Reproducimos la entrevista a José Martínez Suárez publicada hoy en La Nación a propósito del comienzo del 28º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, con la satisfacción de que Josecito sea Socio Honorario de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte y el haber podido realizar este año un ciclo dedicado a todos sus largometrajes.
José Martínez Suárez recorre su infancia junto a las hermanas Legrand, su influencia en el Nuevo Cine Argentino y su labor al frente del Festival de Mar del Plata, que comienza hoy.
Por Hugo Beccacece | Para LA NACION
Es como si uno hablara con Funes, el memorioso, o con Wikipedia. José Martínez Suárez ("Josecito", como todos lo llaman) es un testigo excepcional de la cultura argentina y uno de los cineastas más importantes de la generación de 1960, que cambió la estética y la forma de producir en la Argentina, pero, a la vez, el espíritu de sus films (El crack, Dar la cara, Los chantas, Los muchachos de antes no usaban arsénico, Noches sin lunes ni soles) se entronca con la mejor tradición de la época dorada de la cinematografía local. Su influencia se extiende hasta la actualidad por medio de sus películas y de quienes fueron discípulos de su taller (los directores Juan José Campanella, Lucrecia Martel, Gustavo Taretto, el ensayista David Oubiña). En 2008, cuando lo nombraron presidente del Festival Internacional de Mar del Plata, dejó de dar clases para dedicarse por completo a la nueva tarea. "Dirigirlo es el mejor trabajo de mi vida porque es el más difícil. El festival debe ser una fiesta para todos. Este año, recibimos 2500 películas y seleccionamos más de 400. En la muestra oficial, hay 16, dos son argentinas, La laguna yFantasmas de la ruta." El prestigio que recuperó el festival, cuya 28° edición se inaugura esta noche, es el producto de su conocimiento, energía e imaginación.
Martínez Suárez siempre fue curioso. Todo le interesa, pero hay dos cosas que prefiere: leer y ver cine. Su autor predilecto es Jorge Luis Borges, pero no deja de mencionar a Graham Greene, Somerset Maugham, Raymond Chandler, y a una serie de autores húngaros que no son Sándor Márai. La literatura centroeuropea es una de sus debilidades. Hace unas semanas, se publicó Estoy hecho de cine, un libro de conversaciones de Martínez Suárez con Mario Gallina, que detalla las peripecias de una vida marcada por la vocación.
- La historia de su niñez y de la de sus hermanas, Mirtha y Silvia Legrand, tiene cierto parecido con Bellísima, la película de Luchino Visconti en la que una madre [Anna Magnani] lucha para convertir en estrella a su pequeña hija.
- Hay algo de eso. Mi madre hizo que estudiáramos de todo. En Rosario, yo estaba pupilo en el Colegio del Sagrado Corazón; mis hermanas, medio pupilas en el María Auxiliadora. Además, en forma privada nos enseñaban piano, inglés, francés, zapateo americano. Mis hermanas, ya en Buenos Aires, iban a tomar clases de baile con Lida Martinoli, la primera bailarina del Colón.
- Usted, pupilo de un colegio religioso, ¿cómo se convirtió en un agnóstico?
- Porque fui a un colegio religioso. [Se ríe] Nací pared por medio del cine de la Sociedad Italiana de Villa Cañás. Mi ámbito de juegos y de fantasías era el cine. Cuando "Chiquita" y "Goldie" empezaron a hacer películas, yo me convertí en el hermano más sumiso del planeta, el que siempre estaba vestido para acompañarlas, porque el acompañamiento significaba entrar en los estudios de Argentina Sono Films, San Miguel, Lumiton, Río de la Plata. En Lumiton, ayudaba un poco en todo. Un día, me llamaron de la administración. Me dieron un sobre con sesenta pesos. Me habían tomado. Con el tiempo, fui asistente de Vatteone, Lugones, Christensen, Tinayre, Borcosque, Cahen Salaverry, Demare, Torre Nilsson, qué sé yo...
- Su primera película, El crack, es de 1960. ¿Cómo llegó a la dirección?
- En 1959, los productores se dieron cuenta de que estaban pagando mucho a hombres que se limitaban a decir "Cámara" y "Corten". Apareció un grupo más joven: Manuel Antín, Osías Wilenski, Rodolfo Kuhn, Ricardo Alventosa, Enrique Dawi, Fernando Birri, David José Kohon. En esa camada, "la generación del 60", había un grupo que seguía a la nouvelle vague francesa, y otro, del que yo era parte muy activa, que estaba más cerca del neorrealismo italiano. A mí me interesaban Rossellini, De Sica, el Fellini del comienzo, Pietro Germi, Luigi Zampa, no tanto Antonioni, no tanto Visconti.
Las películas de Martínez Suárez son corales, salvo Noches sin lunas ni soles, un policial negro en el que el protagonista es claramente Alberto de Mendoza, y todos esos films, menos Los muchachos de antes no usaban arsénico, retratan o denuncian una situación social. El crack muestra la mafia que se mueve alrededor de los jóvenes deportistas. Dar la cara, con libro de David Viñas, refleja la agitación de los jóvenes de la década de 1960, que, terminado el servicio militar, deben ocupar un lugar en el mundo. Es un notable fresco social en el que se enfrentan los estudiantes de derecha (Héctor Pellegrini) y los de la izquierda nacionalista (Luis Medina Castro), los ricos aspirantes a productores de cine de vanguardia (Pablo Moret) y los trabajadores humildes y populares (Leonardo Favio). Los muchachos de antes no usaban arsénico, en cambio, es un raro y valioso ejemplo de humor negro en el cine argentino.
- Usted siempre dijo que una clave importante de su obra es la amistad. Pero también hay otra constante: todas esas historias terminan en fracaso.
- Tengo una respuesta. Un día, en mi pueblo, cuando terminó una película con el beso del muchacho a la muchacha, cuando todo el mundo sonreía, le pregunté a mi mamá: "Y a él, al día siguiente, ¿no le pueden doler las muelas?" Tenía ocho años. Otra anécdota: mucho después de hacer Dar la cara, cada tanto, nos encontrábamos con David Viñas a tomar un café. Un día, fantaseamos con hacer la continuación de aquella película: Pablo Moret, el que había querido ser productor de cine de vanguardia, producía películas pornográficas; Medina Castro, el izquierdista, trabajaba para compañías multinacionales; Leonardo Favio heredaba el quiosco de su padre, recogía el dinero y después se iba a jugarlo a las carreras de caballos.
- La música tiene un papel muy importante en sus producciones. Tuvo a Astor Piazzolla en El crack y al "Gato" Barbieri en Dar la cara.
- A Piazzolla le hablé en las escalinatas de Alex para pedirle una composición: Tzigane Tango. En Dar la cara, lo llamé al "Gato" Barbieri. En las otras películas, trabajé con Tito Ribero. Soy un apasionado de Nino Rota. Como aprendí música, trabajé muy cerca de Tito. Me gusta tener un solo tema en mis films, con distintos desarrollos: el dramático, el humorístico, el tenebroso. Nos costó bastante dar con el tema de Los muchachos de antes no usaban arsénico. Es un ritornello. En la película, hay muchos guiños. En un momento, el personaje de Mario Soffici dice: "¿Cómo se llamaba ese muchacho que trabajaba en la película de Soffici?" Es el cine dentro del cine. Siempre hay algo así en mis films. Para que el espectador se pregunte cuál es la realidad y cuál la ficción.
- Usted es un gran admirador de Borges. ¿Nunca pensó en adaptar uno de sus cuentos o en hacer un relato biográfico?
- Espere un momento [se levanta del sillón, va a la biblioteca y toma un DVD]. Esto no lo filmé yo, lo filmaron mis alumnos. Es un corto de ocho minutos. Lo podemos ver, si no lo retraso.
En el televisor de Martínez Suárez se oye la hermosa voz de María Concepción César que dice fragmentos de Atlas, de Borges y María Kodama. Los nombres de ciudades y países remotos se suceden; en la pantalla, sólo se ven sombras, manchas de colores, sobre todo amarillas y rojas. Continúa Martínez Suárez: "Quise que el espectador se sintiera incómodo por esas manchas, por tanta incógnita. Hasta que al final, el espectador debe pedir disculpas por esa incomodidad. Lo que está viendo son las manchas que podía ver Borges. Ahora me interesa una obra de Mario Diament, Cita a ciegas, inspirada en Borges. Me gustaría filmarla. Hasta hice una adaptación. Es un proyecto. ¿Cómo se puede vivir sin proyectos?".
Publicación especial
En la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, con motivo del ciclo "José Martínez Suárez: un hombre hecho de cine", editamos un cuadernillo con los aportes de artículos exclusivos para el ciclo de Mario Gallina y Rafael Valles, además del propio Martínez Suárez. Aún quedan ejemplares que pueden retirarse los días de función.
Mostrando entradas con la etiqueta Mario Gallina. Mostrar todas las entradas
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sábado, 16 de noviembre de 2013
sábado, 28 de septiembre de 2013
Edición especial sobre Martínez Suárez
Con motivo del ciclo dedicado a José Martínez Suárez en el Cineclub La Rosa, hemos publicado -a traves de nuestro sello editor- un cuadernillo que incluye los textos especialmente para el ciclo por Mario Gallina y Rafael Valles, mas un texto del propio realizador y el programa completo del ciclo.
El cuadernillo es de distribucion gratuita entre quienes asistan a las funciones. Les recordamos que la colaboración es voluntaria, pero es muy importante su aporte para el sostenimiento de las actividades gratuitas de la Biblioteca.
El cuadernillo es de distribucion gratuita entre quienes asistan a las funciones. Les recordamos que la colaboración es voluntaria, pero es muy importante su aporte para el sostenimiento de las actividades gratuitas de la Biblioteca.
domingo, 15 de septiembre de 2013
Ciclo "José A. Martínez Suárez, un hombre hecho de cine"
A poco de comenzar una nueva edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata que él dirige, de cumplir sus jóvenes y vitales 88 años y de la presentación de un libro sobre su figura, damos comienzo a un ciclo en el que repasaremos todos los largometrajes de José A. Martínez Suárez, amigo del Cineclub La Rosa y Socio Honorario de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.
UN HOMBRE HECHO DE CINE
José Martínez Suárez nació en la Prov. de Santa Fe. Más exactamente, en Villa Cañás, “un pueblo agrícola-ganadero, pampa gringa e hispana”, como le gusta definirlo.
Y fue en su Villa Cañás, con la complicidad de una sala a oscuras y una pantalla blanca delante, donde el celuloide se metió en su sangre.
Los Martínez Suárez vivían enfrente de una de las tres salas cinematográficas que había en el pueblo, y ese era su ámbito preferido y natural de juegos. Una época en la que -como él mismo recuerda- las películas no se elegían. Uno iba al cine. Pero no sólo en su pueblo. En todo el país ocurría lo mismo. La gente iba al cine. Se preparaba, se vestía para ir al cine. Algo cercano a un ritual.
Ese pibe se hizo adolescente y ya en Buenos Aires, junto a su madre y sus hermanas, que hacían sus pininos como actrices, entró un día, cándido, discreto y temeroso a un estudio cinematográfico. A partir de entonces, pedía, insistía, imploraba que le permitieran acompañarlas porque eso significaba el pasaporte para poder estar en un set y ver todo por dentro.
Fue así como comenzó a oficiar de “oyente” en Lumiton. Posteriormente trabajó mucho como asistente de Mario Lugones, para continuar con otros realizadores, que como él mismo asegura “fueron maestros todos, de una u otra forma”. La sola enunciación de esos nombres hace que de ninguna manera podamos desmentirlo: Manuel Romero, Carlos Hugo Christensen, Carlos Borcosque, Daniel Tinayre, Kurt Land, Enrique Cahen Salaberry, Augusto César Vatteone, Antonio Ber Ciani, Leopoldo Torre Nilsson.
Pero José Martínez Suárez era un director predestinado. En una palabra: un director nato. Su vocación había atravesado por andariveles diversos dentro del cine pero su destino estaba signado: tenía que dirigir. Y un día irrumpió con una curiosidad:El crack, una película popular que, sin embargo, se sumergía en una realidad social que denunciaba zonas de miseria de una pasión argentina: el futbol. Vino despuésDar la cara, considerada al igual que otras expresiones surgidas para la misma época, como típicamente representativa de lo que los historiadores denominaron “Nuevo Cine Argentino”, hasta que alguien se dio cuenta de que cada tanto, inevitablemente hay un Nuevo Cine Argentino y optaron por caraturarlo como “la generación del 60”. Un movimiento que se inició con los cortometrajistas independientes de finales de los cincuenta y culminó en 1966, con el golpe de estado de ese año, que modificó las reglas del juego y puso fin a una etapa cultural, recomenzada luego bajo otro signo: el de la producción clandestina y la irrupción de nuevos realizadores.
La Generación del 60 tuvo una vida efímera, es verdad, pero dejó sentada una estética no transitada hasta allí por el cine argentino: un nuevo cauce expresivo sustentado fundamentalmente sobre el flanco crítico y la reflexión acerca de la época y sus relaciones con la gente. Y así, sin tener conciencia y junto a Manuel Antín, Lautaro Murúa, Simón Feldman, Enrique Dawi, Rodolfo Kuhn, Ricardo Alventosa y David Kohon, entre otros, José pasó a formar parte de aquel movimiento innovador.
El director siguió filmando: el episodio La salamanca de Viaje de una noche de verano (denostada por el mismo realizador, lo cual renueva inevitablemente el interés por su visión); Los chantas, donde un grupo de perdedores -muy al estilo de Los desconocidos de siempre de Mario Monicelli- prepara un gran golpe que, sin duda, terminará en fracaso; Los muchachos de antes no usaban arsénico, inevitable referencia de inquietante humor negro en el cine argentino, con un diálogo brillante y pocos medios, mucha técnica (Tito Ribero y Miguel Rodríguez incluidos) y gran imaginación. Hasta llegar a Noches sin lunas ni soles, calificada por Edgardo Cozarinsky como “El mejor film noir argentino”.
Pero José tenía “de nascencia”, como dicen en España, la certeza de que estaba ligado a un deber. Y que serían pocos los años de una vida, por larga que fuera, para cumplir con él. Ese deber era la docencia. Trabajar a diario con los jóvenes, y siempre, encendido de amor a esta profesión, seguir filmando a través de ellos. Darles no sólo formación técnica sino insuflarlos de una posición humanística. Despojarlos de la vanidad, de la envidia. Que sean buenas personas. Porque esa, en definitiva, es la función última y más elevada de un maestro. Desde que la decisión fue tomada, la docencia pasó a ser para José una forma más de dar y transmitir que de enseñar. Y para los que fuimos y somos sus alumnos, sus clases implican un pleno regocijo para el espíritu, por todo lo que sabe, por todo lo que dice, por lo que no dice, por su humor indeclinable, por sus chispeantes ocurrencias: en definitiva, por todo lo que da siempre en forma generosa y solidaria. Y dar como lo hace José Martínez Suárez no es poco en esta época de prevalencia del egoísmo y la individualidad.
En esos encuentros de vida, José se nos aparece algunas veces enigmático, otras cabrón, otras reflexivo, otras sutil, a veces incisivo, pero joven siempre. Tanto, como para asumir desde 2008 la presidencia del Festival de Mar del Plata y no para que su nombre “adorne” ese acontecimiento cinematográfico sino para erigirse en mucho más que el presidente de un Festival, es decir, para constituirse en un hombre que está en todo, arregla todo y da la cara por todo.
UN HOMBRE HECHO DE CINE
José Martínez Suárez nació en la Prov. de Santa Fe. Más exactamente, en Villa Cañás, “un pueblo agrícola-ganadero, pampa gringa e hispana”, como le gusta definirlo.
Y fue en su Villa Cañás, con la complicidad de una sala a oscuras y una pantalla blanca delante, donde el celuloide se metió en su sangre.
Los Martínez Suárez vivían enfrente de una de las tres salas cinematográficas que había en el pueblo, y ese era su ámbito preferido y natural de juegos. Una época en la que -como él mismo recuerda- las películas no se elegían. Uno iba al cine. Pero no sólo en su pueblo. En todo el país ocurría lo mismo. La gente iba al cine. Se preparaba, se vestía para ir al cine. Algo cercano a un ritual.
Ese pibe se hizo adolescente y ya en Buenos Aires, junto a su madre y sus hermanas, que hacían sus pininos como actrices, entró un día, cándido, discreto y temeroso a un estudio cinematográfico. A partir de entonces, pedía, insistía, imploraba que le permitieran acompañarlas porque eso significaba el pasaporte para poder estar en un set y ver todo por dentro.
Fue así como comenzó a oficiar de “oyente” en Lumiton. Posteriormente trabajó mucho como asistente de Mario Lugones, para continuar con otros realizadores, que como él mismo asegura “fueron maestros todos, de una u otra forma”. La sola enunciación de esos nombres hace que de ninguna manera podamos desmentirlo: Manuel Romero, Carlos Hugo Christensen, Carlos Borcosque, Daniel Tinayre, Kurt Land, Enrique Cahen Salaberry, Augusto César Vatteone, Antonio Ber Ciani, Leopoldo Torre Nilsson.
Pero José Martínez Suárez era un director predestinado. En una palabra: un director nato. Su vocación había atravesado por andariveles diversos dentro del cine pero su destino estaba signado: tenía que dirigir. Y un día irrumpió con una curiosidad:El crack, una película popular que, sin embargo, se sumergía en una realidad social que denunciaba zonas de miseria de una pasión argentina: el futbol. Vino despuésDar la cara, considerada al igual que otras expresiones surgidas para la misma época, como típicamente representativa de lo que los historiadores denominaron “Nuevo Cine Argentino”, hasta que alguien se dio cuenta de que cada tanto, inevitablemente hay un Nuevo Cine Argentino y optaron por caraturarlo como “la generación del 60”. Un movimiento que se inició con los cortometrajistas independientes de finales de los cincuenta y culminó en 1966, con el golpe de estado de ese año, que modificó las reglas del juego y puso fin a una etapa cultural, recomenzada luego bajo otro signo: el de la producción clandestina y la irrupción de nuevos realizadores.
La Generación del 60 tuvo una vida efímera, es verdad, pero dejó sentada una estética no transitada hasta allí por el cine argentino: un nuevo cauce expresivo sustentado fundamentalmente sobre el flanco crítico y la reflexión acerca de la época y sus relaciones con la gente. Y así, sin tener conciencia y junto a Manuel Antín, Lautaro Murúa, Simón Feldman, Enrique Dawi, Rodolfo Kuhn, Ricardo Alventosa y David Kohon, entre otros, José pasó a formar parte de aquel movimiento innovador.
El director siguió filmando: el episodio La salamanca de Viaje de una noche de verano (denostada por el mismo realizador, lo cual renueva inevitablemente el interés por su visión); Los chantas, donde un grupo de perdedores -muy al estilo de Los desconocidos de siempre de Mario Monicelli- prepara un gran golpe que, sin duda, terminará en fracaso; Los muchachos de antes no usaban arsénico, inevitable referencia de inquietante humor negro en el cine argentino, con un diálogo brillante y pocos medios, mucha técnica (Tito Ribero y Miguel Rodríguez incluidos) y gran imaginación. Hasta llegar a Noches sin lunas ni soles, calificada por Edgardo Cozarinsky como “El mejor film noir argentino”.
Pero José tenía “de nascencia”, como dicen en España, la certeza de que estaba ligado a un deber. Y que serían pocos los años de una vida, por larga que fuera, para cumplir con él. Ese deber era la docencia. Trabajar a diario con los jóvenes, y siempre, encendido de amor a esta profesión, seguir filmando a través de ellos. Darles no sólo formación técnica sino insuflarlos de una posición humanística. Despojarlos de la vanidad, de la envidia. Que sean buenas personas. Porque esa, en definitiva, es la función última y más elevada de un maestro. Desde que la decisión fue tomada, la docencia pasó a ser para José una forma más de dar y transmitir que de enseñar. Y para los que fuimos y somos sus alumnos, sus clases implican un pleno regocijo para el espíritu, por todo lo que sabe, por todo lo que dice, por lo que no dice, por su humor indeclinable, por sus chispeantes ocurrencias: en definitiva, por todo lo que da siempre en forma generosa y solidaria. Y dar como lo hace José Martínez Suárez no es poco en esta época de prevalencia del egoísmo y la individualidad.
En esos encuentros de vida, José se nos aparece algunas veces enigmático, otras cabrón, otras reflexivo, otras sutil, a veces incisivo, pero joven siempre. Tanto, como para asumir desde 2008 la presidencia del Festival de Mar del Plata y no para que su nombre “adorne” ese acontecimiento cinematográfico sino para erigirse en mucho más que el presidente de un Festival, es decir, para constituirse en un hombre que está en todo, arregla todo y da la cara por todo.
Un hombre joven, decíamos. Más joven que todos nosotros a la hora apasionada de la polémica (ensalsando hasta la hipérbole a esa película o denostando a aquella otra hasta el nivel más bajo, por ejemplo). Joven diciendo sus verdades, muchas veces crudas. Joven ante el esfuerzo inclaudicable del trabajo. Joven porque la suya es siempre una voz tonante denunciando injusticias. Joven, manteniendo en alto el estandarte quijotesco que lo hace luchar utópica, fervorosamente, por lo que entiende bueno, noble y justo.
José Martínez Suárez, viviendo en juventud, sigue siendo aquel muchachito de pantalones cortos que un día entró cándido, discreto y temeroso a un estudio cinematográfico. Aquel mismo que pretende seguir aprendiendo, que intenta volcar lo que sabe en los demás, y que quiere seguir estando hasta el último segundo de su vida, cerca del mundo maravilloso de las películas. Ese fue, ese es ahora y ese seguirá siendo. Nada ha cambiado.
Cierta vez vez me dijo: “Estoy hecho de cine y lo hago porque me preocupa aclararme y aclarar”. Y así transcurre su vida: aclarando, o mejor, iluminándose e iluminándonos.
Los que de alguna manera tenemos que ver con él, lo sabemos.
Mario Gallina
Sábado 28 de septiembre - 20 horas
Jornada "Bibliotecas a puertas abiertas"
DAR LA CARA
(Idem, Argentina, 1962, blanco y negro, 111 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Leonardo Favio, Lautaro Murúa, Nuria Torray, Luis Medina Castro, Pablo Moret, Ubaldo Martínez, Daniel de Alvarado, Raúl Parini y Dora Baret.
Tres muchachos de diversa extracción social terminan el servicio militar y deben enfrentar la compleja realidad argentina, siempre en crisis, de los años '60.
Miércoles 9 de octubre - 20:30 horas
LOS CHANTAS
(Idem, Argentina, 1975, color, 121 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez.
Elenco: Norberto Aroldi, Olinda Bozán, Alicia Bruzzo, María Concepción César, Elsa Daniel, Cacho Espíndola, Juana Hidalgo, Ángel Magaña, Lautaro Murúa, Héctor Pellegrini, Jorge Salcedo, Darío Víttori, Tincho Zabala y Ringo Bonavena.
La historia de un grupo de ladrones de gallinas siempre en la búsqueda de un golpe que los saque de perdedores. Un elenco de lujo para dieciseis personajes y un guión impecable coescrito entre Martínez Suárez y Augusto Giustozzi, "Gius".
Miércoles 23 de octubre - 20:30 horas
LOS MUCHACHOS DE ANTES NO USABAN ARSÉNICO
(Idem, Argentina, 1976, color, 90 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Narciso Ibáñez Menta, Bárbara Mujica, Mecha Ortiz, Arturo García Buhr y Mario Soffici.
Una estrella retirada, su ex administrador, su ex médico, su ex marido, y la posible venta de la casa en la que viven en el Tigre. Memorables actuaciones y un humor negro delicioso.
Miércoles 30 de octubre - 20:30 horas
NOCHES SIN LUNAS NI SOLES
(Idem, Argentina, 1984, color, 97 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Alberto de Mendoza, Luisina Brando, Lautaro Murúa, Arturo Maly, Cacho Espíndola, Boy Olmi, Guillermo Battaglia, José María Gutiérrez, Diana Ingro, Rudy Chernicoff y Eva Franco.
Excelentes actuaciones, un sólido guión y una realización magistral hacen de esta película uno de los mejores policiales del cine argentino, la última película de Martínez Suárez.
José Martínez Suárez, viviendo en juventud, sigue siendo aquel muchachito de pantalones cortos que un día entró cándido, discreto y temeroso a un estudio cinematográfico. Aquel mismo que pretende seguir aprendiendo, que intenta volcar lo que sabe en los demás, y que quiere seguir estando hasta el último segundo de su vida, cerca del mundo maravilloso de las películas. Ese fue, ese es ahora y ese seguirá siendo. Nada ha cambiado.
Cierta vez vez me dijo: “Estoy hecho de cine y lo hago porque me preocupa aclararme y aclarar”. Y así transcurre su vida: aclarando, o mejor, iluminándose e iluminándonos.
Los que de alguna manera tenemos que ver con él, lo sabemos.
Mario Gallina
Especial para Cineclub La Rosa
www.mariogallina.blogspot.com.ar
Miércoles 25 de septiembre - 20:30 horas
EL CRACK
(Idem, Argentina, 1960, blanco y negro, 81 minutos)
Dirección: José Martínez Suárez.
Elenco: Jorge Salcedo, Aída Luz, Marcos Zucker, Domingo Sapelli, Carlos Rivas, Enrique Kossi, Fernando Iglesias, Osvaldo Castro, Claudia Laforgue, José Manuel Moreno, Víctor Martucci, Mirko Alvarez, Pedro Desio, José María Muñoz, Pacheco Fernández, Armando Lopardo, Pablo Cumo, André Norevó, Orlando Bohr, Francisco Martino, Paride Grandi, Antonio Pérez Tersol, Juan R. Lizzio, Antonio Salcedo, Cassandra Greys y Pipo Mancera.
El mundo del negocio turbio alrededor del fútbol, contado desde la esperanza de un juvenil que puede triunfar en Primera. En el camino del crack, nadie queda excepto de los manejos de la esperanza y expectativas que genera el muchacho. La ópera prima de Martínez Suárez, como todas sus películas, sigue teniendo plena vigencia.
Junto al cortometraje
ESTA NOCHE GRABAN LOS DIXIELANDERS
(Idem, Argentina, 1957, blanco y negro)
El grupo de jazz interpreta el tema Ain't she sweet? en un auténtico videoclip de época.
www.mariogallina.blogspot.com.ar
Miércoles 25 de septiembre - 20:30 horas
EL CRACK
(Idem, Argentina, 1960, blanco y negro, 81 minutos)
Dirección: José Martínez Suárez.
Elenco: Jorge Salcedo, Aída Luz, Marcos Zucker, Domingo Sapelli, Carlos Rivas, Enrique Kossi, Fernando Iglesias, Osvaldo Castro, Claudia Laforgue, José Manuel Moreno, Víctor Martucci, Mirko Alvarez, Pedro Desio, José María Muñoz, Pacheco Fernández, Armando Lopardo, Pablo Cumo, André Norevó, Orlando Bohr, Francisco Martino, Paride Grandi, Antonio Pérez Tersol, Juan R. Lizzio, Antonio Salcedo, Cassandra Greys y Pipo Mancera.
El mundo del negocio turbio alrededor del fútbol, contado desde la esperanza de un juvenil que puede triunfar en Primera. En el camino del crack, nadie queda excepto de los manejos de la esperanza y expectativas que genera el muchacho. La ópera prima de Martínez Suárez, como todas sus películas, sigue teniendo plena vigencia.
Junto al cortometraje
ESTA NOCHE GRABAN LOS DIXIELANDERS
(Idem, Argentina, 1957, blanco y negro)
El grupo de jazz interpreta el tema Ain't she sweet? en un auténtico videoclip de época.
Sábado 28 de septiembre - 20 horas
Jornada "Bibliotecas a puertas abiertas"
DAR LA CARA
(Idem, Argentina, 1962, blanco y negro, 111 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Leonardo Favio, Lautaro Murúa, Nuria Torray, Luis Medina Castro, Pablo Moret, Ubaldo Martínez, Daniel de Alvarado, Raúl Parini y Dora Baret.
Tres muchachos de diversa extracción social terminan el servicio militar y deben enfrentar la compleja realidad argentina, siempre en crisis, de los años '60.
Miércoles 9 de octubre - 20:30 horas
LOS CHANTAS
(Idem, Argentina, 1975, color, 121 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez.
Elenco: Norberto Aroldi, Olinda Bozán, Alicia Bruzzo, María Concepción César, Elsa Daniel, Cacho Espíndola, Juana Hidalgo, Ángel Magaña, Lautaro Murúa, Héctor Pellegrini, Jorge Salcedo, Darío Víttori, Tincho Zabala y Ringo Bonavena.
La historia de un grupo de ladrones de gallinas siempre en la búsqueda de un golpe que los saque de perdedores. Un elenco de lujo para dieciseis personajes y un guión impecable coescrito entre Martínez Suárez y Augusto Giustozzi, "Gius".
Miércoles 23 de octubre - 20:30 horas
LOS MUCHACHOS DE ANTES NO USABAN ARSÉNICO
(Idem, Argentina, 1976, color, 90 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Narciso Ibáñez Menta, Bárbara Mujica, Mecha Ortiz, Arturo García Buhr y Mario Soffici.
Una estrella retirada, su ex administrador, su ex médico, su ex marido, y la posible venta de la casa en la que viven en el Tigre. Memorables actuaciones y un humor negro delicioso.
Miércoles 30 de octubre - 20:30 horas
NOCHES SIN LUNAS NI SOLES
(Idem, Argentina, 1984, color, 97 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Elenco: Alberto de Mendoza, Luisina Brando, Lautaro Murúa, Arturo Maly, Cacho Espíndola, Boy Olmi, Guillermo Battaglia, José María Gutiérrez, Diana Ingro, Rudy Chernicoff y Eva Franco.
Excelentes actuaciones, un sólido guión y una realización magistral hacen de esta película uno de los mejores policiales del cine argentino, la última película de Martínez Suárez.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Conversaciones entre José Martínez Suárez y Mario Gallina
El jueves 26 de septiembre a las 19 hs., en el Auditorio del MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415) se presentará el libro Estoy hecho de cine. Conversaciones de José Martínez Suárez con Mario Gallina, que lleva prólogo de Juan José Campanella y Fernando Castets. En el acto se proyectará el cortometraje El cine del Maestro, con guión y dirección de Sebastián Hermida, y se referirá a la obra el historiador y crítico de cine Fernando Martín Peña. El miércoles 25 comenzará el ciclo dedicado a Martínez Suárez en el Cineclub La Rosa.
A partir de 1988, Mario Gallina entrevistó a José Martínez Suárez para diversos medios. Desde entonces, ambos fantasearon con la idea de volcar en un libro esas conversaciones. Con una de ellas, rica y extensa, cumplimentada en 2010, la idea comenzó a tomar visos más concretos, concluyendo ante esta realidad palpable que el lector tiene ante sí. En todos esos encuentros se fue descubriendo primero y ratificando después, que José era uno de los mejores anclajes posibles para hablar de lo que ocurrió en la cinematografía argentina en los últimos setenta años.
Lo que hoy se presenta no es una biografía. Es un libro sobre Martínez Suárez, una larga entrevista -tan larga que demandó veinticinco años- más algunos apéndices: su filmografía, sus premios, la reproducción de muchas de sus cartas o mails (su pensamiento, en definitiva) y un capítulo que reúne veintidós testimonios de gente de su entorno (sus hermanas, compañeros de trabajo, colegas, alumnos), apartado que se constituye en un acercamiento polifocal al hombre y al profesional.
Martínez Suárez es un narrador inmenso y esto hace que, más allá de la efectividad de las anécdotas -y del aprendizaje que subyace en la estructura profunda de cada una de estas- el lector se cargue todo el tiempo de imágenes. Es este, en definitiva, y como corresponde a un hombre de cine, un texto visual, sostenido en la minucia descriptiva, en el detalle fotográfico. El lector, como valor agregado, deduce que la relación entre Martínez Suárez y Gallina trasciende el marco de entrevistado/entrevistador, lo cual genera una intimidad particular con el objeto; un animal de cine le cuenta su vida y obra a su amigo. Se deja ver, de esa manera, un código común, singular, entrañable. El lector espía y agradece. Porque como dice Juan José Campanella en su prólogo “en esta entrevista maravillosa que realizó Mario, José extiende sus clases de cine y de vida. Leerlo en su propia voz es una experiencia necesaria”.
Mario Gallina
Historiador e investigador de cine y teatro argentinos. Cursó estudios secundarios en Miramar, su ciudad natal, donde sigue residiendo. Egresado de la Escuela Municipal de Arte Dramático de Mar del Plata, establecimiento en el que, más tarde, se desempeñó como profesor. Entre 1978 y 1989, fue actor de numerosos espectáculos teatrales marplatenses.
Como cronista cinematográfico y teatral ha colaborado en diarios, emisoras radiales y en diversas revistas del país y el exterior.
Autor de Carlos Hugo Christensen, historia de una pasión cinematográfica (1998); De Gardel a Norma Aleandro. Diccionario sobre figuras del cine argentino en el exterior (2000); Osvaldo Miranda. El comediante (2001); Querida Lolita. Retrato de Lolita Torres (2006); Virginia Luque. La estrella de Buenos Aires (2013). Coautor de Nuestras Actrices, Primer Acto (1998); Nuestros Actores I (1999); Hugo del Carril: el compromiso y la acción (2007).
Formó parte, en las ediciones 14º y 21º, del jurado del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.
Ciclo en el Cineclub La Rosa
En coincidencia con la salida de este libro, y a través del aprecio singular que tenemos por Martínez Suárez, se organizó un ciclo dedicado a los cinco largometrajes del cineasta, para el cual Mario Gallina escribió un texto de presentación. Las proyecciones comenzarán el miércoles 25 de septiembre a las 20:30 horas con El crack, y continuarán el sábado 28 a las 20 horas, en la jornada "Bibliotecas a puertas abiertas", con Dar la cara.
El ciclo prosigue en octubre con Los chantas, el miércoles 9, Los muchachos de antes no usaban arsénico, el miércoles 23 y Noches sin lunas ni soles, el miércoles 30, siempre a las 20:30 horas en Austria 2154, con entrada libre y colaboración voluntaria.
A partir de 1988, Mario Gallina entrevistó a José Martínez Suárez para diversos medios. Desde entonces, ambos fantasearon con la idea de volcar en un libro esas conversaciones. Con una de ellas, rica y extensa, cumplimentada en 2010, la idea comenzó a tomar visos más concretos, concluyendo ante esta realidad palpable que el lector tiene ante sí. En todos esos encuentros se fue descubriendo primero y ratificando después, que José era uno de los mejores anclajes posibles para hablar de lo que ocurrió en la cinematografía argentina en los últimos setenta años.
Lo que hoy se presenta no es una biografía. Es un libro sobre Martínez Suárez, una larga entrevista -tan larga que demandó veinticinco años- más algunos apéndices: su filmografía, sus premios, la reproducción de muchas de sus cartas o mails (su pensamiento, en definitiva) y un capítulo que reúne veintidós testimonios de gente de su entorno (sus hermanas, compañeros de trabajo, colegas, alumnos), apartado que se constituye en un acercamiento polifocal al hombre y al profesional.
Martínez Suárez es un narrador inmenso y esto hace que, más allá de la efectividad de las anécdotas -y del aprendizaje que subyace en la estructura profunda de cada una de estas- el lector se cargue todo el tiempo de imágenes. Es este, en definitiva, y como corresponde a un hombre de cine, un texto visual, sostenido en la minucia descriptiva, en el detalle fotográfico. El lector, como valor agregado, deduce que la relación entre Martínez Suárez y Gallina trasciende el marco de entrevistado/entrevistador, lo cual genera una intimidad particular con el objeto; un animal de cine le cuenta su vida y obra a su amigo. Se deja ver, de esa manera, un código común, singular, entrañable. El lector espía y agradece. Porque como dice Juan José Campanella en su prólogo “en esta entrevista maravillosa que realizó Mario, José extiende sus clases de cine y de vida. Leerlo en su propia voz es una experiencia necesaria”.
Mario Gallina
Historiador e investigador de cine y teatro argentinos. Cursó estudios secundarios en Miramar, su ciudad natal, donde sigue residiendo. Egresado de la Escuela Municipal de Arte Dramático de Mar del Plata, establecimiento en el que, más tarde, se desempeñó como profesor. Entre 1978 y 1989, fue actor de numerosos espectáculos teatrales marplatenses.
Como cronista cinematográfico y teatral ha colaborado en diarios, emisoras radiales y en diversas revistas del país y el exterior.
Autor de Carlos Hugo Christensen, historia de una pasión cinematográfica (1998); De Gardel a Norma Aleandro. Diccionario sobre figuras del cine argentino en el exterior (2000); Osvaldo Miranda. El comediante (2001); Querida Lolita. Retrato de Lolita Torres (2006); Virginia Luque. La estrella de Buenos Aires (2013). Coautor de Nuestras Actrices, Primer Acto (1998); Nuestros Actores I (1999); Hugo del Carril: el compromiso y la acción (2007).
Formó parte, en las ediciones 14º y 21º, del jurado del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.
Ciclo en el Cineclub La Rosa
En coincidencia con la salida de este libro, y a través del aprecio singular que tenemos por Martínez Suárez, se organizó un ciclo dedicado a los cinco largometrajes del cineasta, para el cual Mario Gallina escribió un texto de presentación. Las proyecciones comenzarán el miércoles 25 de septiembre a las 20:30 horas con El crack, y continuarán el sábado 28 a las 20 horas, en la jornada "Bibliotecas a puertas abiertas", con Dar la cara.
El ciclo prosigue en octubre con Los chantas, el miércoles 9, Los muchachos de antes no usaban arsénico, el miércoles 23 y Noches sin lunas ni soles, el miércoles 30, siempre a las 20:30 horas en Austria 2154, con entrada libre y colaboración voluntaria.
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