viernes, 2 de abril de 2021

Dar la cara

Curioso el caso el de este film, aclarado por el propio José A. Martínez Suárez, que fue primero novela, con guión del director y David Viñas, quien luego se encargó de novelarlo y publicarlo como tal.


DAR LA CARA
(Idem, Argentina, 1962, blanco y negro, 111 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez.
Guión: José A. Martínez Suárez y David Viñas.
Fotografía: Ricardo Younis.
Música: Gato Barbieri.
Elenco: Leonardo Favio, Lautaro Murúa, Nuria Torray, Luis Medina Castro, Pablo Moret, Ubaldo Martínez, Daniel de Alvarado, Raúl Parini y Dora Baret.

Tres muchachos de diversa extracción social terminan el servicio militar y deben enfrentar la compleja realidad argentina, siempre en crisis. Este film, como quizás ningún otro, supo expresar las complejidades, perspectivas y frustraciones de una generación. A diferencia de lo que suele creerse, la novela homónima de David Viñas es posterior al guión del film, del propio Viñas y José Martínez Suárez.

Proyectada en nuestra Temporada VII / Función 149, presentada por José A. Martínez Suárez.

domingo, 28 de marzo de 2021

La Radio de la Biblioteca

Estamos orgullosos de contar que finalmente está en el aire y con nueva web CSV Radio, la emisora on line de la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte. Todos los detalles para escucharla.


CSV Radio puede escucharse a través de www.csvradio.com.ar, la página de la Biblioteca www.carlossviamonte.com.ar y descargando la aplicación de Google Play en este enlace.

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¿Tenés ganas de hacer un programa de radio? Estamos abiertos a recibir nuevas propuestas. Si querés sumarte a nuestra programación envianos tu propuesta a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar y nos pondremos en contacto para contarte las opciones.

viernes, 26 de marzo de 2021

Boudu salvado de las aguas

Precioso y poco conocido film de Jean Renoir basado en la obra de René Fauchois.



BOUDU SALVADO DE LAS AGUAS
(Boudu sauvé des eaux, Francia, 1932, blanco y negro, 85 minutos)
Dirección: Jean Renoir.
Producción: Michel Simon.
Guión: Jean Renoir y Albert Valentin, sobre la obra de René Fauchois.
Dirección de Fotografía: Marcel Lucien y George Asselin.
Montaje: Suzanne de Troeye y Marguerite Renoir.
Música: Jean Boulze y Edouard Dumoulin.
Elenco: Michel Simon, Charles Granval, Marcelle Hainia, Sévérine Lerczinska, Jean Gehret, Max Dalban, Jean Dasté y Charles Granval.

"Esta película, enmarcada en el Realismo Poético Francés, narra la relación entre un ciruja –quien se arroja al río Sena en busca de su perro- y un librero, quien no sólo salva a Boudu, sino que también lo acoge en su casa. Pero la bonhomía del librero choca con el estilo de vida de un Boudu ingobernable que no encaja en las convenciones sociales" (Carlos Müller, Cineclub Dynamo).

Proyectada en fílmico en nuestra Temporada VIII / Función 166

viernes, 19 de marzo de 2021

La carretera

Pocas veces una novela tan compleja fue tan bien adaptada al cine. El libro de Cormac McCarthy, por John Hillcoat, con Viggo Mortensen.



LA CARRETERA
(The Road, Estados Unidos, 2009, color, 112 minutos)
Dirección: John Hillcoat.
Guión: Joe Penhall, sobre la novela homónima de Cormac McCarthy.
Producción: Paula Mae Schwartz, Steve Schwartz y Nick Wechsler.
Dirección de Fotografía: Javier Aguirresarobe.
Montaje: Jon Gregory.
Dirección de arte: Chris Kennedy.
Música: Nick Cave y Warren Ellis.
Elenco: Viggo Mortensen, Kodi Smit-McPhee, Charlize Theron, Robert Duvall, Guy Pearce, Molly Parker, Michael K. Williams y Garret Dillahunt.

Un padre y su hijo transitan una carretera con lo poco que pueden llevar a cuestas, en medio de un mundo desolado en un invierno crudo y permanente donde sólo tiene sentido intentar la supervivencia, quizás con la esperanza poco probable de que algo cambie.

Mientras buscan alimentos, vivienda y seguridad, el padre intenta inculcarle valores a su hijo, y enseñarle cómo sobrevivir y mantener la cordura. La esperanza parece estar en las costas del sur, pero deberán evitar constantemente a los bandidos y caníbales que ahora pueblan la tierra, donde se desvanecen los nexos sociales.

Extraordinaria adaptación de una novela impactante, que le valió el Pulitzer a McCarthy, quien dijo haberse inspirado en su relación de padre mayor con un hijo pequeño. Gran trabajo de Viggo Mortensen. Selección oficial del Festival de Venecia.

Proyectada en nuestra Temporada VIII - Función 157

lunes, 15 de marzo de 2021

8 y 1/2: una lección de cine gracias al caos creativo de Fellini

El film, que acaba de regresar a las salas porteñas en una versión remasterizada en 4K, pudo haber sido protagonizado por Charles Chaplin o Laurence Olivier.


Con el retorno de las salas cinematográficas a la ciudad de Buenos Aires tuvo lugar también el regreso a las carteleras de Federico Fellini, uno de los nombres más importantes de la historia del cine de todos los tiempos. De aquél que redefinió para siempre al cine italiano y construyó un sueño onírico y fantástico que también cambió (o supo interpretar) la identidad de toda Italia. Porque, se sabe, ya no existirá Italia sin pensar en Fellini y tampoco podrá algún hecho grotesco en cualquier lugar del mundo, preso de surreal desmesura, no pensarse como “fellinesco”; aunque la parodia esconda en rigor la mirada pesimista del genio del cine italiano sobre la especie humana y, asimismo, un duro juicio moral sobre un cinismo cincelado en esas frívolas conductas.

Pero, ante todo, Fellini fue un director fiel a sí mismo, a sus constantes obsesivas, a sus anhelos artísticos, a sus experimentos visuales dotados de una singular poesía que escondían la mirada, que nunca dejó de ser, del pequeño provinciano deslumbrado con la gran ciudad. Remitirse a su cine es, automáticamente, evocar títulos y momentos que se confunden con la propia vida hasta convertirse en una marca indeleble. Para los más jóvenes, lejos de la cinefilia nostálgica, resulta una experiencia visual y de descubrimiento de los sentidos que, en muchos casos, promediando el medio siglo de vida de sus grandes trabajos, siguen deslumbrando con su intensa modernidad.

Allí se ubica también 8 ½, presente en la cartelera en una copia impecablemente remasterizada y que tuvo el mejor promedio de espectadores de todas las actualmente en cartel y permite el doble regocijo del retorno al cine y con un título a la medida de la pantalla grande y de la leyenda de la sala a oscuras. Tal como sucedió en un lejano 15 de febrero de 1963, en Roma, y como recordaba el no menos memorable guionista Césare Zavattini sobre su primera proyección en la salita de la productora Titanus: “...después llegó Patti, después Moravia y un minuto más tarde Pasolini, pero la luz ya se había apagado y en la pantalla aparecía sobre fondo negrísimo el título muy blanco del film de Fellini. No me aparté más, ni un milímetro siquiera. La cosa transcurría como si fuera una premiere de Chaplin. La gran sombra de Carlos Emilio Gadda pasó delante mío sustrayéndome un fotograma. Las primera imágenes fueron cosas jamás vistas: un atascamiento de autos en la Puerta Pinciana, y las caras de la gente constreñida a mirarse en la tregua desde detrás de las ventanillas, estaban esculpidas monumentalmente en el silencio”. Así fue la primera proyección privada del hoy fundamental título del cine para aquellos privilegiados espectadores.

Para Fellini, 8 ½ representaba el exorcismo de la brutal crisis creativa luego del rotundo suceso de La dolce vita, el film que nadie había querido producir y que luego produjo ganancias millonarias junto a un éxito arrollador. De allí el título, porque antes de esta película Fellini había dirigido siete películas y parte de otras realizaciones colectivas, y había decidido narrar su conflicto como creador metaforizado en el perfil de Guido Anselmi, el director de la ficción encarnado –como no podía ser de otra manera– por Marcello Mastroianni.

Desde entonces, críticos, estudiosos e investigadores han tratado de enunciar aquello que para el propio director fue imposible de explicar: dónde comienza la autobiografía y termina la fantasía, o viceversa. Una película que encierra otra película y es “la construcción en abismo”, según el teórico Christian Metz o “un complejo sistema de capas superpuestas”, de acuerdo al juicio de Angel Quintana. En cambio, lo que sí puede reconstruirse es la desmesura, los pasos caóticos, la búsqueda intuitiva desde la cual Fellini comenzaba a gestar una película y que, en este caso, incluyó a Laurence Olivier como el rostro de aquél director extraviado.

Fueron meses de viajes a Londres, llamados y contactos. Y un buen día, tal como había ocurrido con la primigenia idea de convocar a Charles Chaplin para el mismo papel, todo se desvaneció. Como en muchas de las convulsionadas instancias de sus otros filmes, nunca se sabrá a ciencia cierta en 8 ½ si Laurence Olivier se negó o Fellini se desilusionó. O a fin de cuentas, como también se debatió en su época, si sólo buscó perder tiempo hasta poder redondar la idea de la película mientras era perseguido, como siempre, por sus productores. Para Mastroianni la explicación fue más sencilla: “El motivo fue que se dio cuenta de que Olivier le venía grande como actor, y que iba a ser difícil que le diera lo que él quería; sencillamente era demasiado distinto de Federico. Yo me parecía mucho más a él: soy católico, débil, antihéroe...”.

Con todo listo y sólo un somero horizonte descriptivo del personaje comenzaron innumerables escrituras del guion, elaborado por Fellini, Ennio Flaiano, su colaborador Brunello Rondi y Tullio Pinelli, que sugirió el título La bella confusione. Ya con varias versiones, una pensión romana en la periferia de la ciudad brindó el aislamiento necesario para que Fellini y Pinelli elaboraran una versión cercana al original y que, en rigor, sólo llegó a manos de Marcello Mastroianni para ser un elemento decorativo en la cotidianeidad de un set de filmación marcado por la creación libre. A todo el resto del elenco, sólo le llegaban –en el mejor de los casos– unas hojas sueltas con algunas líneas de diálogo pero que no permitían siquiera sospechar cuál era el devenir de la obra en su conjunto. Anota Deena Boyer en su libro 200 días con Fellini, la filmación de 8 ½, que fue solo en el último minuto que Fellini decidió hacer del personaje de Mastroianni un director de cine; poco antes había comenzado a escribir una carta al productor Rizzoli anunciándole su renuncia a un proyecto que, en rigor, ya lo esperaba con todo listo. La síntesis perfecta la explicaría Claudia Cardinale: “Federico me quería rubia, Luchino me quería morocha. Con Fellini uno no tenía guion, todo es improvisación. Cuando él rodaba, todos los actores venían a verlo porque él era magia. El plató era como un circo, las gente gritaba a sus teléfonos. Él no podía rodar sin ruido. Con Visconti, lo opuesto: como haciendo teatro. No podíamos decir una palabra. Todo era muy serio”, diría sobre su experiencia simultánea en los sets de filmación de Ocho y medio e El gatopardo.

El rodaje de Ocho y medio se inició el 9 de mayo de 1962 y culminó a comienzos de octubre de ese mismo año, pero el inicio fue con guardias de seguridad y un rodaje a puertas cerradas que permitiera tener a salvo la filmación de curiosos, periodistas y ocasionales visitantes. En las jornadas del mes de mayo se rodaron las escenas del cuarto de hotel de Guido, su baño, las escenas del comedor en el hotel de Carla y algunas escenas finalmente descartas en el primer montaje. El avance era meticuloso pero lento, cuidadoso del detalle hasta la exasperación pero también como reflejo de la permanente improvisación. La única constante fue la leyenda que pegó debajo de la cámara y donde podía leerse: “Recuerda que esta es una película cómica”.


De un rodaje sin curiosos, Fellini pasó a un set por el que desfiló toda Roma, e incluso encargó a su amigo Gideon Bachmann, un corresponsal de revistas norteamericanas el cual sabía Federico que se encontraba en apremios económicos, retratar con su cámara todo lo que ocurría tras bambalinas. Las tres mil fotografías dan cuenta de un rodaje que involucraba a los personajes más variopintos de la sociedad romana y a visitas que se daban todas las tardes con figuras de la alta sociedad italiana a directores como Joseph Losey o a estrellas absolutas como Sophia Loren. Esos retratos incluso permitieron a Bachmann reconstruir la escena final de 8 ½ que tuvo dos relatos posibles. De acuerdo al guion, Guido y Luisa (Anouk Aimée) se sientan en el coche comedor de un tren con destino a Roma y en un momento, Guido levanta la vista para darse cuenta de que todos sus personajes están allí, antes de entrar en un túnel. Luego se rodó otro final, alternativo, y que fue el elegido gracias a las recomendaciones del guionista Tullio Pinelli para tratar de dar un cierre que no fuese tan oscuro. El periodista también asistió junto a Fellini y Nino Rota al visionado del primer corte de la película, de cuatro horas de duración, y que –contrariamente a lo que se cree– fue filmado con sonido directo pese a los gritos, innumerables indicaciones, e incluso los cambios en los diálogos que luego Fellini introducía en la posproducción. Otras imágenes de 8 ½ pueden verse en la espléndida muestra El centenario de Fellini en el mundo, que puede verse actualmente en el Museo Nacional de Arte Decorativo.

Dieciséis películas, un especial para TV y un ballet son la síntesis profesional de casi treinta años de amistad entre Fellini y Nino Rota, que significaron en el campo musical una presencia activa de la partitura como parte de la narración misma. Aunque Fellini explicara a Camilla Cederna que había en 8½ mucha menos música que la habitual: “Solo hay un motivo de Rota, que es una delicada marchita de circo ecuestre. Naturalmente, y con su acostumbrada gracia, Nino se ocupará de las uniones entre fragmento y fragmento, y también de muchas adaptaciones”. Empero, hoy resulta imposible pensar en 8½ sin la música que es, muy probablemente junto con las de La strada, La dolce vita y Amarcord, parte indivisible de la experiencia cinematográfica.

Sin embargo, el tema más famoso de fue compuesto para el trailer de la película y luego, cuando quedó definido ese final de pasarela circense, fue Fellini el que decidió sumarlo al film incluso sustituyendo el que había sido pensado a tales fines, la Marcia dei gladiatori del compositor checo Julius Fucik, que se integraba así a pasajes de La cabalgata de las valquirias (Wagner), El barbero de Sevilla (Rossini), Gigolette (Lehar) o el Cascanueces (Tchaikovsky), con arreglos de Rota, junto a otras de su propia autoría y que volverán a estar presentes como la nueva orquestación para Cadillac, originariamente compuesta para La dolce vita. Desde entonces la música será un protagonista más en el cine de Federico Fellini.

En ese rodaje descomunal no faltaban los perfiles de las mujeres que se integraban a la historia de Guido Anselmi como Carla (Sandra Milo), la amante ideal; Luisa (Anouk Aimée), la esposa acomplejada, y fundamentalmente Claudia (Claudia Cardinale), la mujer perfecta. También resulta inolvidable la Saraghina (Edra Gale), que evoca las pulsiones sexuales de la adolescencia. Pero ninguna de ellas la pasó demasiado bien en el rodaje. A Sandra Milo, Fellini la obligó a engordar varios kilos y llegar al set para rodar con Marcello una escena de comida: “Muy bien, Sandrina, come, bebe, di algo”, indicaba Fellini en una toma que se repitió dieciséis veces y que cada seis o siete tomas llevaba a Milo a vomitar el muslo de pollo que había vuelto a comer. Ante el desconcierto del elenco, era Mastroianni quien ponía paños fríos invitándolos a dejarse llevar por la situación.

Hace más de una década, Lina Wertmüller recordaba a este cronista su encuentro con Federico que, además, fue su ingreso al cine: “Conocer a Federico era como abrir una ventana y ver un paisaje que te gustaba mucho, pero que no sabías que podías ver de esa manera. Hasta 8 ½ yo nunca había hecho cine y siempre había estado refugiada en el teatro, pero con Federico era un placer inmenso el mundo del cine. Era extraordinario trabajar con él en el set. Muy particular, creativo y lúdico, no le importaba nada que no estuviera dentro de su juego. Todo lo que pueda decir es poco. Federico era magnífico. Me acuerdo de cuando recorríamos Italia en busca de locaciones para 8 ½ y acababa de hacer “Le tentazioni del dottor Antonio”, uno de los episodios de Boccaccio 70. La chica que cantaba “Bevete più latte, il latte fa bene” era la misma que en una escena toma helado en la terraza donde el doctor Antonio echa a una mujer. Federico tenía un amor inmenso por esa niña y ella por Federico, no podían separarse. ¿Cómo terminó la historia? La madre y la niña con nosotros de viaje, porque ninguno podía estar sin el otro”.

Ovacionada en el Festival de Cannes, donde se presentó fuera de concurso, fue premiada en el Festival de Moscú a pesar de las presiones recibidas por el Jurado Oficial de seleccionar para el lauro una película que “contribuyera a la paz y la amistad entre las naciones”. Stanley Kramer llevó la voz cantante para un premio más que merecido para el film de Fellini. Poco más tarde llegaba a Hollywood, donde se alzaba con el Oscar a la Mejor Película Extranjera, y uno más para el diseño de vestuario de Piero Gherardi. Cuando todos descontaban el Oscar al mejor guion original, sin embargo, la Academia premió a La conquista del Oeste, de Henry Hataway. A la Argentina, llegó el 8 de octubre de 1963 a los cines Opera, Premier, Ideal y otras seis salas barriales a 107 pesos de entonces, con distribución del sello Columbia.

Dos días después de la primera función privada en Titanus, Alberto Moravia publicaba en L’Expresso: “El personaje de Fellini es un erotómano, un sádico, un masoquista, un mitómano, un temeroso de la vida, un nostálgico del pecho materno, un tonto, un mistificador y un tramposo. En algunos aspectos se parece a Leopold Bloom, el héroe del Ulises de Joyce a quien Fellini muestra en varios lugares que ha leído y meditado. La película es toda introvertida, es decir, en esencia es un monólogo interior que alterna con escasos atisbos de la realidad. Fellini ilustra la neurosis de la impotencia con una precisión clínica impresionante y, quizás, a veces incluso involuntaria. [...] Los sueños de Fellini son siempre sorprendentes y, en sentido figurado, originales; nunca en los recuerdos brilla un sentimiento más delicado y más profundo.” El retrato en varias dimensiones de la voz de un genio ya era parte del legado inmortal del cine demostrando la construcción del artificio desde su mirada más íntima, pero también desde su matriz más espectacular. Una vez más de visión ineludible, 8 ½ demuestra poéticamente que el caos de un creador de ilusión le ganó a la crisis contemporánea más grande y real que tuvo el cine desde sus orígenes. Solo Fellini pudo dar a través de los tiempos tamaña lección de historia.

Pablo De Vita
Diario La Nación, 13 de febrero de 2021

viernes, 12 de marzo de 2021

Fausto

El espíritu de Goethe, la magia de Murnau. Un clásico del cine (y la literatura) de todos los tiempos.

FAUSTO
(Faust - Eine deutsche Volkssage, Alemania, 1926, blanco y negro, 85 minutos)
Dirección: Friedrich Wilhelm Murnau
Guión: Hans Kyser, sobre la novela de J.W. von Goethe
Dirección de Fotografía: Carl Hoffmann
Elenco: Emil Jannings, Gösta Ekman, Camilla Horn, William Dieterle, Yvette Guilbert, Frida Richard, Eric Barclay, Hanna Ralph, Werner Fuetterer y Hans Brausewetter.

En dos actos claramente diferenciados, Murnau cuenta el clásico relato de Goethe sobre el célebre pensador que después de buscar sin descanso la esencia del conocimiento y la verdad oculta de las cosas, es tentado por el diablo y vende su alma.

Proyectada en nuestra Temporada VIII - Función 173.

viernes, 5 de marzo de 2021

Sostiene Pereira

La novela de Antonio Tabucchi, protagonizada por el gran Marcello Mastroianni.


SOSTIENE PEREIRA
(Idem, Italia, Francia, Portugal, 1995, color, 104 minutos)
Dirección: Roberto Faenza.
Producción: Elda Ferri y Michèle Ray-Gavras.
Guión: Roberto Faenza, Sergio Vecchio y Antonio Tabucchi, basados en la novela homónima de Tabucchi.
Dirección de fotografía: Blasco Giurato.
Montaje: Ruggero Mastroianni.
Música: Ennio Morricone.
Dirección de arte: Giantito Burchiellaro.
Elenco: Marcello Mastroianni, Joaquim de Almeida, Daniel Auteuil, Stefano Dionisi, Nicolatta Braschi y Marthe Keller.

En plena dictadura portuguesa, en 1938, un periodista que ha trabajado siempre en la sección de sucesos renuncia a interpretar y difundir la realidad de la época en la que vive, donde los triunfan los totalitarismos en toda Europa.

Recibe entonces como encargo ser el redactor de una página literaria. Mientras los acontecimientos pasan ante sus ojos y oídos, chocará con el espíritu vital de un joven colaborador. Y esa estrecha relación desencadenará una crisis personal que altera profundamente su vida.

El protagonista, maravillosamente interpretado por el gran Marcello Mastroianni, se convirtió en el símbolo de la defensa de la libertad de información para los opositores de todos los regímenes antidemocráticos.

Proyectada en nuestra Temporada VI - Función 111.

viernes, 19 de febrero de 2021

Perros de la noche

La película, que proyectamos en una función homenaje a Teo Kofman, su director, fue presentada por Enrique Medina, autor del libro. 


PERROS DE LA NOCHE
(Argentina, 1986, color, 94 minutos)
Dirección: Teo Kofman
Guión: Teo Kofman, Pedro Espinosa y Enrique Medina, basada en la novela homónima de Medina.
Producción: Teo Kofman.
Fotografía: Julio Lencina.
Monteje: Norberto Rapado.
Música: Antonio Tarragó Ros, León Gieco y Gabriel Senanes.
Elenco: Emilio Bardi, Gabriela Flores, Héctor Bidonde, Gustavo Belatti, Enrique Alonso y Mario Alarcón.

Dos hermanos jóvenes, mujer y hombre, se encuentran con la pobreza máxima al quedar huérfanos, e incurren en la vida criminal como única salida de sobrevivencia.

Marginalidad, pobreza y desamparo son ejes de la muy sólida ópera prima de Teo Kofman, basada en la primera novela de Enrique Medina. Excelentes actuaciones de la pareja protagónica (Bardi y Flores) bien apoyados por los secundarios.

Seleccionada para el Festival de Cine de San Sebastián 1987 y recibió el Premio Nacional por el libro cinematográfico (producción 1983-1986), otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación, dependiente del Ministerio de Educación y Justicia; el Cóndor de Plata al mejor guión adaptado, otorgado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina; el Premio Argentores a la mejor obra en su género, otorgado por la Sociedad de Autores de la Argentina; y el Premio Mutisia Dorada al mejor director.

Proyectada en nuestra Temporada IV - Función 40.

viernes, 12 de febrero de 2021

Noches sin lunas ni soles

Dirigida por José A. Martínez Suárez, amigo del Cineclub La Rosa y Socio Honorario de la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, la película está basada en la novela de Rubén Tizziani.

 

NOCHES SIN LUNAS NI SOLES
(Idem, Argentina, 1984, color, 97 minutos)
Dirección: José A. Martínez Suárez
Guión: José A. Martínez Suárez y Rubén Tizziani, basada en la novela de Tizziani.
Fotografía: Alberto Basail.
Música: Roberto Lar.
Elenco: Alberto de Mendoza, Luisina Brando, Lautaro Murúa, Arturo Maly, Cacho Espíndola, Boy Olmi, Guillermo Battaglia, José María Gutiérrez, Diana Ingro, Rudy Chernicoff y Eva Franco.

Un delincuente huye para ayudar a un amigo de toda la vida, gravemente enfermo. El policía que lo persigue sabe que detrás puede haber un botín oculto. Grandes actuaciones, un sólido guión y una realización magistral hacen de esta película uno de los mejores policiales del cine argentino.

Bien narrada y con galería de personajes incomparables, más un guión sólido y el paisaje suburbano de lo cotidiano, desgraciadamente Martínez Suárez no filmó más. Luisina Brando nunca lució tan sensual, y no nos privó de un desnudo para el recuerdo.

Proyectada en dos ocasiones: Temporada IV / Función 63, cuando Martínez Suárez fue distinguido como Socio Honorario de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, y Temporada VII / Función 152

Este fue el texto que envió José la noche en que proyectamos la película por segunda vez.

viernes, 5 de febrero de 2021

Fahrenheit 451

Basado en el clásico de Ray Bradbury, narra un futuro en el que los bomberos en vez de apagar incendios queman libros. 


FAHRENHEIT 451
(Idem, Gran Bretaña, 1966, color, 112 minutos)
Dirección: François Truffaut.
Guión: François Truffaut y Jean-Louis Richard, sobre la novela de Ray Bradbury.
Fotografía: Nicolas Roeg.
Música: Bernard Herrmann.
Elenco: Julie Christie, Oskar Werner, Cyril Cusack, Anton Diffring, Jeremy Spenser y Alex Scott.

Historia de una sociedad en donde la palabra escrita está prohibida, los bomberos se encargan de quemar libros, la televisión aboba y a los rebeldes sólo les queda convertirse en hombres libro, memorizando sus obras y pasándolas verbalmente de generación en generación, como los antiguos rapsodas, los recitadores ambulantes de la antigua Grecia.

Guy Montag, un disciplinado bombero encargado de quemar libros, conoce a una revolucionaria maestra que se atreve a leer. De pronto, se encuentra transformado en un fugitivo, obligado a escoger no sólo entre dos mujeres, sino entre su seguridad personal y su libertad intelectual.

Fue proyectada en nuestra Temporada III - Función 39.