisner sobre el cine clásico alemán se incorporaron al catálogo de la Biblioteca gracias a la última compra realizada con el programa Libro% de la Conabip.  


Por si no lo sabían, la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte cuenta con una gran cantidad de volúmenes dedicados al cine.


viernes, 8 de octubre de 2021

Valentino en Buenos Aires

Por gentileza de Gourmet Musical, ya tenemos a disposición en el catálogo de la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte el libro Valentino en Buenos Aires. Los años veinte y el espectáculo, de Sergio Pujol.

La gran estrella del cine internacional nunca estuvo físicamente en la Argentina, pero Rodolfo Valentino fue el gran símbolo del espectáculo en tiempos del surgimiento de la cultura de masas. Entre el Centenario y la crisis económica mundial de los años treinta, una ciudad sobrepoblada de nativos e inmigrantes y enriquecida por las exportaciones agropecuarias se convirtió en uno de los mayores centros productores y consumidores de las nuevas formas y encarnaciones del arte popular, como apunta la reseña del libro. 

Durante los años locos, a la vez marco temporal y protagonista verdadero de esta investigación, el teatro criollo vivió su época de gloria, compitiendo por el fervor popular con el cine y la ópera. El desarrollo pionero de la radio no solo cambió radicalmente los modos de la comunicación sino que promovió con fuerza el crecimiento del tango, género que, abundantemente grabado, atravesó un período de profunda renovación. En paralelo con el auge de la música porteña, el jazz devino en referente de la modernidad sonora, la avanzada de una idea de música global que encontraría entre los porteños un público informado y fervoroso. De la explosión de la cultura popular y su influencia en los cambios sociales, políticos y económicos que transformarían el país trata este libro ameno y esclarecedor de Sergio Pujol. 

Acerca de su primera edición, ahora corregida y actualizada, Blas Matamoro escribió: «Preciso en sus fuentes, infatigable en sus pesquisas, rápido y divertido en su relato, Pujol nos sigue proponiendo la gran historia de la pequeña cultura.»

jueves, 16 de septiembre de 2021

Pesar por el fallecimiento de Enrique Acuña

El psicoanalísta y escritor, que desarrolló actividades durante cinco años en el Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, también presentó un documental propio en el Cineclub La Rosa. Acompañamos a sus seres queridos en este momento. 

En 2015, como cierre del I Coloquio de A.A.GUA. -Asociación Amigos Guaraníes- "El bilingüismo del otro", Enrique Acuña presentó en el Cineclub La Rosa su documental Karaí -Los caminos del nombre-, la historia de una curación sagrada en la cultura mbya-guaraní, función 194 de nuestra Temporada IX.

Acuña era médico, psicoanalista, escritor y docente. En la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte organizó y dictó junto a docentes invitados los Seminarios Clínicos de psicoanálisis entre 2015 y 2019; Jornadas de la Red AAPP (Asociaciones Analíticas y Publicaciones Periódicas); y Coloquios de la Asociación Amigos Guaraníes (AAGUA).

sábado, 19 de junio de 2021

La apasionante historia de Alice Guy, la olvidada pionera del cine de ficción

Al principio de los tiempos no había nada. Luego, vinieron el firmamento, los animales y la humanidad. Y en 1985, los primeros cineastas cogieron la creación y la encapsularon en un celuloide. Siempre ha habido discusión entre quién fue el inventor del cine. La corriente más extendida en Europa habla de los hermanos Lumière, quienes hicieron la primera proyección cinematográfica en el Salón Indio del Gran Café del Boulevard de París. Pero muchos estudiosos de la materia se refieren al estadounidense Alva Edison, inventor del primer proyector, el kinetoscopio, como el verdadero protagonista.


Aunque el debate siempre ha bailado entre estos dos nombres, hasta bien entrado el siglo XX no se había contemplado la figura de Alice Guy Blaché como la verdadera inventora del Séptimo Arte tal y como lo conocemos. Fue ella quien se ocupó de insuflarle una narrativa a los relatos que aparecían en la pantalla. Quizás sin su figura, el cine habría tardado mucho más en dejar de ser documental –la idea de los Lumière era recoger testimonios audiovisuales de lo que pasaba a su alrededor, con fines científicos, como se puede ver en Llegada de un tren a la estación de la Ciotat o El regador regado– y pasar a contar historias con las que soñar. Y para ello no solo hizo de guionista sino que interpretó el oficio de primera mujer directora de cine del mundo.

Alice Guy Blaché nació en el seno de una familia de clase media, y orígenes chilenos, en una pequeña población de Francia, Saint-Mandé, en 1873. Su padre era escritor y editor y le contagió a la francesa el amor por la literatura y las artes. En su veintena y tras la muerte de su padre, se formó como mecanógrafa para poder así mantener a su madre viuda y a sus cuatro hermanos. Comenzó a trabajar de secretaria para Léon Gaumont, un fotógrafo que entonces hacía sus pinitos en el cine primigenio desarrollando los proyectores de la época. Esto la llevó a conocer a Louis Lumiére y a todos los cinéfilos que estaban embelesados con las posibilidades de este nuevo invento. La mente de Alice se llenó de fantasías y le pidió a su jefe que le permitiese hacer una película.

El título de su primera obra fue El hada de los repollos (La Fée aux Choux, 1896), la primera adaptación literaria del mundo sobre un popular cuento europeo en el que los bebés varones nacen en repollos y las niñas en rosas. A pesar de las negativas de los Lumière, que no pensaban que el proyecto fuese a funcionar por ser mera ficción, fue todo un éxito. Gaumont la nombró productora jefe de la compañía.



Alice continuó con su sueño, luchando por mantenerse económicamente a través de la profesión. En 1906 llegó a realizar una película, La vida de Cristo, con más de 300 extras rodada en exteriores reales, los jardines de Fountainebleu. Aunque su vida cambió drásticamente un año después, cuando conoció a su marido, Hebert Blaché, un camarógrafo que trabajaba para la misma compañía que ella, pero en la sede británica, y con el que tuvo dos hijos.

Las aspiraciones de la pareja parecían ir al unísono. Al poco tiempo de conocerse se fueron a Estados Unidos para intentar abrir una filial de Gaumont en Nueva York. En 1910, se desvinculó del proyecto para crear el mayor estudio cinematográfico, precursor de Hollywood, The Solax Company, cuando su primer hijo tenía solo unos meses. Embarazada del segundo, creó otro referente estudio de cine, Fort Lee. Se dice que en empapeló las calles con el nombre de su estudio y el lema "Sé natural". En estos años realizó tres películas a la semana, haciendo un total de casi mil films con técnicas innovadoras y de todo tipo de géneros (western, comedias, dramas…). La Metro Goldwyn Mayer distribuyó sus realizaciones hasta 1918. Todo eran éxitos hasta entonces. Pero la carga de trabajo y su familia le obligaron a ceder el poder de Solax a su marido. Lo nombró director y ella se centró en escribir.


Cinco años después de montar este primer proyecto, Herbert la abandonó a ella y a sus hijos tras las faldas de una actriz con la que se mudó a Los Ángeles. En 1922 se separaron oficialmente y Alice, a pesar de haber sido una prolífica artista, se vio obligada por la presión de las deudas a subastar su estudio y posesiones. Volvió a Francia y nunca más dirigió una película. Con el tiempo, y la compañía de su hija, se mudó a Wayne, Nueva Jersey, donde pasó sus últimos años.

Murió en 1968 en un asilo de ancianos, desprovista del reconocimiento que se había labrado a lo largo de su historia. Aunque en la década de los 40 había escrito una autobiografía con un registro de todas sus películas e historia, no llegó a trascender. Intentó hablar con sus colegas de profesión –muchos de ellos, incluso su marido, se habían otorgado el mérito de sus metrajes– e historiadores de cine sin mucho éxito. A día de hoy, se sigue trabajando por devolver el reconocimiento y autoría a Guy. El primer éxito reseñable de sacarla del olvido fue una obra de la periodista Alison McMahan, Alice Guy Blaché: una visionaria olvidada del cine, publicada en 2006. En 2016, lo hizo en España la investigadora Alejandra Val Cubero, con la publicación Vida de Alice Guy Blaché.

Esto es solo una confirmación más de que la historia ha condenado a la mujer en un segundo plano. Mujeres que cambiaron el rumbo de la humanidad o que hicieron pequeños inventos que hicieron nuestra vida más fácil. Ejemplos de ello son también Ada Lovelace, hija de Lord Byron, como la primera programadora de ordenadores. O la actriz Hedy Lamarr, creadora del Wifi. Como ellas, miles de féminas a lo largo de la historia tuvieron que recurrir a sus padres, maridos, hermanos o compañeros de trabajo para poder compartir sus inventos con el mundo. Llevándose ellos todo el reconocimiento y borrando a las mujeres creativas y luchadoras de los libros de Historia.

Ana Arjona
Vanity Fair, marzo de 2021

 

lunes, 14 de junio de 2021

Gracias, Alex De la Iglesia

A raíz del Centenario Berlanga, Alex De la Iglesia publicó en su cuenta de Twitter la mención que hicimos a sus palabras despidiendo a Luis García Berlanga