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viernes, 12 de marzo de 2021

Fausto

El espíritu de Goethe, la magia de Murnau. Un clásico del cine (y la literatura) de todos los tiempos.

FAUSTO
(Faust - Eine deutsche Volkssage, Alemania, 1926, blanco y negro, 85 minutos)
Dirección: Friedrich Wilhelm Murnau
Guión: Hans Kyser, sobre la novela de J.W. von Goethe
Dirección de Fotografía: Carl Hoffmann
Elenco: Emil Jannings, Gösta Ekman, Camilla Horn, William Dieterle, Yvette Guilbert, Frida Richard, Eric Barclay, Hanna Ralph, Werner Fuetterer y Hans Brausewetter.

En dos actos claramente diferenciados, Murnau cuenta el clásico relato de Goethe sobre el célebre pensador que después de buscar sin descanso la esencia del conocimiento y la verdad oculta de las cosas, es tentado por el diablo y vende su alma.

Proyectada en nuestra Temporada VIII - Función 173.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Resumen de la Temporada VIII

Acá está el resumen de todo lo hecho a lo largo del año en el Cineclub La Rosa. Gracias por acompañarnos en esta octava temporada.

Invitados especiales
Carlos Müller presentó La angustia corroe el alma, de Rainer Werner Fassbinder

Proyecciones en 16mm
La angustia corroe el alma, de Rainer Werner Fassbinder
El viaje a la felicidad de mamá Küster, de Rainer Werner Fassbinder
Lili Marleen, de Rainer Werner Fassbinder
Bob el jugador, de Jean-Pierre Melville
El círculo rojo, de Jean-Pierre Melville (25/6)
Ese oscuro objeto del deseo, de Luis Buñuel
Viridiana, de Luis Buñuel
The little lamb: A christmas story, cortometraje de United World Films.
Boudu salvado de las aguas, de Jean Renoir
El extraño señor Víctor, de Jean Grémillon
El paraíso perdido, de Abel Gance
Videogramas de una revolución, de Harun Farocki y Andrej Ujica
Imágenes del mundo y epitafios de la guerra, de Harun Farocki
Fuego inextinguible, de Harun Farocki
Naturaleza muerta, de Harun Farocki
Añicos (Scherben), de Lupu Pick
Fausto, de F.W. Murnau

Otras actividades
Nota en el diario La Nación sobre el cineclubismo.

Colaboraciones de otras organizaciones
Embajada de Francia / Institut Français: colaboraron en los ciclos del Cineclub La Rosa
Goethe-Institut: colaboró en los ciclos del Cineclub La Rosa. 
CONABIP: Participamos de los festejos por el Día Federal de las Bibliotecas Populares con una función especial del Cineclub La Rosa.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Fausto

Segunda función de nuestro ciclo Kammerspielfilm vs. Expresionismo con la proyección en 16mm de Fausto, el clásico de F.W. Murnau. Será el miércoles 26 de noviembre a las 20:30 horas en Austria 2154, con entrada libre y colaboración voluntaria.


Miércoles 26 de noviembre - 20:30 horas
FAUSTO
(Faust - Eine deutsche Volkssage, Alemania, 1926, blanco y negro, 85 minutos)
Dirección: Friedrich Wilhelm Murnau
Guión: Hans Kyser, sobre la novela de J.W. von Goethe
Dirección de Fotografía: Carl Hoffmann
Elenco: Emil Jannings, Gösta Ekman, Camilla Horn, William Dieterle, Yvette Guilbert, Frida Richard, Eric Barclay, Hanna Ralph, Werner Fuetterer y Hans Brausewetter.


El filme sobre "Fausto", de Murnau, está estructurado claramente en dos partes. La primera se atiene a la saga popular y muestra como Fausto realiza primeramente un pacto con Mefistófeles, para arrojar la peste de la ciudad, pero después, seducido por el esplendor de la juventud eterna, se somete completamente al diablo y lleva una vida de molicie. El diablo, que ha firmado un contrato con el arcángel, según el cual reinará en la Tierra, en caso de lograr desviar a Fausto de sus aspiraciones, arrastra al sabio de aventura en aventura y vuela sobre su capa mágica con él por el mundo.

En la segunda parte de la película, que se atiene estrechamente al drama de Goethe, la tragedia de Gretchen va ocupando progresivamente una posición central. Fausto seduce a la joven y mata en duelo a su hermano Valentin. La madre muere de pena y la joven abandonada enloquece. Coloca a su niño recién nacido en un montón de nieve, creyendo que era una cuna. Son halladas Gretchen y su niño helado, ésta es acusada del asesinato de su hijo y condenada a morir en la hoguera. Se despierta entonces la conciencia de Fausto; corre a unirse a Gretchen en el cadalso, sin reparar en la pérdida de la eterna juventud; sube junto con ella a la pira. Ambos marchan al cielo depurados. Mefistófeles ha perdido el juego.


Al terminar en 1926 su película sobre "Fausto", Friedrich Wilhelm Murnau se encontraba en el cenit de su carrera. El cine mudo alemán había alcanzado con los filmes de Murnau y los de Ernst Lubitsch, Fritz Lang y G.W. Pabst un nivel tan alto que era casi imposible superarlo con los medios técnicos disponibles. Murnau pudo aplicar en FAUST todos estos adelantos y fusionarlos en una unidad compacta. Utilizando impresionantes contrastes de claroscuros y asombrosos efectos de la técnica de trucaje, logró hacer parecer lo fantástico como real y la realidad como algo fantástico. Todo el mensaje del film se orienta también a manifestar la discrepancia metafísico-alegórica entre claridad y oscuridad, entre el placer de vivir y el amor auténtico.

Al contrario que sus filmes anteriores (SCHLOSS VOGELOED, PHANTOM, DER LETZTE MANN, etc.), Murnau rodó FAUST exclusivamente en los estudios; a veces, configura con la decoración del estudio visiones sobrecogedoras, piénsese simplemente en el campo nevado con el árbol descuartizado por la tormenta, donde en medio de un vallado destartalado coloca Gretchen a su hijo enfermo. En cambio, algunas de las escenas con Gretchen degeneran en huera ampulosidad y afectada dulzura.


Resulta curiosa la estilización intensa de las imágenes, que suscitan actualmente aún un efecto notable. La acción del filme se sitúa en la época final de la edad media, cuya atmósfera mítica es expresada mediante una iluminación contrastante, al estilo de los cuadros de Rembrandt. Murnau logra plasmar en imágenes impresionantes lo sobrenatural, a base de fascinantes efectos de luces y sombras, de utilizar nebulosas vaharadas de vapor, así como con sutiles transiciones de imágenes y sobreimpresiones.

La cámara está libre de toda atadura y transpone al espectador intensamente en la acción. El vuelo en la capa mágica de Mefistófeles sobre pueblos y ciudades resulta sobrecogedor. Murnau realizó estas singularísimas secuencias mediante una cámara acoplada a un funicular construido expresamente con esta finalidad.


Al atractivo formal del filme sobre "Fausto" contribuyen asimismo los encuadres equilibrados, siempre psicológico-dramatúrgicamente fundamentados. Una nota característica del estilo de Murnau en su fase de madurez residía en colocar con frecuencia en el primer plano de la imagen una figura supradimensional, con lo cual la escena en cuestión adquiría una profundidad de campo muy superior. La representación de un apestado, mediante un escorzo inusitado y con enormes plantas de los pies, evoca los cuadros de Cristo yacente de Mantegna o de Holbein. Y cuando Gretchen, tapada la cabeza con el manto, mece al niño en las ruinas de una cabaña nevada, este encuadre parece casi el trasunto de un cuadro de una Virgen de un pintor barroco flamenco.

Goethe-Institut.


Ciclo realizado con la colaboración del Goethe-Institut Buenos Aires.

Temporada VIII / Función 173
Cineclub La Rosa
Austria 2154

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Kammerspielfilm / Expresionismo | Scherben y Fausto

En noviembre proponemos un extraordinario ciclo que reúne con proyecciones en 16mm a los exponentes de dos corrientes antagónicas que convivieron en la década del '20 en Alemania: Scherben de Lupu Pick, ejemplo del "Kammerspielfilm", movimiento anti-expresionista por excelencia, y Fausto de F. W. Murnau, epítome del expresionismo en el cine. Todo, con entrada libre y colaboración voluntaria en Austria 2154. Con la colaboración del Goethe-Institut Buenos Aires.


Miércoles 12 de noviembre - 20:30 horas
AÑICOS 
(Scherben, Alemania, 1921, blanco y negro, 60 minutos)
Dirección: Lupu Pick.
Elenco: Werner Krauss, Edith Posca, Hermine Straßmann-Witt y Paul Otto.

"Un guardabarreras, que junto a su mujer e hija vive sumido en el pequeño mundo que supone su casa en medio del bosque nevado, recibe la noticia de la próxima visita de un inspector. En ese momento, la rama de un árbol golpea una ventana y rompe un vidrio: mal presagio, algo terrible va a ocurrir". (Texto de Luis Enrique Ruiz, tomado de Obras Maestras del Cine Mudo)


Miércoles 26 de noviembre - 20:30 horas
FAUSTO
(Faust - Eine deutsche Volkssage, Alemania, 1926, blanco y negro, 85 minutos)
Dirección: Friedrich Wilhelm Murnau
Elenco: Emil Jannings, Gösta Ekman, Camilla Horn, William Dieterle, Yvette Guilbert, Frida Richard, Eric Barclay, Hanna Ralph, Werner Fuetterer y Hans Brausewetter.

En dos actos claramente diferenciados, Murnau cuenta el clásico relato de Goethe sobre el célebre pensador que después de buscar sin descanso la esencia del conocimiento y la verdad oculta de las cosas, es tentado por el diablo y vende su alma.


Lupu Pick quería volver a la "realidad"; a un cine que diera cuenta de los verdaderos dramas del hombre contemporáneo. Liberarse de las pesadas alegorías expresionistas, volver a los personajes dueños de una psicología compleja y profunda y al análisis íntimo de las situaciones dramáticas que les toca vivir. Scherben es, según pretende, "una bofetada naturalista aplicada a los snobs expresionistas"

Nuestra intención aquí, una vez planteada la tensión Expresionismo - Kammerspielfilm es interrogarnos acerca del sentido de este "naturalismo" dentro del cine alemán de la época y verificar, una vez más, el peso del símbolo y del icono dentro de ambos sistemas representacionales como factores des - organizantes en relación al Todo que supone el montaje y el concepto.

En el relevamiento que hace Murnau de la leyenda faústica, ya que el guión no sólo abreva en Goethe y Marlowe sino también en el mito popular, aparecen claramente algunos de los temas habituales tanto del expresionismo como del romanticismo.

El prólogo mismo del filme es ya una maravilla en ese sentido: el arcángel Gabriel y Mefistófeles se encuentran en un no - lugar, es decir, en un espacio mítico (¿el cielo, el infierno?). Un lugar que no posee límites, representación concreta ni escenografía.

Estamos ante un espacio metafórico ya que en él se condensan múltiples cualidades y potencias: el bien y el mal, lo blanco y lo negro, la virtud y el pecado, las fuerzas del destino, etc. Las fuerzas están enfrentadas pero no separadas. El uno es extensión del otro. La oscuridad como la otra cara de la luz, como la ausencia siniestra de luz.

La luz como 1, como la totalidad que una vez alcanzado su cenit sólo puede declinar, caer hacia la ausencia de intensidad: el 0. La oscuridad no es una entidad aparte. En el monismo idealista alemán es la ausencia, el cero luz. Desde el punto de vista filosófico, supone las antípodas del dualismo empirista anglosajón que inspira al montaje paralelo de la escuela orgánico activa del cine norteamericano.

Para la escuela alemana, en un extremo u otro, en el de la intensidad máxima o en el de su mínima expresión, en la nada intensiva, el resultado siempre es el mismo: la ceguera. Si, según Eisner, "el expresionismo ya no ve, tiene "visiones", es la intensidad lumínica, dentro del montaje en cuadro, la que marca la posibilidad de visión.

Lupu Pick (1886-1931)

El comienzo de Scherben (1921) es mucho más realista, pero no por ello menos siniestro.

Un guardabarreras, que junto a su mujer e hija vive sumido en el pequeño mundo que supone su casa en medio del bosque nevado, recibe la noticia de la próxima visita de un inspector. En ese momento, la rama de un árbol golpea una ventana y rompe un vidrio: mal presagio, algo terrible va a ocurrir. Lo siniestro empieza a desplegarse.

Para conquistar el alma de Fausto, Mefistófeles siembra la peste en la aldea bajo la forma de una nube negra. Son las siniestras fuerzas de la oscuridad que se abaten sobre la aldea, sobre la comunidad de los creyentes. Es el orden del Pueblo el que primero es alterado, su organicidad, para luego llegar al alma individual de Fausto. Es el problema de la organicidad: una vez instaurada o restituida enseguida aparecen enemigos que intentan atacarla o desarticularla. Sobre esto mucho sabía Goebbels... y Bush también.

Una vez llegado el inspector, los cuatro únicos personajes de Scherben se verán confrontados con sus pasiones - pulsiones. El drama es privado de antemano; el mundo externo, el mundo de lo social y lo cultural, nunca se enterará del drama que se desata en la caseta del guardabarreras.

Autómata carente de consciencia, él (Werner Kraus) deambula como un zombie por las vías ignorando la seducción de la que esta siendo objeto su hija.

La escena de la captación por parte del inspector de la hija del guardabarreras es simplemente perfecta. Ella está limpiando unas escaleras cuando se topa con sus botas. Su mirada se clava en ellas, en su fulgor, en su brillo, con temor y admiración al mismo tiempo. Luego, lentamente, va subiendo la vista hasta encontrarse con el ceño fruncido y la mirada severa del inspector que, por todas partes, destila autoridad. El acto de seducción, sin que se pronuncie una sola palabra, se ha consumado.

F.W. Murnau (1888-1931)

La fascinación de la humilde muchacha por las botas del soberbio inspector no puede dejar de remitirnos a la frase de Eisner con respecto a El Último Hombre, (Der letzte Mann, 1924) un notable "Kammerspielfilm" de Murnau, donde un portero de hotel, dada su edad, es degradado, quitándole su adorado uniforme y asignándole la atención del baño del establecimiento: "Esa es una tragedia alemana por excelencia, incomprensible fuera de ese país donde el uniforme es rey, es Dios. Un espíritu latino difícilmente podrá concebir su contenido trágico".

Es fácil percibir que en todo el Kammerspielfilm hay un directo intento de crítica al sostenimiento cultural de toda la serie de símbolos que remiten al verticalismo y la autoridad militar como los elementos basales de la sociedad y la cultura.

Pero el símbolo en si mismo no deja nunca de estar presente, en el vidrio roto, en el espantapájaros que, fuera de la casa, sugiere el momento en que la seducción es consumada. Aún intentando alejarse del expresionismo, Pick no abandona al símbolo y la metáfora como aquellos elementos que dan sentido, organizan, a la narración.

Obvio es decir que Fausto esta sobrecargada de símbolos y metáforas. Es el costado barroco que conserva el expresionismo. Tal sobreornamentación se repite en el espacio escenográfico haciendo de la aldea bávara, donde transcurre la acción, un espacio que, si bien es mucho más concreto que el del prólogo, no deja de ser también irreal. Este espacio escenográfico prácticamente carece de curvas o bordes redondeados. Los tejados de las casas de la aldea recuerdan inmediatamente al forma ojival que habíamos consignado como típica y definitoria del neogótico. Pero, sobre este espacio escenográfico, se agrega otro que lo complementa y preanuncia al espacio metafórico: el espacio lumínico que difumina los bordes de los objetos, la escenografía y los personajes y, lo que es más importante, diluye también los límites del cuadro.

¿Dónde termina o donde comienza el cuadro en innumerables tomas de Fausto?. No lo sabemos. El trabajo de la luz, su ausencia, nos impide percibir su contorno. El cuadro ha perdido organicidad.

La luz es mucho más intensa en Scherben pero también juega un papel abstractizante que prolonga las líneas quebradas de la escenografía.

La esposa del guardabarreras, que sigue, sigue y sigue caminando solo por las vías, descubre la deshonra de su hija. Huye y muere en la nieve.

La venganza del guardabarreras no se hace esperar. Mata al inspector y se entrega a las autoridades parando un tren. Los pasajeros burgueses del tren, ignorantes o desinteresados por todo lo ocurrido, ven con fastidio este contratiempo. Allí, Werner Kraus pronuncia la única frase de toda la película "Soy un asesino". Arrepentida, sobre una colina, la hija engañada ve como se aleja el tren donde se llevan detenido a su padre.

Es la caída, la gran caída moral y espiritual del romanticismo que el cine de la época no cesa de evocar.

Fuente: Cineforum Clásico.

Ciclo realizado con la colaboración del Goethe-Institut Buenos Aires.

viernes, 13 de abril de 2012

Herzog-Kinski: enemigos íntimos

Comenzamos un nuevo ciclo, esta vez a cargo de un amigo de la casa como "programador invitado". Se trata de Cristian N. García y un repaso por tres de las cinco películas que filmaron juntos Werner Herzog y Klaus Kinski, más el documental que muestra la tortuosa relación que los unía. Como siempre, con entrada libre y colaboración voluntaria, en Austria 2154.

Pocas colaboraciones en la historia del cine han sido tan fructíferas, antagónicas, conflictivas y geniales como la del director Werner Herzog con el actor Klaus Kinski.

Más allá de lo que cuenta la historia, hay algo que está muy claro y es que se necesitaban mutuamente. Juntos llegaron al pico más alto de sus carreras profesionales, obteniendo la admiración del mundo entero por su innegable talento artístico. Eso sumado a la difícil personalidad de ambos y a su controvertida relación de amor-odio, le otorgaron el status de “legendarias” a las cinco películas que realizaron en conjunto.

Es imposible comenzar a escribir sobre estos dos personajes, sin antes hacer una brevísima reseña sobre la historia del cine alemán para situarnos: en la década del ’20 Alemania produjo uno de los más importantes movimientos cinematográficos y artísticos en general como lo fue el denominado “expresionismo alemán”. Con el advenimiento del nazismo, muchos de los grandes directores alemanes decidieron emigrar para evitar formar parte del cine de propaganda que Adolf Hitler pretendía que se realizara. Esto marcó el final de aquel movimiento, por lo que lamentablemente el nuevo cine sonoro alemán (a excepción de “El ángel azul” de Joseph Von Sternberg, M. El vampiro de Fritz Lang y Cuatro de infantería de Georg Wilhelm Pabst) fue artísticamente inferior al realizado en la etapa muda. El cine de dicho país entonces comenzó a perder notoriedad avanzada la década del ’30 (más allá de algunas muy buenas realizaciones como El puente de 1959 dirigida por Bernhard Wicki) y recién pudo volver a los primeros planos internacionales en la década del ’70, con la aparición de los denominados directores del “nuevo cine alemán” movimiento que tiene a Werner Herzog y a Rainer Fassbinder como sus máximos exponentes.

Werner Herzog, nacido en Munich en 1942 decidió que se dedicaría al cine a la edad de 17 años, aunque su debut como director llegaría recién en 1967 con el film Signos de vida.

A lo largo de toda su filmografía podremos observar su fascinación por los seres de excepción, extraños, tanto sea un superhombre como un marginado social (como es el caso de su excelente film El enigma de Gaspar Hauser o del anteriormente realizado También los enanos nacen pequeños) además de su predilección por desafiar todos los límites posibles con tal de lograr verosimilitud cinematográfica que van desde subir un barco por una montaña de la selva amazónica, en su film basado en hechos reales Fitzcarraldo de 1982 (en el que inclusive va más lejos que su protagonista), hasta documentar a un alpinista en su ascenso al monte Everest.

Klaus Kinski, seudónimo de Nikolaus Karl Günther Nakszynski, nació en la Ciudad Libre de Dánzig en 1926. Comenzó su carrera en el teatro finalizada la Segunda Guerra Mundial, en la cual participó contra su voluntad como paracaidista del ejército alemán.

Interpretó monólogos de Shakespeare y se rodeó de grandes directores teatrales que le enseñaron a desarrollar su potencial actoral, mediante la utilización de diversas técnicas de representación.

Su debut en el cine se produjo en 1948, en el film Morituri. Luego le siguieron películas de baja categoría, a excepción de dos clásicos de la historia del cine: Por unos dólares más (1965) de Sergio Leone y Doctor Zhivago (1965) de David Lean, en los que trabajó como actor de reparto. A principios de la década del ’70, mientras se encontraba realizando una serie de presentaciones teatrales muy controvertidas conocidas como Jesucristo redentor (en donde recitaba fragmentos extraídos del Nuevo Testamento, mezclándolos con pasajes críticos hacia la Iglesia y la Guerra de Vietnam) es llamado por Werner Herzog, con quien casualmente había convivido en una pensión cuando el primero era un niño, para protagonizar el que sería su primer trabajo en conjunto.

Posiblemente Aguirre, la ira de Dios (1972), película que dio inicio a ésta peculiar sociedad constituya el mejor ejemplo del nuevo cine alemán.

Basado en los diarios del monje español Gaspar de Carvajal escritos en el año 1560, el film narra la expedición del Amazonas por parte del ejército dirigido por Gonzalo Pizarro, y más tarde guiado por el devenido en comandante Don Lope de Aguirre (en una cautivante, obsesiva y despótica interpretación de Klaus Kinski) quien, junto a su séquito empeñará todos sus esfuerzos para llegar a la mítica ciudad de El Dorado.

Herzog logra crear en esta película un ambiente opresivo y asfixiante, desde la primera escena del film, en la que se percibe el sacrificio y sufrimiento de los esclavos descendiendo de un Macchu Picchu cubierto por las nubes, hasta la bella desolación de la escena final, una clara muestra del tipo de imagen que únicamente este par de genios locos juntos podría haber creado.

Los conflictos entre actor-director no tardaron en aparecer. Kinski sufría a menudo de ataques de rabia, despotricaba y hasta agredía físicamente a los integrantes del set de filmación y a los actores aborígenes. En una oportunidad, intentó abandonar el rodaje a mitad del mismo, siendo obligado a quedarse por el propio Herzog, quien amenazó con matarlo y luego suicidarse, apuntándole con una escopeta. Estos problemas, sin embargo, no provocaron la ruptura de la sociedad: juntos harían otros cuatro filmes.

Woyzeck(1978) sería su segunda colaboración y, tal vez, la menos conocida. Basado en la obra antimilitar póstuma de Georg Büchner, trata sobre la locura producida a través de la despersonalización. Utilizando los elementos más grotescos del expresionismo alemán combinado con su propio sentido de lo aterrador, Herzog nos sumerge directamente en la historia de un soldado (Klaus Kinski) que es utilizado como experimento de laboratorio, transformándose en una irreflexiva máquina de matar. El único vestigio de humanidad que posee es su amor por la hermosa María (Eva Mattes), pero también es corrompido cuando es incitado a asesinarla.

Aunque quizás el film no se encuentre entre las obras más destacadas de su director, se merece una mayor atención, aunque sea sólo por la desgarradora actuación de Kinski.

En 1979 realizarían juntos la remake del clásico film de F.W. Murnau de 1922: Nosferatu, basado a su vez en la novela Dracula de Bram Stoker. La película no sólo constituye un verdadero homenaje al expresionismo, sino que es una de las adaptaciones al cine más impresionantes de la conocida historia de vampiros, introduciendo algunos cambios significativos en comparación a su antecesora muda.

Ésta versión quizás no posea el terror de la versión original, es más bien surrealista. Sin embargo, la actuación de Kinski y la utilización de imágenes crudas por parte de Herzog la hacen intensamente escalofriante. Y como complemento a la cautivante pesadilla, contamos con la actuación de Isabelle Adjani como Lucy, cuya etérea belleza y entrega inexpresiva le brindan un aura inquietante como heroína.

Su proyecto más ambicioso llegaría en 1982, con Fitzcarraldo, film descripto por el propio director como su “mejor documental”. Tras renunciar al proyecto tanto Jason Robards, como Mick Jagger, Herzog decidió volver a convocar a Kinski para interpretar el rol principal. Nuevamente situado en el Amazonas, cuenta la historia de un excéntrico fanático de la ópera, que desea cumplir el sueño de montar un teatro en la selva amazónica para llevar a cantar allí al gran tenor italiano Enrico Caruso. Para conseguir el dinero que financiaría su objetivo, decide transportar un enorme barco de vapor al otro lado de las montañas, hasta un terreno propicio donde podría dedicarse a la explotación del caucho. La obsesión de Herzog de realizar la película emulando al protagonista de la misma (moviendo literalmente un barco a través de una montaña) se vio dificultada por accidentes, dolor, enfermedades e incluso muertes. Por supuesto no podían faltar los ataques de locura de Kinski, a quien los aborígenes estaban dispuestos a asesinar. Todas las vicisitudes que rodearon a la realización del film, quedaron estampadas en el aclamado documental de Les Blank Burden of dreams.

La quinta y última película realizada por ambos en conjunto sería Cobra Verde (1987), basada en la novela de Bruce Chatwin El virrey de Ouidah y en la cual, como de costumbre, Herzog no escatimó al llevar a la pantalla esta historia de comercio de esclavos africanos, que tiene como protagonista al tratante brasileño Francisco Manoel Da Silva (Kinski).

Tras negarse a realizar una escena, el actor abandonó el rodaje, faltando poco para su finalización. Este hecho marcaría el final de su sociedad artística, que, con la prematura muerte de Klaus Kinski en 1991, se tornó irrecuperable.

Ambos expresaron su opinión sobre la relación: Kinski la manifestó en su autobiografía titulada Yo necesito amor (disponible en nuestra Biblioteca) y Herzog en el excelente documental Mi enemigo íntimo (1999), el cual posee impactantes imágenes de archivo y testimonios que narran las andanzas de estos genios del cine.

Cristian Nicolás García
Programador invitado

Miércoles 25 de abril - 20 horas
AGUIRRE, LA IRA DE DIOS
(Aguirre, der Zorn Gottes, Alemania, 1972, color, 94 minutos)
Dirección: Werner Herzog.
Elenco: Klaus Kinski, Helena Rojo, Del Negro, Ruy Guerra, Peter Berling, Cecilia Rivera, Dany Ades, Armando Polanah.

En 1560, poco después de la destrucción del imperio Inca, una expedición española parte de las montañas de Perú rumbo a las selvas del Amazonas, en busca de El Dorado. Pronto aparecerán las dificultades y el conquistador Lope de Aguirre, un hombre duro, se convertirá en el líder del grupo. Basada en la histórica figura, y en reconstrucciones de archivos y diarios de la época, la película es una de las más importantes en la historia del cine alemán.

Miércoles 9 de mayo - 20 horas
NOSFERATU
(Nosferatu: Phantom der Nacht, Alemania, Francia, 1979, color, 106 minutos)
Dirección: Werner Herzog.
Elenco: Klaus Kinski, Isabelle Adjani, Bruno Ganz, Jacques Dufilho.

Jonathan Harker viaja desde Wismar a Transilvania, al castillo del legendario conde Drácula, para venderle una mansión en su ciudad. Una fotografía de Lucy, la mujer de Harker, llevará a Nosferatu hacia Wismar, donde aportará su dosis de muerte. Aunque basándose en la novela Drácula, de Bram Stoker, Herzog da aquí su visión sombría y estilizada del clásico del expresionismo alemán Nosferatu (1922), de F.W. Murnau.

La copia es gentileza del Goethe-Institut.

Miércoles 23 de mayo - 20 horas
Proyección en 16mm

COBRA VERDE
(Idem, Alemania, Ghana, 1987, color, 111 minutos)
Dirección: Werner Herzog.
Elenco: Klaus Kinski, Peter Berling, José Lewgoy, King Ampaw, Salvatore Basile.

Un granjero convertido en bandido en el Brasil del siglo XIX, Cobra Verde es enviado al África en busca de esclavos. Único blanco en tierra negra, se encuentra víctima de torturas y humillaciones, forma un ejército rebelde y llega al límite de la locura. Herzog, como en muchas de sus películas, nos lleva en un viaje a lo desconocido. Última colaboración entre el director y Kinski.

La copia, gentileza del Goethe-Institut, se proyectará en 16mm.

Miércoles 13 de junio - 20 horas
MI ENEMIGO ÍNTIMO
(Mein liebster Feind, Alemania, Gran Bretaña, Finlandia, Estados Unidos, 1995, color, 99 minutos)
Dirección: Werner Herzog.
Elenco: Klaus Kinski, Claudia Cardinale, Werner Herzog, Eva Mattes, Beat Presser.

En un documental absolutamente personal, Werner Herzog cuenta la tempestusosa y fructífera relación que lo vinculó con Klaus Kinski en cinco películas. Compañeros de departamento en los años '50, el director recuerda los repentinos e injustificables arrebatos de ira o locura del actor, personalidad que lo fascinó. Así, la hermandad y creatividad surgió entre el caos a la violencia, el amor y el odio que se tenían mutuamente.

Este ciclo cuenta con la colaboración del Goethe-Institut.

lunes, 8 de agosto de 2011

Li Gotti, en La Nación

Reproducimos la nota publicada este fin de semana a Alfredo Li Gotti, padrino del Cineclub La Rosa, en el suplemento cultural ADN, del diario La Nación.


El sueño de la sala propia

Desde 1988, Alfredo Li Gotti ofrecepelículas todas las semanas, conentrada gratis, para amigos y vecinos

A los once años, Alfredo Li Gotti recibió un regalo que le marcó la vida para siempre: un proyector y algunas películas infantiles. Deslumbrado por las bellas imágenes en blanco y negro que veía en la pantalla, decidió organizar funciones para los chicos del barrio. Con los cinco centavos que le cobraba a cada espectador, compraba otros films. Así fue como nació su cinemateca, integrada en la actualidad por mil latas, mil quinientos videos y dos mil DVD. Aunque la mayoría son de directores europeos (franceses e italianos, especialmente), también hay perlas del cine asiático y estadounidense y copias únicas de films mudos. A los 85, el coleccionista recibió un homenaje inesperado: el estreno de un documental que refleja su pasión cinéfila, en el que habla sobre la sala que construyó en la planta baja de su casa. Desde 1988 realiza proyecciones todas las semanas, con entrada gratuita, para sus amigos y vecinos del barrio de San Cristóbal.

"Mi objetivo es compartir las películas con la gente -asegura Li Gotti-. ¿Qué sentido tendría conservarlas guardadas o verlas solo? A veces, antes de la función, cuento cómo se hizo la película y cómo está ubicada la cámara. También incluimos la ficha técnica y algo de la historia en el programa de mano que hace mi nieto Cristian. Me gustaría armar ciclos por director o por actor, pero eso sería para un público conocedor. A mí siempre me gustó que vinieran espectadores de toda clase." El lema de la sala, que lleva el nombre de un antiguo amigo de la familia, Félix Giuliodori, es: "Un lugar para ver películas que hacen a la historia del cine".

Mucho antes, en la época en que un tío le regaló aquel proyector eléctrico que todavía conserva, Alfredo iba al cine Güemes con sus padres. "Todos los lunes, a las ocho y media de la noche, íbamos a ver dos o tres películas en continuado. Cuando salíamos, a eso de las dos de la mañana, mi padre me explicaba cuestiones sobre la iluminación, la cámara, el trabajo del director -cuenta-. Este mes vamos a hacer una función al estilo de los cines barriales de antes, con tres films e intervalos y hasta un caramelero. Me voy a dar el gusto."

Li Gotti se ríe con ganas cuando imagina nuevas ideas para su sala y también cuando recuerda algunas anécdotas de los últimos veintitrés años. "Yo había alquilado este local. Como me dedicaba a proyectar en varios lugares, como el Cine Club Núcleo, un amigo me propuso que pusiera un microcine. Mi familia me apoyó mucho. Hubo que hacer reformas y poner bastante dinero. Vendí varias películas para construir la sala. Tardamos tres años en terminarla. Íbamos a hacer algo muy modesto, pero el proyecto creció. Tiene capacidad para 50 personas, aunque hemos metido 70. Inauguramos con una noche gardeliana, el 24 de junio de 1988, el día del cumpleaños de Gardel. Vino mucha gente, hasta Díaz Vélez, un famoso compositor de tangos que también era cantante."

En las primeras funciones, la gente llevaba bebidas, pizzas, empanadas y dulces para compartir. "Un día, mientras yo proyectaba una película, veo que un espectador se levanta varias veces para servirse comida. 'Se acabó -dije-. Acá no se come más.' Desde entonces, servimos té o café, al final. No quiero que la gente venga a comer, aunque a veces algunos aparecen con masitas o budines. Qué voy a hacer", se lamenta. Que el público haga ruido y coma en la sala lo mantiene alejado de los complejos de cines: "Me molesta el asunto de los pochoclos", confiesa.

Sí fue al Cosmos y al Malba el mes pasado para el estreno del documental de Roberto Ángel Gómez, Alfredo Li Gotti, una pasión cinéfila, que se presentó en mayo en el festival de cine de Mar del Plata. "Me emocioné al verme en la pantalla. Es un halago que el director haya pensado en mí. Siempre fui una persona de perfil muy bajo." En el largometraje, que en agosto podrá verse en la Sala Godard del cineclub Buenos Aires Mon Amour (Maipú 960), Li Gotti habla sobre su familia, sus amigos amantes del cine, cómo es el ambiente de los coleccionistas en la Argentina y cómo consiguió las películas más valiosas. Por algunas, como Los visitantes de la noche, un film francés de 1945 dirigido por Marcel Carné, llegó a pagar 700 dólares.

El gabinete del Dr. Caligari (dirigida por Robert Wiene en 1920) es el film que más le costó conseguir. "Le pedí a Francisco José Bouchard, un distribuidor, que me avisara cuando encontrara una copia. Un verano yo estaba de vacaciones en Miramar y Bouchard me mandó una carta para avisarme que no había podido comprarla, pero que tenía algunas de Chaplin para ofrecerme. Le encargué dos o tres. Eran unas copias francesas de muy buena calidad."

Uno de sus grandes orgullos es la serie de títulos en formato nueve y medio: "Tienen una calidad de imagen extraordinaria. Se los compré a un amigo que estaba con problemas económicos. Soy, posiblemente, el dueño de la mejor colección de nueve y medio del país -asegura muy serio-. Tengo una película rara que se llama Las mentiras de Nina Petrowna (dirigida por Hanns Schwarz en 1929). Es una copia encontrada en Italia. Era el único que la tenía hasta que Fernando Martín Peña encontró una en Londres. Ahora está muy contento porque él también la tiene". Otros tesoros son Fausto (de F. W. Murnau, 1926), algunos cortos de Max Linder, Pépé le Moko (de Julien Duvivier, 1937) y Metrópolis (de Fritz Lang, 1927).

Cada formato requiere un proyector específico. Li Gotti los fue comprando mientras crecía su colección. Hoy conserva treinta, incluido el primero que le regalaron, y uno solo que nunca usó. Para las proyecciones, debió aprender los secretos de cada modelo.

Aunque intenta no repetir la programación de su sala, hay títulos que cada tanto vuelve a proyectar. "El público va variando. Además, las buenas películas no pueden verse una sola vez. A Metrópolis debo de haberla visto, por lo menos, treinta veces." Una de sus preferidas es , de Federico Fellini. "La tengo en 16 mm, al igual que La strada. Cuando dimos 8 y medio, se levantaron tres personas que al salir me dijeron: 'No entendimos nada'. Pero, bueno, el que más se divierte en las funciones soy yo -dice, y se ríe-. Me acuerdo de que cuando proyectamos El acorazado Potemkin, de Serguéi Eisenstein, hubo un inconveniente con la copia y paramos la función. Como tardaba en retomar, un señor y una chica aprovecharon para irse: 'No me gustan estas películas viejas', me dijo el hombre. También hay gente que se fue en medio de La dolce vita porque le pareció muy larga."

Li Gotti trabajó durante 43 años en Segba. Cuando salía de la oficina, se dedicaba a su hobby: pasar películas en cineclubs y recorrer distribuidoras para conseguir nuevos títulos. Cuando se jubiló, se volcó por completo al cine. Fue a festivales de todo el mundo y a conocer las más importantes filmotecas.

"Me identifico con Giancarlo Giannini, que dijo hace un tiempo: 'El cine ha muerto'. Pienso lo mismo, porque la forma en la que se hace cine hoy, con tantos efectos especiales y todo eso, no es cine. Es entretenimiento. A mí me gustan las películas sociales, que tengan algo de política, con actores de carne y hueso que me conmuevan."

En el living de su casa, Li Gotti instaló un proyector de DVD y una pantalla enrollable para ver películas con su mujer, hijas y nietos. "Ésa es la sala privada", dice. Allí, todas las noches vuelve a ver algunas de las imágenes que más lo emocionaron en sus 85 años de vida.

Natalia Blanc
Diario La Nación, suplemento ADN, viernes 5 de agosto de 2011

viernes, 8 de enero de 2010

Alfredo Li Gotti: “El cineclub enseña y forma al espectador”

“Iba con los proyectores y las películas a todos lados”, dice entre risas quien proyecta cine desde chico. Comenzó con los vecinos del barrio, pasó por clubes, asociaciones, bibliotecas, cineclubes y en cuanto lugar pudiera difundir su "berretín" por el cine. Desde 1988 tiene su propia sala en la casa donde vive desde hace más de medio siglo. Allí, entre afiches, proyectores y películas, conversamos con el padrino del Cineclub La Rosa.


- Alfredo, ¿por qué siguen siendo importantes los cineclubes?
- No es lo mismo ver una película que ir a un cineclub. El cineclub enseña y forma al espectador, ayuda a mostrar distintas películas de un director, seguir temas o movimientos de la historia del cine. Yo di cine desde siempre. Iba con los proyectores y películas a todos lados. Luego, entre 1980 y 1996 di más de quinientas funciones para Núcleo, muchas de ellas en mi propia sala, “Félix Giuliodori” (llamada así en homenaje a un gran amigo mío coleccionista de cine), que se inauguró en 1988, y desde hace ocho años programo mis propios ciclos, con la colaboración de mi nieto Cristian. Allí teníamos un eslogan que decía “Aprenda cine viendo cine”.

En el cineclub hay una preparación y un debate posterior. Así se aprende mucho, porque hay personas que ven lo que otros no. Una película tiene que verse dos o tres veces para disfrutarla del todo. No puede verse una sola vez, aquél que dice “ya la ví” en realidad no terminó de comprender la obra.

Y también considero que un cineclub puede servir para rescatar aquellas películas que han pasado desapercibidas, esas que están fuera del circuito y tienen mucho valor, contemporáneas o clásicas.

- ¿Qué cambia de una película cuando se la ve con público?
- Una sala sin espectadores no es nada, no tiene vida. Siempre digo que soy muy egoísta, porque el primero que goza del espectáculo soy yo, quien lo brinda. Y así lo hice toda mi vida, porque me gusta ver cine rodeado de la gente, no me gusta verlas solo. Con público es otra cosa, se siente la calidez del espectador. El proyector, la pantalla y el espectador le dan vida a una película, sino el cine pierde esa comunicación. Una lo goza más si comparte con otras personas que gustan del mismo espectáculo que uno ofrece. De hecho, hay películas que no las he visto porque no he tenido a alguien a mi lado que haya gustado de ellas.

- ¿Qué cine prefiere?
- El que más me gusta es el italiano, todo el período neorrealista y también el Fellini de 8 ½ (1963) o Amarcord (1973). Al mismo tiempo admiro mucho el realismo poético francés de los años ’30 y ’40: Marcel Carné, Jean Renoir, Julien Duvivier. Todavía cuando veo esas películas me siguen conmoviendo, a pesar de haber sido criticadas por ser filmes crudos, amargos. Jacques Prévert, gran poeta, fue uno de los guionistas de esa época.

En general, prefiero el drama íntimo, las películas de carácter social, eso me conmueve. El hombre de carne y hueso, los problemas sociales, políticos, existenciales.

Otra corriente que me encanta es la de Europa del Este de los ’50 y ’60, especialmente los polacos. Allí hay grandes películas y grandes directores como Andrzej Wajda, Roman Polanski y Krzysztof Kieslowski. Lo tienen todo, no sólo la técnica. Hay que reconocer que es un cine extraordinario.

Y por supuesto el ruso, principalmente Sergei Eisenstein. El díptico que hizo con Sergei Prokofiev, la forma en que lleva el ritmo del montaje y la música en Iván el terrible (Ivan Groznyy I, 1944) y su continuación, La conspiración de los boyardos (Ivan Groznyy II: Boyarsky zagovor, 1946), son dos joyas.

- ¿Por qué hay que ver los clásicos?
- Porque el clásico perdura a través del tiempo. Hay películas que hoy se estrenan y dentro de dos o tres años desaparecen, nadie las vuelve a ver. Los clásicos, en cambio, son los que crearon el cine, y por eso se pueden seguir disfrutando. Por eso pienso además que es muy importante mostrar el cine mudo, que hoy se ha perdido un poco. Era todo imagen, cine puro, como el que realizaba F.W. Murnau (nota: en el Cineclub La Rosa proyectamos Amanecer [Sunrise, 1927] con música en vivo) era uno de los grandes, a mi juicio el mayor director alemán, lástima que se murió tan joven.


- Nombró muchas, pero si tuviera que elegir tres películas que lo hayan impactado, gustado o emocionado, cuáles no podrían faltar.
- Una sería Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette, 1948), de Vittorio De Sica. Otra que le tengo mucho cariño es 8 ½ (1963) de Federico Fellini, y la tercera sería Les enfants du paradis (Los niños del paraíso, 1945), de Marcel Carné, que es una conjunción de todas las artes, una gran película filmada durante la ocupación alemana. En la Argentina, que se conoció con el título Sombras del paraíso, fue mutilada, se proyectó en una versión de 90 minutos cuando la original dura tres horas. Yo la tengo completa en 16mm.

- ¿Cómo se imagina el futuro de los cineclubes?
- Yo soy de los que aman el cine y los cineclubes, pero no sé si les veo mucho futuro. Creo que de a poco se va muriendo la pasión por el cine, y si bien es una cuestión económica, ya que sale más barato comprar una película trucha que pagar una salida al cine de toda una familia, pasan generaciones sin saber lo que es ir a una sala. Además, en otra época había muchos más cines, en cada barrio había tres o cuatro, los estrenos llegaban del centro a las pocas semanas, la gente se acostumbraba a ir a ver dos funciones seguidas… eran otros tiempos. Hoy el televisor achica todo. Hay cintas que deben verse en pantalla grande. El cine está hecho para ver en las salas. Cuando veo una película en un televisor siento que pruebo las películas, pero no las gozo. El verdadero goce está acá, en la sala.

En la casa uno puede pausar las películas, hablar por teléfono o comer. Ni hablar de lo que pasa en las salas que venden pochocho. Eso es algo que yo vi mucho antes de que llegue a la Argentina cuando viajé al Festival de Toronto, Canadá. No podía creerlo, “cómo va a estar un tipo comiendo pochoclo mientras ve una película”, pensaba. Al poco tiempo lo estaban vendiendo también acá…

- Pero así como un cineclub ayuda a descubrir una filmografía o un determinado tipo de cine, ¿no podría colaborar con la recuperación de esos espectadores que el cine comercial pierde?
- Sí, es posible, y también podría ayudar a recuperar una cultura cinéfila. El que va a un cineclub no va sólo a ver una película, va a mucho más que eso: a que le cuenten un poco de qué se trata la película, quién es el director, dentro de qué estilo se encuentra, la época. Yo trabajo mucho sobre eso, escribo, busco información, es parte de lo que uno le brinda al espectador, para que se lleve algo más que ver una película.

Entrevista de Emiliano Penelas
Programador del Cineclub La Rosa


La película de Alfredo
El cineasta Roberto Ángel Gómez está finalizando la edición de un documental llamado Alfredo Li Gotti, una pasión cinéfila.

El largometraje, que se filmó a lo largo de dos años, cuenta la vida y el amor de Alfredo por el séptimo arte y se introduce en el descubrimiento del particular mundo que existe dentro del coleccionismo cinematográfico. Seguramente en algún momento, luego de su estreno, la podremos compartir en el Cineclub La Rosa.

Las fotografías que ilustran esta nota son gentileza de Vanesa Pereira y fueron tomadas durante el rodaje del documental.

sábado, 2 de mayo de 2009

Gran función con música en vivo

El viernes 1º de mayo pudimos ver una excelente función de "Amanecer", de F.W. Murnau, acompañada con música en vivo. Sirvió como cierre temporal de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, que estará en refacciones durante aproximadamente dos meses. Aquí les mostramos algunas fotos y videos de esa noche especial.

A sala llena, y con una función extraordinaria, el Cineclub La Rosa se despidió momentáneamente hasta que terminen los trabajos de refacción en la Biblioteca Popular y Centro Cultural Carlos Sánchez Viamonte.

Pablo Yamil y Luciana Biancucci

En esta ocasión, apertura de la tercera temporada del Cineclub, la película elegida fue "Amanecer", de F.W. Murnau, uno de los más grandes clásicos de la historia del cine, con acompañamiento musical en vivo.

Mariela Pagano

El grupo que se terminó formando para tocar, iniciativa de Pablo Yamil, terminó siendo un deleite para todo el público que asistió y aplaudió la generosa y magistral intervención de Yamil en bandoneón, Nahuel Sneider en guitarra, Mariela Pagano en teclados, Nicolás Croci en percusion y accesorios y Luciana Bianucci en saxo, flauta traversa y clarinete.

Nahuel Sneider y Nicolás Croci

Como señalábamos en el programa entregado en mano, la Biblioteca cerrará sus puertas por unos meses para refaccionar la casa, y quisimos darnos un lujo antes del breve período de abstinencia cinematográfica. Esta propuesta surgió de la gentileza de Pablo Yamil, a quien le agradecemos la buena voluntad y paciencia para sumar en este proyecto que quizás depare nuevas experiencias.

A los que pudieron venir, gracias. A los que no, se la perdieron, pero contamos con que habrá otras. Los esperamos pronto en una nueva función del Cineclub La Rosa.



Imágenes y sonidos
Algunos fragmentos de la película de Murnau tomados durante la proyección.

miércoles, 22 de abril de 2009

"Amanecer", de Murnau, con música en vivo

Como no queríamos dejar de proyectar cine a pesar de haber obras programadas en la Biblioteca, decidimos organizar esta función especial del clásico de F.W. Murnau, AMANECER, con música en vivo interpretada por Pablo Yamil. La función será el viernes 1º de mayo a las 20 hs. La entrada, como siempre, será libre y gratuita.


Viernes 1º de mayo – 20 hs.
AMANECER
(Sunrise, Estados Unidos, 1927, blanco y negro)
Dirección: F.W. Murnau
Elenco: George O'Brien, Janet Gaynor, Margaret Livingston, Bodil Rosing y J. Farrell MacDonald.
Guión: Carl Mayer
Fotografía: Charles Rosher y Karl Struss


Quizás la gran despedida del cine mudo, el primer trabajo de Murnau en Hollywood es un clásico que no ha perdido vigencia. Relata la historia de un campesino enamorado de una mujer de ciudad que lo hace olvidarse de todo, hasta que le propone que asesine a su esposa, con la que tiene un hijo, y vaya con ella a la ciudad.


Como función especial de nuestro Cineclub, la proyectaremos con música en vivo, interpretada por Pablo Yamil. Será el viernes 1º de mayo a las 20 hs. con entrada libre y gratuita.

Cineclub La Rosa
Austria 2154
Entrada libre y gratuita